sábado, 25 de julio de 2026

Meme 25/07: Quiero agradecer...

 

  

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Video 1058: Parker Jotter: el bolígrafo más coleccionable. Reseña, análisis e historia | Papelería Carabanchel

 

 

Analizamos uno de los ICONOS del mundo de la papelería: El bolígrafo Jotter de Parker.

Fuente: Papelería Carabanchel

 

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Libro: El futuro de la Tierra

 

 

Este libro resume los principales desastres que afectaron a la Tierra en la Antigüedad y los últimos siglos: la era glaciar, los diluvios, los meteoritos, las grandes guerras, las pandemias, entre otros. Además, se pregunta qué futuro nos espera y ofrece recomendaciones sobre cómo afrontar estas catástrofes.


ALFREDO DAMMERT

Es doctor en Economía por la Universidad de Texas y experto en análisis económico y financiero. Es profesor asociado de la PUCP y de la USMP, y enseña en UTEC, ESAN y la Universidad del Externado de Colombia. También es miembro del Consejo Directivo de Osinergmin. Ha sido funcionario del Banco Mundial, presidente de Osinergmin y vicepresidente de la Cámara Peruana del libro. Ha publicado los libros Regulación del sector eléctrico, Economía de la energía y Economía minera.

 

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Autor: Alfredo Dammert

Editorial: Fondo Editorial PUCP

Tamaño: 10,5 x 17 cm.

Páginas: 252

Año: 2024

 

Cita CMLXV: Carta desde Barcelona. El Mundial. El domingo me vi de repente formando parte de una masa cargada de esperanzas, primero, y electrificada por la euforia después

Envidio a los gregarios, esas personas capaces de integrarse en un grupo y sentir en colectivo. Hay algo liberador en esa renuncia voluntaria a la propia individualidad, que tanto pesa a veces y ahoga.  Insoportable solipsismo del que seguro habló algún famoso filósofo. Tal vez renunciar no sea la palabra, puede que quienes forman parte de una masa lo que hacen es adaptar la escala sonora de su personalidad a la de los demás componiendo una melodía común hecha de todas las voces. Pero aun así siempre sentí un miedo visceral atávico cuando me vi sumida en la indiferenciación de una muchedumbre que se mueve al unísono y más aún cuando es tan poderosa que arrolla, cuando adquiere forma de riada imparable. Ni la lectura del ensayo de Elías Canetti (Masa y poder) me permitió comprender mejor esa experiencia y evito de un modo sistemático las aglomeraciones, las manifestaciones, las multitudes gritando y vociferando, tanto si es de protesta como si es de alegría y celebración. Verme de repente en ese tipo de contexto me provoca una reacción física absurda y ridícula: empiezo a llorar a chorro como si se tuviera un grifo abierto en los ojos y lo hago sin ni siquiera pasar por la emoción sentida, por la conciencia simbólica que vincula la situación con un recuerdo o un pensamiento o una proyección a futuro.

