"Todavía
no he visto los suburbios de Arequipa. Todos me muestran cosas bonitas;
vamos a los suburbios y equilibremos esto", dice Pamuk en una
entrevista con BBC Mundo. Tal vez encuentre algo que lo inspire. "Mi mente produce proyectos todo el tiempo", comenta Pamuk, quien recientemente incursionó en la fotografía y se apresta a publicar algunos de sus dibujos y pinturas.
O
quizá quiera aprovechar al máximo el anonimato que tiene en
Latinoamérica, a diferencia de Estambul, su ciudad natal y foco central
de su obra, donde debe andar con guardaespaldas.
El
autor de novelas como "El libro negro", "Nieve" y "Me llamo Rojo" se
manifiesta frustrado por la situación política de Turquía: "Si alzas
demasiado la voz, terminas en prisión. ¿No estarías preocupado?". Pero a los 67 años se define como alguien feliz, que sin embargo, experimenta sentimientos como la frustración, los celos y la melancolía.
Lo que sigue es un resumen de la charla con Pamuk, vestido elegantemente
en una sala blanca de su hotel en Arequipa antes del fin del festival y
su regreso a Nueva York, donde enseña escritura y literatura durante un
semestre por año en la Universidad de Columbia.
Le gusta tomar notas cuando viaja. ¿Ha tomado alguna desde que llegó a América Latina?
Sí, antes de que me interrumpieran para una entrevista, estaba arriba en mi habitación tomando notas sobre dos o tres cosas. Una
es que estuve en el convento de Santa Catalina (Arequipa) y vi un
estilo de pinturas de los siglos XVI, XVII y XVIII que encontré en otras
partes de Perú. Se basan en pinturas religiosas que se hicieron en
Amberes, que llegaron a París para ser grabados que fueron a Madrid en
manos de peregrinos católicos y desde allí llegaron a América Latina, a
la cima de Arequipa en este convento.
Fue
interesante ver el estilo manierista que produjo estas pinturas
religiosas poéticas. Debo confesar que no me interesa la poesía
religiosa. Soy musulmán no practicante. Pero son tan hermosas y
poéticas... Otra
cosa que me impresionó es la piedra blanca. Estoy escribiendo una
novela histórica ambientada en una isla imaginaria en el Mediterráneo.
También tenía piedra blanca, pero nunca se me ocurrió de dónde provenía,
poner un pequeño volcán en mi isla. Así que robaré una idea de Arequipa
para mi nuevo libro.
En su libro de memorias "Estambul, ciudad y recuerdos" escribe entre paréntesis que ciudades como la suya o Sao
Paulo tienden a fusionarse en las variedades de pobreza que se pueden
ver en sus suburbios. ¿Ve más similitudes entre las urbes
latinoamericanas y Estambul?
Sí, las similitudes continúan, pero hay menos pobreza en Estambul, Perú y Ciudad de México. Me
di cuenta de aquello cuando estuve por primera vez en Ciudad de México
en 1985, yendo del aeropuerto, y todos los barrios pobres eran como los
barrios pobres de Estambul: el concreto, una pequeña publicidad en
color, algunas personas que decían algo...
Pero
el año pasado estuve en México y aquí en Perú caminé mucho en Lima el
otro día, es muy similar. Una vez le dije a Mario Vargas Llosa, quien
vino a Estambul hace unos 15 o 20 años, "leí tus novelas y siempre
pienso que Perú y Turquía son lo mismo". Y él dijo: "No, Turquía es un
poco más rica".
Quizás
ahora estamos nuevamente en la misma situación. Pero comparados con 25
años atrás, Perú y Estambul son más ricos. Las ciudades son más pobres
que en Europa o Estados Unidos, pero también subieron: llegó nuevo
concreto, nuevos rascacielos y nuevas compañías globales. Hay una
pobreza similar, pero la gente pobre también se está volviendo más rica. Pero todavía no he visto los suburbios de Arequipa.
Comenzando por la larga historia de Estambul en comparación con la historia relativamente reciente de nuestra región, hay muchas diferencias entre nuestras ciudades. Pero ¿nota en algunas urbes latinoamericanas
la resignación social o la noción de que han perdido el esplendor o la
magnificencia de su pasado que describe del Estambul donde creció?
De
acuerdo, pero la magnificencia del pasado es si lo exageras y lo pones
demasiado en un pedestal. Entonces alabas a la aristocracia y a la
Iglesia por cierto, al viejo sistema y la vieja forma de pensar.
En
mi Estambul, en mi forma secular y moderna, elogio algunas cosas
otomanas porque los turcos proeuropeos y liberales olvidaron demasiado. Yo
digo: "Oye, olvidaste demasiado de tu otomanismo, demasiado de tu Islam
no de una manera religiosa, demasiado de tu arte tradicional y estás
flotando en el aire; lo otomano tenía algunas cosas hermosas, olvídate
del lado político y religioso, pero trata de ver eso".
Vi algunas de las bellezas de la literatura otomana a través de los ojos de Borges o Calvino. No
estoy exagerando la opulencia o la extravagancia otomana por sí misma.
