«El relato del Día D es espectacular. Nadie sabe mejor que Beevor cómo traducir la aridez de la historia militar en un relato humano vivo, conmovedor e impactante. Una poderosa narración de la batalla de Normandía difícilmente superable.»
Max Hastings
«Lo mejor del libro es que la maestría de Beevor consigue transformar un
material sorprendentemente complejo en una historia apasionante,
describiendo brillantemente esta campaña. Las detalladas descripciones
del ir y venir en ambos frentes nunca dejan confuso al lector. Esta es
una de las marcas de la habilidad de Beevor, que ya demostró en otras
obras como Stalingrado, La batalla de Creta, La Guerra Civil española y Berlín: la caída, 1945»
Chris Patten
Antony Beevor ha alcanzado justa fama universal con sus libros de historia del siglo XX, entre los que sobresalen los best sellers Stalingrado; Berlín y La Guerra Civil española,
traducidos a más de treinta idiomas. Para este libro ha manejado
documentación de más de 30 archivos de media docena de países, hasta
ahora no consultados. El secreto de su éxito está en su portentosa
capacidad para dotar de carne y sangre, de vida, a las criaturas
históricas que pueblan sus libros. El puntilloso rigor del
documentalista se convierte, por arte de Beevor, en brillante narración
donde no se sabe qué admirar más, si su solvencia histórica o la
irresistible adicción literaria que suscita.
Ahora, el genial escritor vuelve a maravillarnos con su narración de El Día D.
Tras largos años de trabajo en archivos que sus predecesores no
pudieron consultar (más de treinta, en media docena de países), ha
escrito lo que nos parece una obra total sobre la experiencia de la
guerra: los preparativos de la invasión de Normandía por las fuerzas
aliadas, la disciplinada resistencia de los soldados alemanes, el
enfrentamiento, terrible, en las cabezas de playa, el penoso avance en
territorio francés con batallas tan fieras como las que se libraban en
el frente oriental, el calvario de los civiles franceses masacrados por
ambos bandos, las miserables disensiones entre los jefes militares o la
visión, casi insoportable, de la exacción más terrible de la guerra: los
heridos, los desnudos y los muertos.
ANTONY BEEVOR
Educado en Winchester y Sandhurst, fue oficial regular del ejército
británico. Abandonó el ejército tras cinco años de servicio y se
trasladó a París, donde escribió su primera novela. Sus ensayos,
traducidos a más de treinta idiomas y publicados en castellano por
Crítica, han sido galardonados con varios premios, especialmente Stalingrado (2000), merecedor del Samuel Johnson Prize, el Wolfson History Prize y el Hawthornden Prize, y Berlín. La caída: 1945 (2002), que han conocido una docena de ediciones en castellano. Otras obras del autor son La batalla de Creta (2002), ganadora del Runciman Prize, París después de la liberación (1944-1949) (2003), El misterio de Olga
Con David Gómez Peris | Viajamos hasta Buenos Aires, solo con billete de
ida. Una ciudad donde el tango es memoria, identidad y emoción. A
través de la obra de Astor Piazzolla, nos adentramos en un retrato
sonoro donde conviven el bullicio moderno y la nostalgia de generaciones
enteras. Desde 'Adiós Nonino' hasta 'Libertango', descubrimos cómo una
música local se convirtió en patrimonio universal. Bienvenidos a Solo Billete de Ida, el programa de Clásica FM para viajar con la música como guía.
La presente obra versa sobre las diferentes expresiones más
significativas y trascendentes del patrimonio material e inmaterial de
la región Moquegua, que constituye el sustento de la calidad de vida y
generación del desarrollo socio-cultural estratégico que contribuye a la
formación sustantiva del sentido de pertenencia y la identidad cultural
regional. Entre las expresiones culturales se destacan la diversidad de danzas de
las diferentes localidades de la región, la típica gastronomía regional y
la bebida emblemática de uno de los mejores piscos nacionales cuyas
fábricas y alambiques forman la ruta del pisco. Contiene además una breve reseña de los personajes emblemáticos que han
destacado en los diferentes ámbitos de la actividad socio-cultural de la
región Moquegua.
