viernes, 24 de julio de 2026

Libro: El día D


 

«El relato del Día D es espectacular. Nadie sabe mejor que Beevor cómo traducir la aridez de la historia militar en un relato humano vivo, conmovedor e impactante. Una poderosa narración de la batalla de Normandía difícilmente superable.»

Max Hastings

 

«Lo mejor del libro es que la maestría de Beevor consigue transformar un material sorprendentemente complejo en una historia apasionante, describiendo brillantemente esta campaña. Las detalladas descripciones del ir y venir en ambos frentes nunca dejan confuso al lector. Esta es una de las marcas de la habilidad de Beevor, que ya demostró en otras obras como Stalingrado, La batalla de Creta, La Guerra Civil española y Berlín: la caída, 1945»

Chris Patten

 

Antony Beevor ha alcanzado justa fama universal con sus libros de historia del siglo XX, entre los que sobresalen los best sellers Stalingrado; Berlín y La Guerra Civil española, traducidos a más de treinta idiomas. Para este libro ha manejado documentación de más de 30 archivos de media docena de países, hasta ahora no consultados. El secreto de su éxito está en su portentosa capacidad para dotar de carne y sangre, de vida, a las criaturas históricas que pueblan sus libros. El puntilloso rigor del documentalista se convierte, por arte de Beevor, en brillante narración donde no se sabe qué admirar más, si su solvencia histórica o la irresistible adicción literaria que suscita.

Ahora, el genial escritor vuelve a maravillarnos con su narración de El Día D. Tras largos años de trabajo en archivos que sus predecesores no pudieron consultar (más de treinta, en media docena de países), ha escrito lo que nos parece una obra total sobre la experiencia de la guerra: los preparativos de la invasión de Normandía por las fuerzas aliadas, la disciplinada resistencia de los soldados alemanes, el enfrentamiento, terrible, en las cabezas de playa, el penoso avance en territorio francés con batallas tan fieras como las que se libraban en el frente oriental, el calvario de los civiles franceses masacrados por ambos bandos, las miserables disensiones entre los jefes militares o la visión, casi insoportable, de la exacción más terrible de la guerra: los heridos, los desnudos y los muertos.

 

ANTONY BEEVOR

Educado en Winchester y Sandhurst, fue oficial regular del ejército británico. Abandonó el ejército tras cinco años de servicio y se trasladó a París, donde escribió su primera novela. Sus ensayos, traducidos a más de treinta idiomas y publicados en castellano por Crítica, han sido galardonados con varios premios, especialmente Stalingrado (2000), merecedor del Samuel Johnson Prize, el Wolfson History Prize y el Hawthornden Prize, y Berlín. La caída: 1945 (2002), que han conocido una docena de ediciones en castellano. Otras obras del autor son La batalla de Creta (2002), ganadora del Runciman Prize, París después de la liberación (1944-1949) (2003), El misterio de Olga

 

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Autor: Antony Beevor

Editorial: Planeta

Tamaño: 12,5 x 19 cm.

Páginas: 864

Año: 2011

 

Témperas Faber Castell 30 ml x 7 colores

 

 

  • Pinturas de Tempera extraordinariamente vibrantes
  • Embasadas con pigmento estas pinturas no pierden su contextura, proporcionando un resultado profesional para los artistas jóvenes
  • Excelente textura

 

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Podcast Clásica FM: Buenos Aires | Solo billete de ida

 

 

Con David Gómez Peris | Viajamos hasta Buenos Aires, solo con billete de ida. Una ciudad donde el tango es memoria, identidad y emoción. A través de la obra de Astor Piazzolla, nos adentramos en un retrato sonoro donde conviven el bullicio moderno y la nostalgia de generaciones enteras. Desde 'Adiós Nonino' hasta 'Libertango', descubrimos cómo una música local se convirtió en patrimonio universal. Bienvenidos a Solo Billete de Ida, el programa de Clásica FM para viajar con la música como guía.

Fuente: Clásica FM

 

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Libro: Mapa cultural de Moquegua

 

 

La presente obra versa sobre las diferentes expresiones más significativas y trascendentes del patrimonio material e inmaterial de la región Moquegua, que constituye el sustento de la calidad de vida y generación del desarrollo socio-cultural estratégico que contribuye a la formación sustantiva del sentido de pertenencia y la identidad cultural regional. Entre las expresiones culturales se destacan la diversidad de danzas de las diferentes localidades de la región, la típica gastronomía regional y la bebida emblemática de uno de los mejores piscos nacionales cuyas fábricas y alambiques forman la ruta del pisco. Contiene además una breve reseña de los personajes emblemáticos que han destacado en los diferentes ámbitos de la actividad socio-cultural de la región Moquegua.