Si presto atención a las cosas otomanas, debo decir políticamente a mis
amigos seculares de izquierda: ¡lo otomano también es interesante!
Porque todos admiran a Balzac, París y Versalles, pero no miran las
cosas turcas.
Usted escribió en "Estambul" que vivió luchando contra un sentimiento de tristeza...
Mira,
"Estambul" es internacionalmente uno de mis libros más populares. No en
Turquía, porque los turcos viven en Estambul y no quieren leer sobre mi
Estambul. Cuando
el libro se publicó por primera vez en Turquía, las generaciones
jóvenes de escritores dijeron: "Bueno, señor Pamuk, nos gustan sus
libros, pero este es tan melancólico y nostálgico".
No
es nostálgico. Sin embargo, es melancólico. Y no estaban listos para
aceptar mis elogios de la vieja opulencia o cultura otomana otomana. En
su mayoría dijeron: "Estamos felices en Estambul, no melancólicos como
tú". Y estaban en lo cierto, porque esa es mi autobiografía que terminó
en 1973. En
estos 46 años, Perú, Turquía y América Latina se enriquecieron. La
melancolía proviene de la pobreza y de estar en la periferia, al margen
del mundo, no pertenecer a la historia total.
Las
comunicaciones, internet, la televisión, el mundo moderno nos unen. Hoy
escribo una novela en Estambul, en dos años está traducida y los
lectores la están leyendo en América Latina. El
mundo no era así. Estábamos más apartados. Debido a esa pobreza y
aislamiento, nos sentíamos provinciales. Ya no somos provinciales. El
mundo es uno. Y ese sentimiento de tristeza también pasó.
Los
jóvenes turcos que me criticaban tenían razón. También señalaban sobre
mi libro "Estambul" que las ciudades no tienen cualidades esenciales que
continúen por muchos años. Cambian. Mi
Estambul hasta la década de 1970 fue melancólica. Ahora, en la década
de 2000, Estambul era muy turística y colorida, y aquella melancolía
desapareció de alguna manera. Ahora tenemos otras cosas: ciudades siendo
destruidas, rascacielos, intensa lucha política... Por cierto, siempre
hubo una intensa lucha política.
Pero ¿aún puede encontrar melancolía en algunos rincones de la ciudad?
Sí, especialmente en invierno. Si vienes, te lo mostraré y también serás melancólico.
Para un escritor como usted, ¿existe un vínculo entre la creatividad y la tristeza o la felicidad?
Sí,
claro. Nuestras obras están fuertemente influenciadas por nuestros
sentimientos, incluso por el día. A veces me siento muy poético y otras,
muy frío, cruel y racional. De
hecho, escribir una novela es conocerte a ti mismo y manejar tus
sentimientos. ¿Este es tu día poético? Bueno, entonces escribe el
capítulo que necesita poesía. ¿Este es tu día cruel y racional? Edita
ese capítulo y ponlo en un lugar.
Mi
tipo de novelas requiere muchos estados de ánimo. A veces quieres
escribir poéticamente. A veces quieres escribir descuidadamente lo que
se te ocurra. A veces escribes con mucho cuidado porque estás preparando
al lector para una escena: todos deben entrar en la habitación y algún
objeto debe estar allí, eres como un director de teatro.
Un
escritor, como cualquier persona, tiene todos los sentimientos. Por
supuesto, algunos de nosotros en la vida estamos muy tristes, algunos
somos más felices. Si
me preguntas, soy una persona feliz, pero experimento frustración, ira,
celos, melancolía, tristeza... Todos estos sentimientos tengo. Si sabes cómo manejarlos, los estados de ánimo son buenos para escribir.
Ha dicho que su deseo de ser pintor finalmente lo convirtió en escritor. ¿Cómo fue eso?
Lo
explico en mi libro "Estambul", que termina diciendo: "No voy a ser
pintor. Seré escritor". Pero no hay una sola explicación para eso. Quizás
porque el Islam y la pintura no son muy felices juntos, no hay mucho
interés, incluso mis amigos no estaban mirando mis pinturas, no había
galerías en 1970 en Estambul. Quizás mi mano no era lo suficientemente
buena. Pero estoy feliz de ser escritor. Pasé de pintar a escribir. Quizás no quiero saber la razón.
Por
supuesto, este tipo de deseo de pintar me preparó para la vida del
artista solitario. Si eres pintor o escritor, debes estar solo en una
habitación haciendo algo que no es racional. Haces arte y literatura
solo en una habitación y esperas que a alguien le guste. Esa fue la
posición más desafiante en mi vida temprana.
¿Y el hecho de haber ganado el Nobel ha afectado de alguna manera su creatividad como escritor?
No mucho porque trabajo duro. No es que después del premio Nobel dejé de escribir; ese es un cliché sobre el premio. Cuando
recibí el Nobel, estaba escribiendo mi novela "El museo de la
inocencia" y después de dos meses de disfrutar el premio, continué y lo
terminé. También
el Nobel me llegó relativamente joven y tuve muchos proyectos. Eso me
dio aún más lectores, más traducciones. Me hizo feliz, más prolífico,
porque todos recibían lo que escribía.
