A Hollywood le encantan los apocalipsis: el fin del mundo se abalanza sobre nosotros y nuestro héroe debe evitarlo. Pero el apocalipsis como destructor de la humanidad, aunque útil como drama para los guionistas, no es una definición estrictamente exacta.
La palabra deriva de apokalypsis, un vocablo griego que significa “revelación”, un momento en el que el telón se corre hacia atrás y vislumbramos la realidad. Las ilusiones se desvanecen y surge algo oculto. Otra forma de decirlo podría ser esta: un apocalipsis no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo y el comienzo de algo nuevo.
Algunas de las películas de Christopher Nolan, como Interestelar y Tenet, encajan en la idea de apocalipsis de Hollywood: la humanidad está al borde de la destrucción, debido a una plaga o a un misterioso dispositivo del fin del mundo. Pero la verdadera pasión de Nolan, en casi todas sus películas, es la concepción más reveladora del apocalipsis. Es por eso que La odisea fue una opción tan obvia para que él la adaptara, y por lo que la película se siente como una obra complementaria a su largometraje anterior, Oppenheimer.
En ambas películas, las ambiciones de Nolan se extienden mucho más allá de las historias individuales que cuenta, o incluso de las épocas en las que se desarrollan. Parece querer que consideremos a la humanidad como un todo, cómo estamos conectados a través de las eras y las civilizaciones. En estas dos películas, el apocalipsis en realidad llega. Sin embargo, los mundos de los personajes siguen girando después de que ruedan los créditos, y quedan irrevocablemente alterados. Ha comenzado una nueva era.
El Odiseo de la película de Nolan es en muchos sentidos un héroe protomoderno, un hombre complicado pero virtuoso. Vive según la ley de la hospitalidad de Zeus —aceptar a todos los forasteros, pues podrían ser dioses— y espera que los demás hagan lo mismo. Mientras que en la antigüedad a un héroe se le definía por sus hazañas de fuerza más que por su carácter moral, este Odiseo cree en el honor, hasta el punto de asegurarse de que el animal que está a punto de cazar tenga una advertencia justa. Desprecia abiertamente la fijación de sus hombres por los “presagios y sacrificios” como formas de manipular el mundo; la deidad a la que adora es Atenea, la diosa de la sabiduría práctica y del aspecto intelectual del arte de la guerra.
Gran parte de La odisea involucra el paso del tiempo, una de las fijaciones de Nolan. Todos son muy conscientes de los muchos años que Odiseo ha estado ausente de Ítaca, y la necesidad de Odiseo de olvidar su trauma lo lleva a perder la noción de los años en la isla de la ninfa Calipso. Pero lo que es más importante, los personajes de La odisea son conscientes de que viven en una época particular —la Edad del Bronce— en la que la civilización se sustenta en rituales como honrar a los muertos y en logros humanos como la alfabetización. Los personajes se dan cuenta de que su era se está desmoronando.
Esto hace eco de la experiencia de los personajes en Oppenheimer. Al igual que Odiseo, el físico teórico J. Robert Oppenheimer es uno de los hombres más inteligentes del planeta, y sabe que las reglas que guían a su civilización parecen estar a punto de desmoronarse. Las nuevas tecnologías y descubrimientos están haciendo pensable lo impensable, y él se ve atrapado en ello, creando la bomba atómica sin comprender del todo, o tal vez sin ser capaz de aceptar, que no puede controlar lo que sucederá después.
De manera similar, el Odiseo de Nolan considera que el momento en el que el caballo de Troya entró rodando a la ciudad de Troya —lo cual fue su idea, y llevó al fin del asedio y a la caída de la ciudad— fue, de manera bastante literal, un momento de apocalipsis que puso fin a una era. Odiseo le dice a su esposa, Penélope, que sabía exactamente lo que había hecho con este “regalo” a los troyanos: “La idea de un hombre, el ardid de un hombre para romper la ley de Zeus para siempre”. En ese acto, dice, “violamos todo lo que alguna vez fue sagrado entre las personas y convertimos una pelea en una cacería” que carece del honor en el que cree. Además, piensa que este acto inspiró a otros a ignorar la ley de Zeus, una ruptura que conducirá directamente al colapso de la Edad del Bronce, sumiendo al mundo en la oscuridad.
Al igual que la bomba atómica, la distorsión de la ley de Zeus por parte de Odiseo conduce a la muerte masiva. Altera la línea del tiempo, aplasta la civilización, pone fin a una época. Y para Nolan, esto no es algo que haya sucedido una sola vez en la historia.
Sus películas están llenas de exploraciones en las que el tiempo se repite, se pliega, se desliza y se invierte. En La odisea, los personajes citan repetidamente líneas que aparecerán más tarde en la Biblia: la ley de Zeus resuena en Hebreos 13:2: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Al hacerlo, Nolan nos recuerda —al público contemporáneo— que las reglas que siguen estos personajes no solo fueron inventadas por ellos; son recurrentes en toda la civilización.
En la película, Odiseo y Penélope hablan del futuro, de cómo se contarán sus historias y de lo que la humanidad perderá y recuperará. En otras palabras, para Nolan, estos personajes saben que forman parte de una larga cadena de civilizaciones en la que muchos de sus propios patrones se repetirán, tal vez, por ejemplo, en la creación de una bomba atómica que podría tanto poner fin a una guerra como aniquilar a la humanidad. Nunca más volverían los humanos a vivir en un mundo sin esa posibilidad.
Las otras películas de Nolan también exploran una especie de contrato social cósmico. En El caballero de la noche, el Guasón obliga a los pasajeros de un barco a decidir si preservan su ética y mueren, o si renuncian a su moral para salvar su propio pellejo, una versión de dos acertijos filosóficos, el problema del tranvía y el dilema del prisionero. En Tenet, Nolan considera lo que le debemos al futuro al contar una historia sobre personas que intentan revertir un apocalipsis que aún no ha sucedido. En Interestelar, utiliza el concepto de tiempo en bucle para imaginar la conexión de un padre y una hija a través de las dimensiones que podría salvar a la humanidad de una plaga devastadora.
Esta es otra forma de decirlo: Nolan hace películas apocalípticas en las que la revelación es que todos los humanos estamos conectados. Estamos vinculados entre nosotros en lo que nos debemos mutuamente, esos lazos sagrados que, una vez rotos, son difíciles de reparar. Y también estamos vinculados a aquellos en el pasado y en el futuro: lo que hacemos ahora es un eco de nuestros antepasados y tiene consecuencias para nuestros descendientes.
En estas aspiraciones, La odisea tal vez sea la película más grandiosa de Nolan. Al igual que Oppenheimer, cuenta la historia del hombre más inteligente de la tierra, el cual se da cuenta de que ha ganado su batalla pero ha perdido la guerra, y que ha cambiado de forma inalterable el curso de la humanidad: una carga monumental casi demasiado grande para soportarla. Pero cuanto más majestuosas y épicas se vuelven las películas de Nolan, más humanista parece ser él también.
Odiseo y Penélope discuten sobre el fin de su mundo. Pero el sol, deciden, volverá a salir. Tal vez cada nueva era nos dé la oportunidad de intentarlo de nuevo y salvarnos.
Fuente: https://www.nytimes.com
Por: Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005
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