 

CONTENIDO

  • Presentación
  • Introducción
  • La región de Moquegua
  • Informe geográfico, formaciones geológicas y riquezas minerales
  • Evolución histórica
  • Patrimonio cultural e identidad en Moquegua
  • Personalidades emblemáticas
  • Patrimonio material e inmaterial
  • Capital cultural de Moquegua

 

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Autor: Víctor Lino Casanova Vélez, Wilfredo Cirilo Kapsoli Escudero y Juan Vitaliano Rodríguez Pantigoso

Editorial: Universidad Nacional de San Agustín (UNSA)

Tamaño: 21 x 27,9 cm.

Páginas: 172

Año: 2022

 

Cita CMLXIV: Geopolítica del futbol. El futbol en el siglo XX es una modesta hazaña de la libertad

El futbol no explica el mundo, pero el mundo explica algunos avatares del futbol.

Inglaterra lo inventó y exportó a sus dominios. Su desarrollo en esa isla se truncó con la Primera Guerra Mundial. Toda una insensata generación se enamoró de la verdadera guerra y no de la que habían practicado en los campos de Eton. Entre 1939 y 1945, la siguiente generación libró heroicamente la Segunda Guerra. Cuando apenas comenzaba a recuperarse, en 1958, los jugadores del Manchester United, base de la selección, murieron en un accidente aéreo. Ocho años más tarde, siendo sede, Inglaterra conquistó la Jules Rimet. Aunque no ha vuelto a ganar una Copa Mundial, su Premier League –crisol de culturas, escuela de elegancia, fortaleza y fair play– es la mejor del planeta.

Francia, Alemania, Italia y otros países de Europa padecieron los mismos efectos de las guerras. El fascismo y el nazismo utilizaron políticamente el deporte. Los aliados, tras derrotarlos, propiciaron un proceso de desnazificación que canalizó a la juventud hacia fines que exaltaran la vida, no el culto a la muerte. En libertad, Alemania se volvería una máquina casi invencible. Francia, enriquecida por la inmigración del norte de África, brillaría también, con creciente intensidad e inspiración. Lo mismo ocurrió con Portugal, que integró felizmente a sus antiguas posesiones africanas.

La URSS y sus satélites invirtieron en el futbol (como en la música) con miras de propaganda, pero con buenos resultados deportivos. Y, sin embargo, también en el juego había anhelos de libertad, como demostró la gran selección húngara, al simpatizar con la revolución democrática de 1956, tras la cual muchos jugadores optaron por el exilio. La caída del Muro de Berlín liberó las energías de esos países. Rusia ha preferido sacrificar a su propia juventud y masacrar a la de Ucrania.

En España, los efectos de la guerra civil fueron devastadores. Muchos jugadores murieron en el frente, otros se exiliaron, como la selección vasca en México. La dictadura franquista politizó aún más el deporte. La inmigración de estrellas húngaras y argentinas presidió una recuperación que, a partir de la transición democrática, ha sido constante. El rico mosaico regional de España se refleja en el deporte. El carisma de sus dos principales equipos es un fenómeno global. Su selección es una orquesta sinfónica dirigida por un lector de Séneca, el estoico cordobés.

La participación marginal de América Latina en las guerras mundiales permitió que su futbol tuviera un desarrollo continuo. En ningún lugar prendió mejor la huella inglesa que en Argentina y Uruguay. Solo en Argentina hay equipos con nombres como Racing, River Plate, Boca Juniors, Newell’s Old Boys. Uruguay triunfó en los mundiales del 30 y el 50. Y extrañamente, a pesar de sus dictaduras militares y delirios populistas, Argentina siguió siendo una potencia. Ha producido inmensos talentos en la literatura y muchas otras áreas (no tanto en la política) y los ostenta también –legítimamente– en este deporte. Su bravura –reminiscencia gaucha– es admirable.

