De
manera similar, el Odiseo de Nolan considera que el momento en el que
el caballo de Troya entró rodando a la ciudad de Troya —lo cual fue su
idea, y llevó al fin del asedio y a la caída de la ciudad— fue, de
manera bastante literal, un momento de apocalipsis que puso fin a una
era. Odiseo le dice a su esposa, Penélope, que sabía exactamente lo que
había hecho con este “regalo” a los troyanos: “La idea de un hombre, el
ardid de un hombre para romper la ley de Zeus para siempre”. En ese
acto, dice, “violamos todo lo que alguna vez fue sagrado entre las
personas y convertimos una pelea en una cacería” que carece del honor en
el que cree. Además, piensa que este acto inspiró a otros a ignorar la
ley de Zeus, una ruptura que conducirá directamente al colapso de la
Edad del Bronce, sumiendo al mundo en la oscuridad.
Al
igual que la bomba atómica, la distorsión de la ley de Zeus por parte
de Odiseo conduce a la muerte masiva. Altera la línea del tiempo,
aplasta la civilización, pone fin a una época. Y para Nolan, esto no es
algo que haya sucedido una sola vez en la historia.
Sus películas están llenas de exploraciones en las que el tiempo se repite, se pliega, se desliza y se invierte. En La odisea,
los personajes citan repetidamente líneas que aparecerán más tarde en
la Biblia: la ley de Zeus resuena en Hebreos 13:2: “No os olvidéis de la
hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron
ángeles”. Al hacerlo, Nolan nos recuerda —al público contemporáneo— que
las reglas que siguen estos personajes no solo fueron inventadas por
ellos; son recurrentes en toda la civilización.
En la película, Odiseo y Penélope hablan del futuro, de cómo se contarán
sus historias y de lo que la humanidad perderá y recuperará. En otras
palabras, para Nolan, estos personajes saben que forman parte de una
larga cadena de civilizaciones en la que muchos de sus propios patrones
se repetirán, tal vez, por ejemplo, en la creación de una bomba atómica
que podría tanto poner fin a una guerra como aniquilar a la humanidad.
Nunca más volverían los humanos a vivir en un mundo sin esa posibilidad.
Las otras películas de Nolan también exploran una especie de contrato social cósmico. En El caballero de la noche,
el Guasón obliga a los pasajeros de un barco a decidir si preservan su
ética y mueren, o si renuncian a su moral para salvar su propio pellejo,
una versión de dos acertijos filosóficos, el problema del tranvía y el
dilema del prisionero. En Tenet, Nolan
considera lo que le debemos al futuro al contar una historia sobre
personas que intentan revertir un apocalipsis que aún no ha sucedido. En
Interestelar, utiliza el concepto de
tiempo en bucle para imaginar la conexión de un padre y una hija a
través de las dimensiones que podría salvar a la humanidad de una plaga
devastadora.
Esta
es otra forma de decirlo: Nolan hace películas apocalípticas en las que
la revelación es que todos los humanos estamos conectados. Estamos
vinculados entre nosotros en lo que nos debemos mutuamente, esos lazos
sagrados que, una vez rotos, son difíciles de reparar. Y también estamos
vinculados a aquellos en el pasado y en el futuro: lo que hacemos ahora
es un eco de nuestros antepasados y tiene consecuencias para nuestros
descendientes.
En estas aspiraciones, La odisea tal vez sea la película más grandiosa de Nolan. Al igual que Oppenheimer,
cuenta la historia del hombre más inteligente de la tierra, el cual se
da cuenta de que ha ganado su batalla pero ha perdido la guerra, y que
ha cambiado de forma inalterable el curso de la humanidad: una carga
monumental casi demasiado grande para soportarla. Pero cuanto más
majestuosas y épicas se vuelven las películas de Nolan, más humanista
parece ser él también.
Odiseo
y Penélope discuten sobre el fin de su mundo. Pero el sol, deciden,
volverá a salir. Tal vez cada nueva era nos dé la oportunidad de
intentarlo de nuevo y salvarnos.
Fuente: https://www.nytimes.com
Por: Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005
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