CONTENIDO
Presentación
Introducción
La región de Moquegua
Informe geográfico, formaciones geológicas y riquezas minerales
El futbol no explica el mundo, pero el mundo explica algunos avatares del futbol.
Inglaterra lo inventó y exportó a sus dominios. Su desarrollo en esa
isla se truncó con la Primera Guerra Mundial. Toda una insensata
generación se enamoró de la verdadera guerra y no de la que habían
practicado en los campos de Eton. Entre 1939 y 1945, la siguiente
generación libró heroicamente la Segunda Guerra. Cuando apenas comenzaba
a recuperarse, en 1958, los jugadores del Manchester United, base de la
selección, murieron en un accidente aéreo. Ocho años más tarde, siendo
sede, Inglaterra conquistó la Jules Rimet. Aunque no ha vuelto a ganar
una Copa Mundial, su Premier League –crisol de culturas, escuela de
elegancia, fortaleza y fair play– es la mejor del planeta.
Francia, Alemania, Italia y otros países de Europa padecieron los
mismos efectos de las guerras. El fascismo y el nazismo utilizaron
políticamente el deporte. Los aliados, tras derrotarlos, propiciaron un
proceso de desnazificación que canalizó a la juventud hacia fines que
exaltaran la vida, no el culto a la muerte. En libertad, Alemania se
volvería una máquina casi invencible. Francia, enriquecida por la
inmigración del norte de África, brillaría también, con creciente
intensidad e inspiración. Lo mismo ocurrió con Portugal, que integró
felizmente a sus antiguas posesiones africanas.
La URSS y sus satélites invirtieron en el futbol (como en la música)
con miras de propaganda, pero con buenos resultados deportivos. Y, sin
embargo, también en el juego había anhelos de libertad, como demostró la
gran selección húngara, al simpatizar con la revolución democrática de
1956, tras la cual muchos jugadores optaron por el exilio. La caída del
Muro de Berlín liberó las energías de esos países. Rusia ha preferido
sacrificar a su propia juventud y masacrar a la de Ucrania.
En España, los efectos de la guerra civil fueron devastadores. Muchos
jugadores murieron en el frente, otros se exiliaron, como la selección
vasca en México. La dictadura franquista politizó aún más el deporte. La
inmigración de estrellas húngaras y argentinas presidió una
recuperación que, a partir de la transición democrática, ha sido
constante. El rico mosaico regional de España se refleja en el deporte.
El carisma de sus dos principales equipos es un fenómeno global. Su
selección es una orquesta sinfónica dirigida por un lector de Séneca, el
estoico cordobés.
La participación marginal de América Latina en las guerras mundiales
permitió que su futbol tuviera un desarrollo continuo. En ningún lugar
prendió mejor la huella inglesa que en Argentina y Uruguay. Solo en
Argentina hay equipos con nombres como Racing, River Plate, Boca
Juniors, Newell’s Old Boys. Uruguay triunfó en los mundiales del 30 y el
50. Y extrañamente, a pesar de sus dictaduras militares y delirios
populistas, Argentina siguió siendo una potencia. Ha producido inmensos
talentos en la literatura y muchas otras áreas (no tanto en la política)
y los ostenta también –legítimamente– en este deporte. Su bravura
–reminiscencia gaucha– es admirable.
Desde el siglo XIX, Estados Unidos comenzó a exportar el beisbol a
Venezuela, Centroamérica, Cuba, el Caribe. El resto de nuestros países
imprimió al futbol su cultura popular. Brasil lo adaptó a su genio
específico: en vez del tango insinuante, la sinuosa samba. Pelé fue el
sol por varias décadas. Hoy Brasil ha caído ante la resurrección de los
vikingos. Ya renacerá.
Ha sido espectacular la descolonización futbolística de África, no
solo en sus equipos sino en los jugadores de ese origen en Europa y
América. El Medio Oriente, al menos en este aspecto, en general avanza.
