Nuestro ADN contiene millones de variantes genéticas. Casi todas son
inofensivas, pero entre ellas puede esconderse la responsable de una
enfermedad. ¿Cómo encontrarla? Francisco Sánchez Sánchez, investigador
del Laboratorio de Genética Médica de la Universidad de Castilla-La
Mancha, compara su trabajo con el de un detective que busca una aguja en
un inmenso pajar lleno de agujas. En esta conversación descubrimos cómo
la genética, la bioinformática y los experimentos de laboratorio
permiten identificar al verdadero “culpable”. Un fascinante caso
relacionado con el gen BTD muestra, además, por qué acertar en el
diagnóstico puede cambiar la vida de un paciente y abrir la puerta a un
tratamiento. Hablamos de enfermedades raras, medicina de precisión y de
los detectives que investigan nuestros genes.
César A. Rodríguez Olcay (Arequipa, 26 de agosto de 1889 - Lima, 12 de marzo de 1972) fue un poetaperuano. Por su “lacia cabellera y su faz de nigromante andino”, Percy Gibson lo bautizó como César "Atahualpa". Hijo de César Rodríguez y Mercedes Olcay, egresó del Colegio Nacional de la Independencia Americana (1906), se trasladó a Lima e inició estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
pero hubo de volver a su ciudad natal debido a dificultades económicas.
Durante algunos años trabajó como amanuense en una escribanía; y luego
entró al servicio de la Biblioteca Municipal, cuya dirección ejerció
durante más de cuatro décadas (1916-1959).
En su natal Arequipa integró el Grupo Aquelarre, con aspiraciones netamente modernistas, conformada por una generación variopinta, pero con una misma inquietud de cambio: Percy Gibson,
Federico Agüero Bueno, Miguel Ángel Urquieta, Belisario Calle, Renato
Morales de Rivera, entre otros. Este grupo arequipeño tuvo cercanía con
el grupo Colónida que fundara Abraham Valdelomar, quien los visitó en 1910 y 1919. Editó La Anunciación (1916), en colaboración con Alberto Hidalgo; y participó en la publicación de El Aquelarre (1917), que difundió la voz de los escritores de su generación.
En su cargo de bibliotecario desplegó una tenaz labor de
acopio y difusión cultural, alternándola con la satisfacción de su ansia
de saber; y la Universidad Nacional de Arequipa le confió la cátedra de Historia de la Literatura (1930). Cultivó la poesía, la narración y el ensayo, broquelando un estilo caracterizado por la profundidad y el casticismo. Falleció el 12 de marzo de 1972.
CANTO A AREQUIPA
En la quietud denegrida de una lenta madrugada, el estanque de ojos verdes guiña su verde mirada... Los prados entumecidos soñando están. Amanece, y un jazminero que sueña desde su sueño florece. Sopla el gallo entre las sombras su destemplada corneta rajando el cristal del viento con estrepitosa grieta. El campanario, a lo lejos, parece un fantasma blanco arropado en la neblina que sube desde el barranco. La carcajada de un pavo contesta al mugir de un toro, y en la crencha de una loma clava el Sol su peine de oro.
Despierta la tierra púber con morosidades de hembra, toda gloriosa de trinos, haciendo estallar la siembra. La alfalfa de tonos glaucos descubre un mar que va lejos, luciendo locos regatos de fugitivos espejos. Partido en dos está el valle por inmenso escalofrío que le produjo hace tiempo la puñalada del río... El Chachani de anchas faldas y el Misti de belfos rotos guardan cautelosamente los futuros terremotos.
Bajo la luz turbulenta de un estío paisajista, el cielo curva fastuoso su cúpula de amatista... No fue leyenda el pasado de este subsuelo volcánico: su historia es como una bala llena de pólvora y pánico. Aquí se hicieron cañones del metal de las campanas, para encauzar los desbordes de lavas republicanas. Aquí las turbas pasaron por las calles, vocingleras, haciendo escombros las casas para parar las trincheras. Aquí doctores serenos, con un lenguaje bizarro, dictaron leyes sapientes y prepararon motines; aquí nació el hombre de oro: don Javier Luna Pizarro; aquí nacieron los Quimper, los Pacheco y los Martínez...