La
idea de una pérdida de identidad o un pasado glorioso que refiere a su
trabajo como escritor paradójicamente ahora se está utilizando para
extremos políticos. Por ejemplo, esta idea de "que Estados Unidos vuelva
a ser grande" alude a un pasado indefinido.
Después de la Segunda Guerra Mundial: como la ganaron, fueron grandes… (ríe).
Pero ¿cómo ve este fenómeno?
Esto
es típico populismo de derecha. También es populismo de izquierda.
Siempre hay un imperio al que aspirar; todos tienen su imperio perdido.
Nosotros tenemos un imperio otomano y otros tienen otros imperios. No
me importa adorar imperios pasados. Pero me interesa la vida cotidiana
en los imperios: cómo pensaban las personas, qué leían, qué comían, en
qué creían, qué soñaban y en qué idioma. O en qué mitología o historias
creían. Quiero aprender sobre ellas.
Estoy
interesado en la cultura otomana no por su bandera, geografía e
imperio; no me importa eso. No soy un populista de derecha. Soy un
escritor de izquierda tratando de ser un escritor liberal de izquierda.
Ahora que menciona el populismo de derecha, ha habido algunas comparaciones entre los presidentes Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan. ¿Ve parecidos entre ellos?
Hay algunas similitudes, pero también diferencias. Trump
es un político descuidado e imprudente que dice cosas absurdas, no
calculadas. Y la gran burocracia estadounidense siempre cancela sus
comentarios absurdos y los edita. Mientras Erdogan es más cuidadoso, no
es imprudente ni descuidado. No
olvidemos que EE.UU. maneja el mundo y la población turca es la
centésima parte del mundo. Eso hace la diferencia. Un líder turco debe
ser más cuidadoso y calculador, mientras que EE.UU. puede darse el lujo
de una persona loca e imprudente que dice cualquier cosa y los demás
siempre le corrigen. Por supuesto, también son de alguna manera populistas y de derecha.
¿Cuán preocupado está por la situación actual en Turquía?
Mucho.
He estado muy preocupado durante los últimos cinco años: 50.000
personas están en la cárcel debido a sus ideas. Están construyendo más y
más cárceles. Ya
no hay libertad de expresión, tenemos 14 periódicos y 12 de ellos están
controlados por el gobierno. La oposición no tiene voz. Si alzas
demasiado la voz, terminas en prisión. ¿No estarías preocupado? Estoy enojado, frustrado. Pero es lo que ocurre.
¿Tiene miedo de ser arrestado?
No,
no creo que me arresten porque soy popular. Pero como dije, 50.000
personas están en la cárcel. Y están haciendo más y más cárceles.
¿Qué está escribiendo actualmente?
Estoy escribiendo una novela que tiene lugar en una isla otomana imaginaria en 1901. Es una novela muy política. En
general trata de una plaga pandemia proveniente del oriente, que mata a
decenas de millones de personas en China e India. Pero en Europa, muy
pocas personas fueron asesinadas por esta bacteria de la peste.
Entonces mi pregunta es ¿por qué? Por supuesto, la respuesta es la cuarentena, la profesión médica, que es muy importante. Pero
los otomanos estaban en el medio. Y decían: "Esta plaga viene de allí,
mejor que la paren y, si no, iremos con nuestros barcos, invadiremos y
la detendremos".
Estoy
escribiendo la historia de un médico que quiere detenerla. Pero los
musulmanes locales dicen: "¡No, no queremos métodos cristianos!". Así
que escribo sobre una persona como yo, que tiene ideas occidentales
modernas, quiere ayudar a su gente pero la gente lo rechaza.
Es
este tipo de temas, el dilema del modernizador en un país musulmán,
tradicional, donde la gente local no quiere demasiado modernismo. Son
tradicionales, conservadores, mientras que un poco más de modernismo y
ciencia ayudarían a la gente. Incluso un poco más de pensamiento global y
ciencia moderna ayudaría, pero su gente no lo quiere. Es
una tragedia, drama y a veces incluso comedia. Estos son los
sentimientos que expreso en mis novelas "Nieve", "Me llamo Rojo" y
también, con suerte, en esta nueva novela.
Usted mencionó a dos escritores latinoamericanos durante esta entrevista: Vargas Llosa y Borges. ¿Algún otro?
Borges,
por supuesto, es un escritor importante. Me gusta Mario Vargas Llosa.
He leído al escritor peruano (José María) Arguedas y a muchos
latinoamericanos: Juan Rulfo, Carlos Fuentes, a quien también conocí... La
literatura latinoamericana en general, a partir de finales de los años
60 y 70, fue más creativa, más inventiva que la escritura europea y
estadounidense. Eso me ayudó a liberarme del dominio de las formas
clásicas europeas. Debido
a los escritores latinoamericanos, pensé: "¡Miren en América Latina a
todos estos escritores surrealistas experimentales! También quiero hacer
acrobacias de ficción, incluso si escribo en turco". Los escritores
latinoamericanos realmente me dieron ese coraje.
Fuente: https://www.bbc.com (20 noviembre 2019)
Por: Gerardo Lissardy