También Turquía, cuando mira a Occidente. El viejo mapa del Reino Unido
es futbolístico, pero la India prefiere el críquet. En el Lejano Oriente
–a excepción de Japón y Corea– destacan deportes más individuales y
disciplinados.
En Norteamérica, Canadá es un heredero modesto de la tradición
inglesa, pero para Estados Unidos el Mundial era su consagración. Su
presidente imperial la echó a perder.
¿Y México? Aunque hemos tenido un papel marginal, somos el único país
que ha celebrado tres veces el Mundial. (Sobre algunas peripecias, es
divertida la película México 86). Ante las muestras de
hospitalidad, alegría y patriotismo valdría la pena fomentar seriamente
este deporte. El actual gobierno –profesional de la mentira y la
ineptitud– sería incapaz de hacerlo, pero tal vez la iniciativa privada
pudiera adoptar ese proyecto. Resultaría más fructífero que dar dinero a
los jóvenes a cambio de servidumbre y obediencia. Y es que en el
futbol, como demuestra la historia del siglo XX, el verdadero gol es el
de la libertad. ~
"el hombre marcha prisionero en la envoltura de su alma"
Tristan Tzara
!Sierra de mi Perú Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero!
César Vallejo
El presente estudio trata de dos vidas paralelas. César Vallejo y Tristán Tzara. Dos poetas que vivieron en París en las décadas del veinte y treinta del siglo pasado. Lograron relacionar arte y pensamiento produciendo la evolución: "Del Vanguardismo a una poesía más reflexiva". En la madurez intelectual crearon: César Vallejo los Poemas humanos y Tristán Tzara, El hombre aproximativo. El objetivo de nuestro estudio es mostrar cómo se produce esta evolución de la poesía. Así, la época se convirtió en elemento importante de sus poemas. Particularmente los años treinta, producto de la crisis económica mundial desencadenada en 1929 y la Guerra Civil Española. Esta época de crisis económica produjo también la crisis en los movimientos vanguardistas. Lo "Humano" en una sociedad que se iba "deshumanizando" se convirtió en el tema principal de sus creaciones poéticas. Los dos poetas trataron de plasmar en sus poesías la época que les tocó vivir, así como Picasso lo hacía en la pintura, Becket en el teatro y Kafka en la narración.
CONTENIDO
Preámbulo
Contexto europeo
Arte y Vanguardia
Contexto de Guerra
El Expresionismo
Entre las dos guerras
La Belle époque
El Dadaísmo
El Surrealismo
Los años treinta
Crisis de las Vanguardias
Compromiso humanista
Lo andino y la ironía
Arte y poesía
Dialéctica en la Poesía
Arte y poesía
Guerra en España
Trilce, Pierre Lagarde en el diario parisino Comoedia
Vallejo: Autores nombrados en sus Crónicas
JULIA GONZALES
Doctora por la Universidad de la Sorbona de París. Perteneció al Laboratorio Suds d’Amérique de la Universidad de Versalles, Francia. Realizo estudios de Maestría en la Universidad Católica del Perú, en la Universidad Nacional de Ingeniería donde, posteriormente se desempeñó como docente.
José Bernardo
Alzedo (o Alcedo) Retuerto nació en Lima un 19 de agosto de 1788. Sus
padres fueron José Isidoro Alzedo (o Alcedo) y Rosa Retuerto, dejando de
lado a la mencionada Rosa Larraín cuyo nombre aparece en el libro Filosofía elemental de la música en la edición de 1869, en la biografía introductoria escrita por el Coronel Zegarra (Izquierdo, 2024, p. 2).