Desde el siglo XIX, Estados Unidos comenzó a exportar el beisbol a Venezuela, Centroamérica, Cuba, el Caribe. El resto de nuestros países imprimió al futbol su cultura popular. Brasil lo adaptó a su genio específico: en vez del tango insinuante, la sinuosa samba. Pelé fue el sol por varias décadas. Hoy Brasil ha caído ante la resurrección de los vikingos. Ya renacerá.

Ha sido espectacular la descolonización futbolística de África, no solo en sus equipos sino en los jugadores de ese origen en Europa y América. El Medio Oriente, al menos en este aspecto, en general avanza. También Turquía, cuando mira a Occidente. El viejo mapa del Reino Unido es futbolístico, pero la India prefiere el críquet. En el Lejano Oriente –a excepción de Japón y Corea– destacan deportes más individuales y disciplinados.

En Norteamérica, Canadá es un heredero modesto de la tradición inglesa, pero para Estados Unidos el Mundial era su consagración. Su presidente imperial la echó a perder.

¿Y México? Aunque hemos tenido un papel marginal, somos el único país que ha celebrado tres veces el Mundial. (Sobre algunas peripecias, es divertida la película México 86). Ante las muestras de hospitalidad, alegría y patriotismo valdría la pena fomentar seriamente este deporte. El actual gobierno –profesional de la mentira y la ineptitud– sería incapaz de hacerlo, pero tal vez la iniciativa privada pudiera adoptar ese proyecto. Resultaría más fructífero que dar dinero a los jóvenes a cambio de servidumbre y obediencia. Y es que en el futbol, como demuestra la historia del siglo XX, el verdadero gol es el de la libertad. ~

Fuente: https://letraslibres.com

Por: Enrique Krauze

 

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MÁS CITAS

 

Libro: Dos poetas en París. César Vallejo / Tristán Tzara

 

 

 "el hombre marcha prisionero en la envoltura de su alma"

Tristan Tzara

 

!Sierra de mi Perú
Perú del mundo,
y Perú al pie del orbe;
yo me adhiero!

César Vallejo

 

El presente estudio trata de dos vidas paralelas. César Vallejo y Tristán Tzara. Dos poetas que vivieron en París en las décadas del veinte y treinta del siglo pasado. Lograron relacionar arte y pensamiento produciendo la evolución: "Del Vanguardismo a una poesía más reflexiva". En la madurez intelectual crearon: César Vallejo los Poemas humanos y Tristán Tzara, El hombre aproximativo. El objetivo de nuestro estudio es mostrar cómo se produce esta evolución de la poesía. Así, la época se convirtió en elemento importante de sus poemas. Particularmente los años treinta, producto de la crisis económica mundial desencadenada en 1929 y la Guerra Civil Española. Esta época de crisis económica produjo también la crisis en los movimientos vanguardistas. Lo "Humano" en una sociedad que se iba "deshumanizando" se convirtió en el tema principal de sus creaciones poéticas. Los dos poetas trataron de plasmar en sus poesías la época que les tocó vivir, así como Picasso lo hacía en la pintura, Becket en el teatro y Kafka en la narración. 

 

CONTENIDO

  • Preámbulo
  • Contexto europeo
  • Arte y Vanguardia
  • Contexto de Guerra
  • El Expresionismo
  • Entre las dos guerras
  • La Belle époque
  •  El Dadaísmo
  • El Surrealismo
  • Los años treinta
  • Crisis de las Vanguardias
  • Compromiso humanista
  • Lo andino y la ironía
  • Arte y poesía
  • Dialéctica en la Poesía 
  • Arte y poesía
  • Guerra en España
  • Trilce, Pierre Lagarde en el diario parisino Comoedia
  • Vallejo: Autores nombrados en sus Crónicas

 

JULIA GONZALES

Doctora por la Universidad de la Sorbona de París. Perteneció al Laboratorio Suds d’Amérique de la Universidad de Versalles, Francia. Realizo estudios de Maestría en la Universidad Católica del Perú, en la Universidad Nacional de Ingeniería donde, posteriormente se desempeñó como docente.


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Autor: Julia Gonzales

Editorial: Del autor

Tamaño: 14.5 x 21 cm.

