Fuente: https://www.dw.com
Por: Felipe Espinosa Wang es periodista, autor en DW
Una isla artificial parece, por definición, una hazaña moderna. Requiere
maquinaria pesada, ingenieros y siglos de tecnología acumulada. Los
habitantes del Neolítico
escocés no tenían nada de eso. Y, sin embargo, ya eran capaces de
construirlas. Ahora, arqueólogos de las universidades de Southampton y
Reading han logrado reconstruir cómo era una de estas islas artificiales
prehistóricas: una gran plataforma circular de madera erigida hace más
de cinco mil años en un lago escocés, mucho antes de Stonehenge.
Uno de los "crannogs" más antiguos conocidos de Escocia
El hallazgo corresponde a un crannog –como se denominan
estas pequeñas islas artificiales construidas en lagos y humedales de
Escocia, Irlanda y Gales– en el lago Bhorgastail, en la isla de Lewis.
Los investigadores llevan años estudiando esta estructura, y lo que han
encontrado contribuye a replantear parte de lo que se sabía sobre estas
construcciones.
"Aunque durante mucho tiempo se pensó que los crannogs se
construyeron, utilizaron y reutilizaron principalmente entre la Edad del
Hierro y el periodo posmedieval, ahora sabemos que algunos se
construyeron por primera vez mucho antes, durante el Neolítico, entre el
3800 y el 3300 a. C.", explica la Dra. Stephanie Blankshein, arqueóloga de Southampton y autora principal del estudio publicado en Advances in Archaeological Practice.
Lo que encontraron bajo el recubrimiento de piedra de la isla no era
un vestigio aislado, sino las huellas de una estructura "viva",
transformada y reutilizada durante miles de años por distintas
generaciones.
Un crannog reutilizado durante milenios
Las excavaciones indican que la primera versión de la isla fue una
gran estructura de madera de forma circular, de aproximadamente 23
metros de ancho, recubierta con capas de ramas y vegetación. Cerca de
2.000 años después, ya en la Edad del Bronce Media,
la estructura recibió una nueva capa de material vegetal y piedra. Y
todavía hubo una tercera fase de actividad alrededor de mil años más
tarde, durante la Edad del Hierro. En algún momento, incluso una calzada
de piedra –hoy sumergida– conectó la isla con la orilla cercana.
Un lugar de banquetes y reuniones comunitarias
¿Para qué servía exactamente este lugar? La pregunta sigue abierta.
Pero las pistas conservadas bajo el agua apuntan a un lugar vinculado a
actividades colectivas. En torno al crannog, los arqueólogos han recuperado cientos de fragmentos de cerámica neolítica: restos de jarras y cuencos que, en muchos casos, aún conservan residuos de comida.
"Los recursos y la mano de obra necesarios para construir estas islas
sugieren no solo la existencia de comunidades complejas capaces de
realizar semejantes obras, sino también la enorme importancia de estos
lugares", explica la doctora Blankshein. Todo apunta, añade, a que allí
se celebraban actividades comunitarias: cocinar, compartir banquetes y
reunirse.
El reto de la arqueología subacuática
Pero llegar a estas conclusiones no fue sencillo. El agua suele ser
uno de los grandes enemigos de la arqueología: los equipos geofísicos
marinos tienen dificultades para detectar estructuras situadas a menos
de un metro de profundidad, y las aguas poco profundas añaden todavía
más problemas.
"Los sedimentos finos, el oleaje, la vegetación flotante y la luz
distorsionada o reflejada dificultan la obtención de imágenes", explica
el profesor Fraser Sturt, director del Instituto Marino y Marítimo de
Southampton.
Una nueva técnica para ver bajo el agua
Para superar esos obstáculos, el equipo desarrolló en 2021 una
técnica de estereofotogrametría subacuática. El sistema empleaba dos
pequeñas cámaras impermeables preparadas para trabajar en condiciones de
baja visibilidad, fijadas a un soporte rígido y desplazadas manualmente
por un buzo a lo largo de recorridos cuidadosamente controlados.
Esa combinación permitió obtener registros con un nivel de exactitud
comparable al de los drones utilizados en tierra. Las imágenes captadas
desde distintos ángulos se combinaron después para corregir digitalmente
parte de las distorsiones provocadas por la turbidez y las difíciles
condiciones del agua.
El resultado fue una reconstrucción tridimensional detallada del
yacimiento, que permitió a los investigadores analizar al mismo tiempo
las partes visibles de la isla y las estructuras ocultas bajo el agua.
Gracias a ello, los arqueólogos pudieron observar cómo se articulaban
las partes visibles y sumergidas del crannog y documentar, en
una zanja excavada bajo la superficie del lago, los antiguos cimientos
de madera que habían permanecido enterrados bajo capas de piedra
acumuladas durante siglos.
"Al combinar la estereofotogrametría, la tecnología de drones y un
innovador procesamiento posterior de los datos, hemos logrado establecer
un enfoque accesible, portátil y rentable", concluye Blankshein.
Ahora el equipo espera aplicar esta técnica a otros crannogs.
Y no faltan candidatos: cientos de estas misteriosas islas artificiales
permanecen todavía sin explorar en los lagos de Escocia.
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