De origen mulato o
“pardo”, calificativo que agrupaba a aquellas personas de ascendencia
negra que ejercían alguna profesión u oficio, se formó musicalmente y
desde muy niño en el convento de los agustinos bajo la tutela de fray
Cipriano Aguilar. Posteriormente, se mudó al convento de los dominicos
en la academia musical dirigida por fray Pascual Nieves, quien lo
introdujo en la obra de compositores clásicos como Mozart o Haydn. Estos
primeros años de su vida los dedicó a la labor religiosa en el convento
donde llegó a dirigir el coro, componer sus primeras piezas musicales
e, incluso, pudo vestir el hábito de hermano terciario. La llegada de la
corriente independentista al Perú lo orilló cambiar de aires tanto
profesional como musicalmente (Rondón e Izquierdo, 2009, p. 3). Es en
este contexto, arropado en aires patrióticos, de himnos y de canciones
de libertad, compuso, junto a José de la Torre Ugarte, la canción La Chicha y también, aquella con la que ganó aquel concurso convocado por José de San Martín en 1821, la llamada Canción Nacional.
Estos reconocimientos le valieron para decidir enrolarse como músico en
la milicia, integrando el Batallón N° 4 Chile entre 1822 a 1826, donde
llegó a ser músico mayor y subteniente. Dicha decisión le facilitó
llegar al país del sur, donde desarrolló la mayor parte de su carrera
profesional, logrando asentarse y conformar cierto prestigio como músico
catredalicio, director de coro y compositor. Después de fallidos
intentos de establecerse en Perú, finalmente lo logró en 1864, en donde
trabajó con Claudio Rebagliati los arreglos del Himno Nacional y publicó su obra Filosofía elemental de la música (1869, con prólogo biográfico de Coronel Zegarra). Posteriormente, falleció en Lima un 28 de diciembre de 1878.
Como compositor logró bastante renombre, no solo por ser el autor de la música del Himno Nacional del Perú, sino también por su amplio aporte tanto en obras litúrgicas como en canciones patrióticas. Como obras litúrgicas destacó el Miserere mei Deus (en: Christus factus y Miserere), el Trisagio solemne a la Santísima Trinidad, la Misa en Re Mayor o el Domine ad adjuvandum.
Aún así, su obra resulta bastante extensa, como lo menciona Izquierdo
(2024, p. 55): “8 misas, dos Domine ad Adjuvandum, 7 villancicos, 5
himnos, 1 Cántico de Moisés, 3 Letanías, entre otras varias
composiciones (Miserere, Pasión, Sanctus, Credo, Te Deum)”. Por otro
lado, sus composiciones patrióticas incluyen piezas com el Himno a grande orquesta, el Himno encomiástico, la antes mencionada canción La Chicha, La Cora, La despedida de las chilenas al ejército de San Martín, el Himno guerrero en la vuelta de los españoles a las Yslas de Chincha o el Motete para la recepción del presidente de la República.
Todas estas obras pueden ser encontradas en el repositorio digital de
la Biblioteca Nacional del Perú junto con varias copias y ediciones del Himno Nacional del Perú.
La obra compositiva
de Alzedo es amplia y enriquecedora, además de significativa como uno
de los elementos componentes y fundacionales de la idea de nación
peruana, adjetivos que recaen en el Himno Nacional. No
obstante, el legado del músico es recordado en la actual Universidad
Nacional de Música. Conocido es que Alzedo intentó asentarse en Lima en
tres ocasiones luego de migrar a Chile, siendo solo la última de estas
la que tuvo más éxito. En la carta en la que solicita un aumento de su
pensión, redactada en 1874, la cual también adjuntamos más adelante, se
menciona que una de las razones por las que retorna al Perú es la de
ponerlo “al frente del Conservatorio de Música”. Ello forma parte de uno
de los deseos de Alzedo: la creación y funcionamiento de un
conservatorio en el Perú, ya que, inlcuso, presentó un proyecto ante el
Congreso para tal fin. Pero, ¿qué es un conservatorio y cuál es su
importancia? En palabras simples, un conservatorio es una institución
abocada a la formación integral y profesional de la música, usualmente
están orientados a la música “clásica” o “académica” y son reconocidos
por ofrecer una intensa instrucción en materias de interpretación,
teoría musical, armonía, contrapunto, entre otras disciplinas musicales.