Páginas: 120

Año: 2025

 

jueves, 23 de julio de 2026

Poeta 843: Himno Nacional del Perú de José de la Torre Ugarte y don José Bernardo Alcedo

JOSÉ DE LA TORRE UGARTE

José Bernardo Alzedo (o Alcedo) Retuerto nació en Lima un 19 de agosto de 1788. Sus padres fueron José Isidoro Alzedo (o Alcedo) y Rosa Retuerto, dejando de lado a la mencionada Rosa Larraín cuyo nombre aparece en el libro Filosofía elemental de la música en la edición de 1869, en la biografía introductoria escrita por el Coronel Zegarra (Izquierdo, 2024, p. 2).

De origen mulato o “pardo”, calificativo que agrupaba a aquellas personas de ascendencia negra que ejercían alguna profesión u oficio, se formó musicalmente y desde muy niño en el convento de los agustinos bajo la tutela de fray Cipriano Aguilar. Posteriormente, se mudó al convento de los dominicos en la academia musical dirigida por fray Pascual Nieves, quien lo introdujo en la obra de compositores clásicos como Mozart o Haydn. Estos primeros años de su vida los dedicó a la labor religiosa en el convento donde llegó a dirigir el coro, componer sus primeras piezas musicales e, incluso, pudo vestir el hábito de hermano terciario. La llegada de la corriente independentista al Perú lo orilló cambiar de aires tanto profesional como musicalmente (Rondón e Izquierdo, 2009, p. 3). Es en este contexto, arropado en aires patrióticos, de himnos y de canciones de libertad, compuso, junto a José de la Torre Ugarte, la canción La Chicha y también, aquella con la que ganó aquel concurso convocado por José de San Martín en 1821, la llamada Canción Nacional. Estos reconocimientos le valieron para decidir enrolarse como músico en la milicia, integrando el Batallón N° 4 Chile entre 1822 a 1826, donde llegó a ser músico mayor y subteniente. Dicha decisión le facilitó llegar al país del sur, donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, logrando asentarse y conformar cierto prestigio como músico catredalicio, director de coro y compositor. Después de fallidos intentos de establecerse en Perú, finalmente lo logró en 1864, en donde trabajó con Claudio Rebagliati los arreglos del Himno Nacional y publicó su obra Filosofía elemental de la música (1869, con prólogo biográfico de Coronel Zegarra). Posteriormente, falleció en Lima un 28 de diciembre de 1878.

Como compositor logró bastante renombre, no solo por ser el autor de la música del Himno Nacional del Perú, sino también por su amplio aporte tanto en obras litúrgicas como en canciones patrióticas. Como obras litúrgicas destacó el Miserere mei Deus (en: Christus factus y Miserere), el Trisagio solemne a la Santísima Trinidad, la Misa en Re Mayor o el Domine ad adjuvandum. Aún así, su obra resulta bastante extensa, como lo menciona Izquierdo (2024, p. 55): “8 misas, dos Domine ad Adjuvandum, 7 villancicos, 5 himnos, 1 Cántico de Moisés, 3 Letanías, entre otras varias composiciones (Miserere, Pasión, Sanctus, Credo, Te Deum)”. Por otro lado, sus composiciones patrióticas incluyen piezas com el Himno a grande orquesta, el Himno encomiástico, la antes mencionada canción La Chicha, La Cora, La despedida de las chilenas al ejército de San Martín, el Himno guerrero en la vuelta de los españoles a las Yslas de Chincha o el Motete para la recepción del presidente de la República. Todas estas obras pueden ser encontradas en el repositorio digital de la Biblioteca Nacional del Perú junto con varias copias y ediciones del Himno Nacional del Perú.

La obra compositiva de Alzedo es amplia y enriquecedora, además de significativa como uno de los elementos componentes y fundacionales de la idea de nación peruana, adjetivos que recaen en el Himno Nacional. No obstante, el legado del músico es recordado en la actual Universidad Nacional de Música. Conocido es que Alzedo intentó asentarse en Lima en tres ocasiones luego de migrar a Chile, siendo solo la última de estas la que tuvo más éxito. En la carta en la que solicita un aumento de su pensión, redactada en 1874, la cual también adjuntamos más adelante, se menciona que una de las razones por las que retorna al Perú es la de ponerlo “al frente del Conservatorio de Música”. Ello forma parte de uno de los deseos de Alzedo: la creación y funcionamiento de un conservatorio en el Perú, ya que, inlcuso, presentó un proyecto ante el Congreso para tal fin. Pero, ¿qué es un conservatorio y cuál es su importancia? En palabras simples, un conservatorio es una institución abocada a la formación integral y profesional de la música, usualmente están orientados a la música “clásica” o “académica” y son reconocidos por ofrecer una intensa instrucción en materias de interpretación, teoría musical, armonía, contrapunto, entre otras disciplinas musicales. Se comprende, entonces, el afán de Alzedo de promover la formación de músicos profesionales en el Perú , algo que ya existía en Europa o en algunos países vecinos. Sin embargo, al fallecer en 1878, Alzedo no pudo ver realizado su deseo, ya que la primera Academia Nacional de Música fue creada en 1908, la cual obtuvo el título de Conservatorio en 1946 y que actualmente tiene el nombre de Universidad Nacional de Música desde 2017.