Aquí nacieron los hombres de pensamiento y acción, los que en la trágica lucha supieron vencer y amar; aquí están los santos manes de García Calderón; aquí está la Patria Libre que hizo un trovero: ¡Melgar! Aquí los frailes humildes dieron ciencia y dieron luz, ardiendo en cívicas ansias que les encendió las sienes; por eso el Deán Valdivia me parece un arcabuz y un Ateneo el cerebro del mendicante Calienes... Aquí está la gran pradera, la almáciga de hombres sabios, el numen de la República y el fósforo vivero; aquí lactaron su ciencia los enardecidos labios de dos hombres de la idea: Garaycochea y Rivero...
Aquí en los dias caóticos de la hegemonía hispana, junto a las hogueras áulicas se alzó el criollo penacho, siendo un racimo de truenos la Academia Lauretana y un relámpago inquietante la figura de Corbacho. También Bolívar, el Genio, pisó esta tierra violenta; y para invitar al baile que las abuelas le dieron, con pedazos de quincalla, Ibáñez hizo una imprenta... Tal es la historia sucinta de aquellos tiempos que fueron. El Sol que lento ascendía, se ha puesto en el meridiano; parece un tesoro inmenso que está cerca de la mano. Muerden el perfil del monte rebaños de nubes plomas y tijereteando el viento pasa un vuelo de palomas... Para mí la Patria cierta, de las futuras hazañas, está en este cofre verde que vigilan las montañas.
Aquí, respirando ancestro, se forjó mi loco empeño; yo no he nacido peruano; yo he nacido arequipeño. Mi cuna es este recinto de guerreros y poetas que supieron tener juntas la lira y las bayonetas. Esta es la entraña fecunda que está gestando ¡Cuidado! El Porvenir que ya nace es hijo de un gran pasado...
Loca de Sol y de ensueño, mi tierra es mística y brava; tan libre como tan bella que a todo amor se anticipa; tiene migaja de huerta; tiene su sangre de lava; y se perfuma la boca cuando se dice ¡Arequipa!
El gran clásico griego que, junto a la Odisea, es la base de la literatura y cultura occidentales. La
Ilíada, compuesta en el siglo VIII a.C., narra una leyenda micénica
situada en el siglo XIII a.C., una edad heroica dominada por los
aspectos militares, el individualismo desenfrenado y la persecución de
la riqueza y la gloria. La Ilíada cuenta un episodio de la epopeya de la
rica y estratégica ciudad de Troya, o Ilión. Es el poema de la cólera
de Aquiles, hijo de mortal y diosa y el más destacado de los
combatientes griegos, en su afán de heroicidad y sus ansias de venganza.
El poema de una gran guerra que afecta a multitud de seres humanos,
víctimas del enfrentamiento personal de un reducido grupo de héroes en
su particular lucha por el poder. El canto del dolor y el sufrimiento,
de la caída de unos valores y de un modo de vida, refinado y
aristocrático, que acaba en la muerte o en la esclavitud. Pero es
también la exaltación de la belleza de la fascinación por la acción y la
consecución de la gloria. Nuestra edición ofrece la ya clásica
traducción de Segalá en la última versión corregida por él, y un
importante estudio de Javier de Hoz, de la Universidad Complutense, que
contextualiza el poema facilitando la comprensión y el disfrute del
lector de nuestro tiempo.
ODISEA
Uno de los más grandes poemas épicos de todos los tiempos. He aquí uno de los más grandes poemas épicos de todos los tiempos: Odisea. En él se narra el regreso del héroe, Odiseo, a su patria, Ítaca, después de la conquista de Troya. Compuesta como la Ilíada
en hexámetros, recoge numerosos cuentos populares y leyendas que,
adaptadas, se integran en la epopeya. De este modo, mientras que en la Ilíada el
tema central, la cólera de Aquiles, va avanzando inexorablemente, verso
a verso, desde su planteamiento hasta su desenlace, en Odisea
el regreso del héroe es narrado, con arte magistral, sin recelar de las
vueltas atrás o de las digresiones, porque el objetivo supremo es lograr
mayor gozo en la narración de bellas historias. Todo ello se logra,
además, sin que merme en absoluto la cohesión que mantiene unidos sus
episodios.