Pues a pesar de todo esto que les cuento el domingo me vi de repente formando parte de una masa cargada de esperanzas, primero, y electrificada por la euforia después. La maternidad la lleva a una a hacer cosas de lo más raras. Más en este siglo y en esta parte del mundo en el que parece que cualquier carencia sufrida por nuestros hijos puede traerles traumas y malestares, en el que los padres nos sacrificamos por ellos más que nunca en la historia de la humanidad. Somos todo para ellos: los gestamos, los amamantamos, los alimentamos pero también nos tiramos al suelo con ellos, los acompañamos a los partidos de fútbol, pasamos frío por ellos en la intemperie de los parques cuando necesitan corretear, los acompañamos a comprar infinidad de objetos que parecen imprescindibles para su supervivencia y que se inventaron hace dos días, los comprendemos más de lo que nos comprendieron a nosotros nuestros padres y de esa comprensión se desprenden no pocos deberes. Que asumimos con gusto porque los amamos y sabemos que crecerán y se irán y la vida no es más que eso: depositar  esfuerzos y  energías en la siguiente generación para perpetuar la especie. Todo esto me decía a mí misma para soportar lo que fue un enorme sacrificio que espero que mi hija pequeña recuerde con cariño el día de mañana: pasarme de pie en la barra de un bar lleno de gente lo que duró el partido España-Argentina, la final del Mundial. De todos los fenómenos colectivos tal vez el del fútbol sea para mí el más absurdo, pero aproveché la ocasión para observar con atención lo que sucedía en la pantalla y a mi alrededor, con ojos de antropóloga inocente y confirmé lo que ya llevo tiempo sospechando: que ese deporte es la religión hegemónica de nuestro tiempo, con sus valores y sus símbolos, sus rituales y ceremonias y el fervor de los fanáticos. Vi a Iniesta sacando de la maleta de Louis Vuitton la Copa dorada y de repente me acordé del pasaje bíblico en el que la gente que Moisés había salvado se impacientaba esperando su regreso del Monte. Entonces le pidieron a Aaron “haznos un Dios que vaya delante de nosotros” y para ello recogieron todo el oro de mujeres y niños y con ese oro hicieron el Becerro y luego lo adoraron. El Oro del Mundial son esas entradas carísimas, las camisetas de poliéster a precio de seda de alta calidad, todos esos millones que los aficionados dan a unos chavales jovencísimos cuyo talento no digo yo que no sea digno de admiración, pero cuya utilidad no termino de ver.  Chicos imberbes convertidos en dioses por un juego de niños que mueve el mundo.

Pero hice un esfuerzo, fui buena madre e intenté disfrutar de un entorno simpático y agradable, donde reinaba la buena vibra, como dicen ahora. Eso ya es de agradecer cuando todo es tan agrio y reinan la agresividad y la crispación. El local era un bar enorme que había sido de tapas en algún momento y ahora está regentado por una familia punjabi. Tanto los padres como los niños vestían camiseta de la roja y los hombres llevaban el daatar (el turbante obligatorio en la religión sij) del color de la selección. También los hijos varones iban ataviados con unos rumal (la tela con la que cubren el moño cuando son pequeños) de un rojo encendido. Era la estampa misma de la integración: una familia de origen indio con su vestimenta tradicional pero adaptada a la bandera del país en el que viven y que ya es muy suyo a juzgar por la alegría con que celebraron los dos goles de Ferran. Los demás parroquianos del local también eran de lo más variados, como lo son los jugadores de la selección misma. En eso sí creo que es una valiosa contribución del fútbol: la capacidad que tiene de aglutinar a todos en un solo sentimiento de pertenencia vengamos de donde vengamos y tengamos el color de piel que tengamos. Aunque hay que aclarar que en Cataluña esa adhesión no siempre es tan clara y los sentimientos son a menudo encontrados y contradictorios (Piqué, por ejemplo, era defensor de la independencia de Cataluña pero luego jugaba con la selección y el simple hecho de que se pongan pantallas para ver un partido de la selección española genera siempre polémica y oposición por parte de algunos nacionalistas catalanes).

Claro que las pertenencias colectivas siempre tienen algo de exclusión, incluso cuando se respira el buen humor, como el pasado domingo por la noche. Fue al salir del bar cuando me di cuenta de la cara no tan amable del patriotismo futbolero, aplicable seguramente a cualquier patriotismo: una chica joven vestida con los colores de la bandera argentina sollozaba en una esquina y al pasar a su lado un pequeño grupo de eufóricos hinchas españoles no pudo evitar increparlos con indignación. Y para hacerlo no dudó en meter el dedo en una posible herida identitaria: “moros de mierda”, los llamó. Yo ni me había dado cuenta de que los hinchas podían ser de procedencia migratoria como yo (y como la argentina, por otro lado), solo vi las camisetas y las banderas candentes. Me acordé del patio de mi colegio y de cómo los insultos racistas surgían cuando alguno no sabía perder. ¿Qué más doloroso podía decirles a los españoles descendientes de inmigrantes que recordarles su origen impuro? Y ahí es donde las banderas y los himnos y las identidades colectivas se me antojan peligrosas, cuando la propia frustración lleva al odio del “otro”.