Fuente: https://fuenteshistoricasdelperu.com

 

JOSÉ DE LA TORRE UGARTE

Nació en Ica el 19 de marzo de 1786. Hijo de José Estanislao de la Torre Ugarte, español llegado al Perú unos años atrás y establecido en Ica, donde conoció a Mercedes Alarcón, madre de José. Ingresó como alumno interno a la Universidad de San Marcos, donde entre 1809 y 1812 tuvo a su cargo la cátedra de Artes. No obstante haber recibido autorización para efectuar sus prácticas forenses para optar su título como abogado, se ve impedido de hacerlo por diversas circunstancias. Ejercía las funciones de juez de Chancay cuando la expedición libertadora estableció su cuartel general en Huaura, incorporándose a las filas patriotas. Su vena poética, inflamada de patriotismo, lo llevó a componer los versos del himno patrio apenas suscrita el acta de Huaura. En 1821 se desempeñó como oficial mayor del ministerio de Guerra y también como secretario adjunto de San Martín durante el protectorado.

Durante el gobierno de Riva Agüero (1823), Torre Ugarte viajó a la ciudad de Trujillo y fue secretario del Senado. La lucha desatada entre los bandos republicanos por la ambición del poder lo colocó en una situación difícil y fue condenado a muerte. El coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente, comisionado para llevar a cabo la sentencia le perdonó la vida. Decidió entonces limitarse a sus tareas profesionales y desde Trujillo solicitó autorización a la Universidad de San Marcos para rendir su examen de abogado que había quedado pendiente unos años antes. Lograda la autorización, rindió su examen ante la corte superior de la capital liberteña el 14 de mayo de 1825. Pudo desempeñarse entonces como auditor de guerra (1827-1829) y, por nombramiento de Gamarra, como vocal de la corte superior de La Libertad (1830). Electo diputado, no pudo asumir el cargo debido a su prematura muerte, ocurrida el 1 de setiembre de 1831. Además de la letra del Himno Nacional, se le debe la autoría de una canción patriótica, La chicha, también con Bernardo Alcedo. Se casó en primeras nupcias con Manuela Valdivieso y Riso (1812), con quien tuvo tres hijos; luego, en 1826, se une a Juana Manrique de Lara. Sus restos se hallan en el Panteón de los Próceres, santuario ubicado en la antigua capilla del convictorio de San Carlos, junto a la vieja casona de San Marcos, en el parque Universitario.

Fuente: https://historiaperuana.pe

 

HIMNO NACIONAL DEL PERÚ

Somos libres, seamos
Seámoslo siempre
Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó

Ya el estruendo de broncas cadenas
Que escuchamos tres siglos de horror
De los libres al grito sagrado
Que oye atónito, que oye atónito, que oye atónito el mundo, cesó

Por doquier, San Martín inflamado
Libertad, libertad, pronunció
Y meciendo su base, los Andes
La enunciaron, la enunciaron, la enunciaron también a una voz
La enunciaron también a una voz
También a una voz

Somos libres, seamos
Seámoslo siempre
Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó

En su cima, los Andes sostengan
La bandera o pendón bicolor
Que a los siglos anuncie el esfuerzo
Que ser libres, que ser libres
Que ser libres por siempre nos dio

A su sombra vivamos tranquilos
Y al nacer por sus cumbres el Sol
Renovemos el gran juramento
Que rendimos, que rendimos
Que rendimos al Dios de Jacob
Que rendimos al Dios de Jacob
Al Dios de Jacob

Somos libres, seamos
Seámoslo siempre
Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó
Que faltemos al voto solemne
Que la Patria al Eterno elevó




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