Mientras la película de terror 'Sinners' se prepara para arrasar en los
Oscar, analizamos cómo y por qué el género vampírico ha cautivado al
público por tanto tiempo. ¿Es esta tendencia realmente inmortal?
En vísperas de los premios Oscar, que tendrán lugar el 15 de marzo, todas las miradas están puestas en Sinner, de Ryan Coogler, nominada a un récord de 16 estatuillas.
La película de terror, ambientada a principios de la década de 1930 en el sur de Estados Unidos,
presenta a unos hermanos gemelos que regresan a su ciudad natal con la
esperanza de empezar de cero abriendo un espacio para la comunidad
afroamericana en medio de las presiones en la era de las leyes de
segregación racial.
A medida que se desarrolla la noche de la inauguración, la
celebración revela que los hermanos y su comunidad están siendo atacados
por vampiros.
Junto a los monstruos, la historia destaca la violencia social y
racial de la época, al sugerir que el horror sobrenatural refleja
temores históricos muy reales.
Esto es precisamente lo que la figura del vampiro ha hecho durante
años: representar las preocupaciones de cualquier sociedad. Este papel
es crucial para comprender por qué el vampiro ocupa un lugar
imperecedero en la cultura pop.
Una popular figura folclórica
Las figuras vampíricas han existido desde hace mucho tiempo en la
mitología, el folclore y la religión. En Mesopotamia existían historias
de demonios que bebían sangre. En la mitología griega y romana antigua,
la estrige era un ave del mal que se alimentaba con sangre. La mitología
hindú describía al vetala, un espíritu que habitaba en los cadáveres.
Más tarde, los vampiros aparecieron en el folclore eslavo y balcánico
y presentaron algunas de las características que hoy asociamos con el
monstruo sediento de sangre: cadáveres que revivían y caían fácilmente
presa de las estacas, la luz del sol y por supuesto el ajo.
El primer vampiro en la literatura inglesa apareció en el cuento El vampiro, de John Polidori, en 1819, encarnado por el aristocrático Lord Ruthven.
Le siguió el vampiro más famoso de la literatura, la novela Drácula, de Bram Stoker, en 1897, que consolidó el lugar del vampiro como un auténtico monstruo de la era gótica.
Los vampiros llegan a la gran pantalla
La fiebre vampírica alcanzó nuevas cotas con la llegada del cine. Se
han realizado cientos de películas protagonizadas por el conde
chupasangre, lo que lo convierte en el personaje literario más
representado en el cine después de Sherlock Holmes, según algunas
fuentes.
Las razones son múltiples, desde nuestra obsesión por alcanzar lo
imposible (la inmortalidad) hasta algo quizás aún más desconcertante.
"Los vampiros perduran porque son los monstruos que más se parecen a
nosotros. Actúan de forma similar: son codiciosos y destructivos",
afirma Sorcha Ni Fhlainn, profesora de estudios cinematográficos en la
Universidad Metropolitana de Manchester, en Reino Unido, y quien está
especializada en vampiros en el cine y la literatura.
"Aunque conocemos aproximadamente su aspecto, siempre están
cambiando, dependiendo de la historia que representan y a veces del
ambiente nacional en el que nos encontramos al momento del estreno de la
película", declaró a DW.
Nosferatu, de Werner Herzog (1979), es un ejemplo de película que reflexiona sobre el sentimiento nacional del momento, la Alemania
de la época, señala la académica. Este film, que presenta a un vampiro
que se muda a un pueblo rural para comprar una propiedad, es una
reflexión sobre la posguerra y el horror del Holocausto en el país.
Los vampiros se apoderan de Estados Unidos
En el contexto actual de agitación política y social en Estados
Unidos, no es difícil entender por qué estas criaturas podrían ser tan
populares en este momento, y no es el único período histórico.
La década de 1970, dice Ni Fhlainn, fue "una década con una fuerte
influencia de Drácula, aquella en la que tenemos las versiones más
condensadas de Drácula, Drácula en escena y muchas películas de
Drácula".
También fue una década de extrema agitación social. Estados Unidos
estaba sacudido por el escándalo de Watergate y las crisis
constitucionales, mientras que los partidos nacionalistas estaban en
auge en Europa. Mientras tanto, los vampiros estaban omnipresentes en la
cultura pop y sus personajes cambiaban para reflejar el espíritu de la
época.
A principios de la década, según la experto, Drácula solía ser
interpretado por un hombre mayor, "representando a este orden de
empresarios y personas poderosas de la tercera edad, una forma más
antigua de ver el mundo", como en películas como Dracula A.D. 1972.
A finales de los 70, emerge un Drácula más joven y atractivo, como en la novela de Anne Rice de 1976, Entrevista con el vampiro.
La figura del vampiro se sexualiza explícitamente en la adaptación
cinematográfica de la novela, protagonizada por Tom Cruise, y también en
la saga True Blood, por ejemplo.
El vampiro introspectivo
La tendencia del vampiro como figura seductora, falible,
introspectiva, que incluso buscando ocultar su verdadera identidad al
mundo exterior, se hace cada vez más evidente en el período posterior a
la Guerra Fría.
"Los vampiros tendían a introspeccionarse y a observar su sociedad,
su grupo, casi como un contexto nacional de reexaminación de quiénes
somos y hacia dónde vamos", señala Ni Fhlainn.
Las historias de vampiros nos brindan una manera de abordar aspectos
de la dinámica de poder y la desigualdad, al brindarnos la oportunidad
de discutir estos temas a través del lenguaje del simbolismo y la
fantasía, añade la académica.
"Creo que a veces no podemos abordar las cosas directamente; tenemos
que ser un poco indirectos para poder hablar realmente de las cosas
serias que suceden en nuestro mundo, porque de lo contrario es demasiado
profundo", dice. "Los vampiros nos brindan esa maravillosa oportunidad
de desentrañarlo todo".
Fuente: https://www.dw.com
Por: Sarah Hucal
MÁS INFORMACIÓN
CADENA DE CITAS