Se comprende, entonces, el afán de Alzedo de promover la formación de
músicos profesionales en el Perú , algo que ya existía en Europa o en
algunos países vecinos. Sin embargo, al fallecer en 1878, Alzedo no pudo
ver realizado su deseo, ya que la primera Academia Nacional de Música
fue creada en 1908, la cual obtuvo el título de Conservatorio en 1946 y
que actualmente tiene el nombre de Universidad Nacional de Música desde
2017.
Nació en Ica el 19 de marzo de 1786. Hijo de José Estanislao de la Torre
Ugarte, español llegado al Perú unos años atrás y establecido en Ica,
donde conoció a Mercedes Alarcón, madre de José. Ingresó como alumno interno a la Universidad de San Marcos, donde entre 1809 y 1812 tuvo a su cargo la cátedra de Artes.
No obstante haber recibido autorización para efectuar sus prácticas
forenses para optar su título como abogado, se ve impedido de hacerlo
por diversas circunstancias. Ejercía las funciones de juez de Chancay
cuando la expedición libertadora
estableció su cuartel general en Huaura, incorporándose a las filas
patriotas. Su vena poética, inflamada de patriotismo, lo llevó a
componer los versos del himno patrio apenas suscrita el acta de Huaura.
En 1821 se desempeñó como oficial mayor del ministerio de Guerra y
también como secretario adjunto de San Martín durante el protectorado.
Durante el gobierno de Riva Agüero (1823), Torre Ugarte viajó a la ciudad de Trujillo y fue secretario del Senado.
La lucha desatada entre los bandos republicanos por la ambición del
poder lo colocó en una situación difícil y fue condenado a muerte. El
coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente, comisionado para llevar a cabo
la sentencia le perdonó la vida. Decidió entonces limitarse a sus tareas
profesionales y desde Trujillo solicitó autorización a la Universidad
de San Marcos para rendir su examen de abogado que había quedado
pendiente unos años antes. Lograda la autorización, rindió su examen
ante la corte superior de la capital liberteña el 14 de mayo de 1825.
Pudo desempeñarse entonces como auditor de guerra (1827-1829) y, por
nombramiento de Gamarra, como vocal de la corte superior de La Libertad
(1830). Electo diputado, no pudo asumir el cargo debido a su prematura muerte, ocurrida el 1 de setiembre de 1831. Además de la letra del Himno Nacional, se le debe la autoría de una canción patriótica, La chicha, también con Bernardo Alcedo.
Se casó en primeras nupcias con Manuela Valdivieso y Riso (1812), con
quien tuvo tres hijos; luego, en 1826, se une a Juana Manrique de Lara.
Sus restos se hallan en el Panteón de los Próceres, santuario ubicado en
la antigua capilla del convictorio de San Carlos, junto a la vieja
casona de San Marcos, en el parque Universitario.
Somos libres, seamos Seámoslo siempre Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó
Ya el estruendo de broncas cadenas Que escuchamos tres siglos de horror De los libres al grito sagrado Que oye atónito, que oye atónito, que oye atónito el mundo, cesó
Por doquier, San Martín inflamado Libertad, libertad, pronunció Y meciendo su base, los Andes La enunciaron, la enunciaron, la enunciaron también a una voz La enunciaron también a una voz También a una voz
Somos libres, seamos Seámoslo siempre Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó
En su cima, los Andes sostengan La bandera o pendón bicolor Que a los siglos anuncie el esfuerzo Que ser libres, que ser libres Que ser libres por siempre nos dio
A su sombra vivamos tranquilos Y al nacer por sus cumbres el Sol Renovemos el gran juramento Que rendimos, que rendimos Que rendimos al Dios de Jacob Que rendimos al Dios de Jacob Al Dios de Jacob
Somos libres, seamos Seámoslo siempre Y antes niegue sus luces, sus luces, sus luces del Sol Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó Que faltemos al voto solemne Que la Patria al Eterno elevó