Fuente: https://letraslibres.com

Por: Najat El Hachmi

 

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Bolígrafo Parker Jotter GT Acero Inoxidable con Detalles Dorados

 

 

  • Jotter de acero inoxidable con el clip acabado en dorado
  • Estilo aerodinámico con líneas limpias para una nueva versión del icónico diseño PARKER Jotter
  • Cuerpo de acero inoxidable con detalles dorado brillante y un clip de punta de flecha
  • El diseño retráctil del Jotter se abre y se cierra con un clic


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Libro: Indoblegables, laboriosos y perspicaces. La inmigración china en el Perú y el tratado de 1874

 

 

En este libro se narra la historia de la comunidad china que llegó al norte del Perú en el siglo XIX y se demuestra que no era un grupo humano doblegado, pasivo y sin iniciativa ni agenda.

A partir de fuentes primarias y de una extensa y actualizada bibliografía, el autor desentraña algunos conceptos y hechos que se han estado interpretando equivocadamente, con lo que nos permite visualizar a la comunidad china del norte peruano de la segunda mitad del siglo XIX en forma mucho más clara. Por todas estas razones, Situ se convierte en uno de los principales especialistas en el tema de la migración china al Perú dando cuenta de sus actividades laborales, sus luchas por una voz y representatividad adecuada, y su espacio en la sociedad peruana, ganado con esfuerzo y dedicación».

Scarlett O´Phelan Godoy.


MIGUEL SITU CHANG

(司徒国才) es doctorando en Historia en la Pontificia Universidad Católi­ca del Perú (PUCP). Ha publicado los artículos «El trabajo cautivo, la ley de 1849 y los inicios de la inmigración extranjera en el Perú republi­cano», en la revista Histórica (2021) de la PUCP, y «El imperio del Brasil y la Confederación Perú-boliviana», en la revista Política Internacional (2007) de la Academia Diplomática del Perú. Es miembro del Grupo de Investigación sobre Inmi­gración Europea y Asiática al Perú del Instituto Riva-Agüero de la PUCP.


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Autor: Miguel Situ Chang (司徒国才)

Editorial: Fondo Editorial PUCP

Tamaño: 17 x 24 cm.

Páginas: 308

Año: 2024

 

Rompecabezas Colección Arequipa: Molino de Sabandía - Tomo VII

 

 

El Molino de Sabandía data del año 1621 y tiene casi 400 años en funcionamiento. Hace uso de las aguas de un manantial para girar los enormes molinos de roca. El espacio representa la arquitectura típica de la región en la que predominó el uso del sillar. El Molino de Sabandia fue construido por el maestro en arquitectura y cantería Francisco Flores por encargo del vecino hispánico don García de Vargas Machuca. El espacio fue habilitado recibir a los virreyes de la época.

Según la reseña histórica, el Molino de Sabandia no solo era un espacio para recibir al Virrey, sino también fue un abastecedor de harina para el alimento de los pobladores de Arequipa. Sin embargo, por la modernidad de dejo de utilizar a finales del siglo XIX. 

Incluso en el siglo XX, llegó al extremo de ser un montón de ruinas. Los restos de sillar estaban regados por todas partes, las puertas y portones estaban destruidos o desaparecidos, ni que hablar de los techos.  

Su restauración comenzó en 1971 a cargo del presidente del Banco Central Hipotecario don Arturo Seminario García. Para esa década, el alto funcionario se propuso la restauración de monumentos de la Ciudad Blanca. Es así que convocó al arquitecto Luis Felipe Calle quien se encargó de su restauración. Los trabajos terminaron en 1973.  

 

COLECCIÓN ROMPECABEZAS PERÚ

 

COLECCIÓN ROMPECABEZAS AREQUIPA

 

COLECCIÓN ROMPECABEZAS AREQUIPA DE ANTAÑO

  • Tranvía Eléctrico de Arequipa - Tomo I
  • Catedral de Arequipa - Tomo II
  • Laguna de Tingo - Tomo III
  • Calle Mercaderes - Tomo IV