Pero el hecho más notable de aquel verano fue la llegada a
Miraflores, desde Chile, su lejanísimo país, de dos hermanas cuya
presencia llamativa y su inconfundible manerita de hablar, rapidito,
comiéndose las últimas sílabas de las palabras y rematando las frases
con una aspirada exclamación que sonaba como un «pué», nos pusieron de
vuelta y media a todos los miraflorinos que acabábamos de mudar el
pantalón corto por el largo. Y, a mí, más que a los otros.
La menor parecía la mayor y viceversa. La mayor se llamaba Lily y
era algo más bajita que Lucy, a la que le llevaba un año. Lily tendría
catorce o quince años a lo más y Lucy trece o catorce. El adjetivo
llamativa parecía inventado para ellas, pero, sin dejar de serlo, Lucy
no lo era tanto como su hermana, no sólo porque sus cabellos eran menos
rubios y más cortos y porque se vestía con más sobriedad que Lily, sino
porque era más callada y, a la hora de bailar, aunque también hacía
figuras y quebraba la cintura con una audacia a la que ninguna
miraflorina se atrevería, parecía una chica recatada, inhibida y casi
sosa en comparación con ese trompo, esa llama al viento, ese fuego fatuo
que era Lily cuando, instalados los discos en el pick up, reventaba el
mambo y nos poníamos a bailar.
Lily bailaba con un ritmo sabroso y mucha gracia, sonriendo y
canturreando la letra de la canción, alzando los brazos, mostrando las
rodillas y moviendo cintura y hombros de manera que todo su cuerpecito,
al que modelaban con tanta malicia y tantas curvas las faldas y blusas
que llevaba, parecía encresparse, vibrar y participar del baile de la
punta de los cabellos a los pies. Quien bailaba el mambo con ella la
pasaba siempre mal, porque ¿cómo seguir sin enredarse el torbellino
endiablado de esas piernas y patitas saltarinas? ¡Imposible! Uno quedaba
rezagado desde el principio y muy consciente de que los ojos de todas
las parejas estaban concentrados en las hazañas mamberas de Lily. «¡Qué
niñita!», se indignaba mi tía Alberta, «baila como una Tongolele, como
una rumbera de película mexicana». «Bueno, no olvidemos que es chilena»,
se hacía eco ella misma, «el fuerte de las mujeres de ese país no es la
virtud».
Yo de Lily me enamoré como un becerro, la forma más romántica de
enamorarse —se decía también templarse al cien—, y, en ese verano
inolvidable, le caí tres veces. La primera, en la platea alta del
Ricardo Palma, ese cine que estaba en el Parque Central de Miraflores,
en la matinée del domingo, y me dijo que no, era todavía muy joven para
tener enamorado. La segunda, en la pista de patinaje que se inauguró
justamente ese verano al pie del Parque Salazar, y me dijo no,
necesitaba pensarlo porque, aunque yo le gustaba un poquito, sus padres
le habían pedido que no tuviera enamorado hasta que terminara el cuarto
de media y ella estaba todavía en tercero. Y, la última, pocos días
antes del gran lío, en el Cream Rica de la avenida Larco, mientras
tomábamos un milk-shake de vainilla, y, por supuesto, otra vez que no,
para qué me iba a decir que sí ya que estando como estábamos parecíamos
enamorados. ¿No nos ponían siempre de pareja donde Marta cuando
jugábamos a las verdades? ¿No nos sentábamos juntos en la playa de
Miraflores? ¿No bailaba ella conmigo más que con cualquiera en las
fiestas? ¿Para qué, pues, me iba a dar formalmente el sí si todo
Miraflores ya nos creía enamorados? Con su fachita de modelo, unos ojos
oscuros y pícaros y una boquita de labios carnosos, Lily era la
coquetería hecha mujer.
Extracto del libro Travesuras de la niña mala.
Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, el Premio
Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias de las Letras, Mario Vargas
Llosa, libera en esta novela una historia en la que el amor se nos
muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala.
¿Cuál es el verdadero rostro del amor? Ricardo ve cumplido, a una edad
muy temprana, el sueño que en su Lima natal alimentó desdeque tenía uso
de razón: vivir en París. Pero el rencuentro con un amor de adolescencia
lo cambiará todo. La joven, inconformista, aventurera, pragmática e
inquieta, lo arrastrará fuera del pequeño mundo de sus ambiciones.
Testigos de épocas convulsas y florecientes en ciudades como Londres,
París, Tokio o Madrid, que aquí son mucho más que escenarios, ambos
personajes verán sus vidas entrelazarsesin llegar a coincidir del todo.
Sin embargo, esta danza de encuentros y desencuentros hará crecer la i
ntensidad del relato página a página hasta propiciar una verdadera
fusión del lector con el universo emocional de los protagonistas. Mario
Vargas Llosa juega en Travesuras de la niña mala (2006) con la realidad y
la ficción para ilustrar la complejidad del amor: pasión y distancia,
azar y destino, dolor y disfrute... ¿Cuál es el verdadero rostro del
amor?
MARIO VARGAS LLOSA
(Arequipa, 1936 - Lima, 2025). Premio Nobel de Literatura, su
carrera literaria se inició con el estreno de un drama en Piura y el
libro de relatos Los jefes, pero alcanzó notoriedad con sus novelas La ciudad y los perros (1962; Premio Biblioteca Breve y Premio de la Crítica) y La casa verde (1966; Premio de la Crítica y Rómulo Gallegos).
Escribió piezas teatrales —La
señorita de Tacna, Kathie y el hipopótamo, La Chunga, El loco de los
balcones, Ojos bonitos, cuadros feos, Las mil noches y una noche y Los cuentos de la peste—, estudios y ensayos —García
Márquez: Historia de un deicidio, Carta de batalla por Tirant lo
Blanc, La orgía perpetua, La utopía arcaica, La verdad de las mentiras,
La tentación de lo imposible, El viaje a la ficción, La civilización
del espectáculo, La llamada de la tribu y La mirada quieta (de Pérez Galdós)—, memorias —El pez en el agua—, relatos —Los cachorros—, obra periodística —El fuego de la imaginación, El país de las mil caras y El reverso de la utopía—, Conversación en Princeton, con Rubén Gallo, Medio
siglo con Borges, Dos soledades, Un bárbaro en París: Textos sobre la
cultura francesa, y, sobre todo, novelas: Conversación en La Catedral,
Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra
del fin del mundo, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?,
El hablador, Elogio de la madrastra, Lituma en los Andes, Los cuadernos
de don Rigoberto, La Fiesta del Chivo, El Paraíso en la otra esquina,
Travesuras de la niña mala, El sueño del celta, El héroe discreto, Cinco
Esquinas, Tiempos recios y Le dedico mi silencio.
Además
de los mencionados, recibió los premios Cervantes, Príncipe de
Asturias, PEN/Nabokov y Grinzane Cavour. Fue miembro de la Real Academia
Española y de la Académie Française.
MÁS INFORMACIÓN
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
Tamaño: 15 x 24 cm.
Páginas: 384
Año: 2014