HOMERO
(Siglo VIII a.C.) Poeta griego al que se atribuye la autoría de la Ilíada y la Odisea, los dos grandes poemas épicos de la antigua Grecia. En palabras de Hegel,
Homero es «el elemento en el que vive el mundo griego como el hombre
vive en el aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas,
filósofos y artistas griegos que le siguieron, es el poeta por
antonomasia de la literatura clásica, a pesar de lo cual la biografía de
Homero aparece rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que
su propia existencia histórica ha sido puesta en tela de juicio.
Las más antiguas noticias sobre Homero sitúan su nacimiento en Quíos,
aunque ya desde la Antigüedad fueron siete las ciudades que se
disputaron ser su patria: Colofón, Cumas, Pilos, Ítaca, Argos, Atenas,
Esmirna y la ya mencionada Quíos. Para Semónides de Amorgos y Píndaro, sólo las dos últimas podían reclamar el honor de ser su cuna.
Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta nosotros,
su contenido, incluida la famosa ceguera del poeta, es legendario y
novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a Herodoto,
data del siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como el hijo de una
huérfana seducida, de nombre Creteidas, que le dio a luz en Esmirna.
Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus cualidades artísticas,
iniciando una vida bohemia. Una enfermedad lo dejó ciego, y desde
entonces pasó a llamarse Homero. La muerte, siempre según el seudo
Herodoto, sorprendió a Homero en Íos, en el curso de un viaje a Atenas.
Los problemas que plantea Homero cristalizaron a partir del siglo
XVII en la llamada «cuestión homérica», iniciada por François Hédelin,
abate de Aubignac, quien sostenía que los dos grandes poemas a él
atribuidos, la Ilíada y la Odisea, eran fruto del
ensamblaje de obras de distinta procedencia, lo que explicaría las
numerosas incongruencias que contienen. Sus tesis fueron seguidas por
filólogos como Friedrich August Wolf. El debate entre los partidarios de
la corriente analítica y los unitaristas, que defienden la paternidad
homérica de los poemas, sigue en la actualidad abierto.
Visitamos en esta ocasión en La Guarida del Lobo Historia uno de los
edificios más emblemáticos que tenemos en España: el Real Monasterio de
San Lorenzo de El Escorial. La creencia popular dice que fue mandado
construir por Felipe II en honor a la victoria en la Batalla de San
Quintín, pero veremos que en realidad fue concebido con el fin de
establecer allí la sede de gobierno de la Monarquía Hispánica.
Analizaremos, junto con el señor Netofe, este y otros mitos así como
el proceso de decisión del lugar, el desarrollo del proyecto y otros
aspectos posteriores del monasterio, como algunas leyendas que pesan
sobre él.
¿Sabías que una de las obras clave de Francisco de Quevedo nació tras ser publicada sin su permiso? “La
cuna y la sepultura” (1634) es la reescritura profunda y definitiva de
“Doctrina moral”, un tratado publicado cuatro años antes sin la
autorización del autor; y en la que introdujo cambios notables.. Perteneciente
al género filosófico y moralista del Barroco, esta obra aborda temas
fundamentales como el conocimiento propio, el desengaño ante las cosas
del mundo, la vida humana y la preparación para la muerte. Esta
edición a cargo de Celsa Carmen García Valdés, incluye ambos textos
completos. De este modo, el lector puede comparar de primera mano la
evolución de las ideas y el estilo de Quevedo entre su primera redacción
y la versión definitiva.
Diversión a toda velocidad. El travieso Mate, vuelve con dos de sus historias:
MONSTER TRUCK MATE: Mate le cuenta a Rayo McQueen cómo se convirtió en
el púgil llamado "Autómata", campeón indiscutible de lucha en el
cuadrilátero contra temibles monster trucks. KARATE
MATE: Mate relata a Sheriff y a Rayo McQueen cómo llegó a ser 'Karate
Mate, Rey de los Derrapones', después de viajar a Tokio remolcando un
vehículo.