“No hay una buena manera de exponer estos hechos, que deben ser
aclarados antes de poder seguir con el libro. Mi marido y yo tuvimos dos
hijos y los perdimos a ambos. A Vincent en 2017, a los dieciséis años; a
James en 2024, a los diecinueve. Los dos eligieron el suicidio y los
dos murieron a poca distancia de casa”, escribe Yiyun Li en la primera
página de En la naturaleza las cosas crecen (Chai Editora,
traducción de Virginia Higa), libro que ha resultado ganador del
Pulitzer en la categoría de memorias o autobiografía 2026. “No hay una
buena manera de decir esto” es el título del primer epígrafe del libro,
frase tomada de la policía: “cuando llega la policía es inevitable que
introduzcan las malas noticias con esa frase”, escribe.
Yiyun Li, escritora china de nacimiento y estadounidense de
residencia y de escritura, ha elegido el inglés como lengua de
escritura, es autora de Querida amiga, desde mi vida te escribo a tu vida
(Chai editora, traducción de Virginia Higa), un libro donde, entre
lecturas y recuerdos, asomaba la patita del suicidio como tema, a través
de escritores suicidas, a través de intentos de suicidios propios y
ajenos. (Escribí del libro aquí.) Galaxia Gutenberg publicó un libro de relatos de Li, Muchacho de oro, muchacha esmeralda, en 2013.
En la naturaleza las cosas crecen es un libro de filosofía
casi más que de literatura, casi de moral y literatura: “Este libro
trata sobre situaciones extremas de la vida, sobre hechos y lógica, y
está escrito desde un lugar abismal en el que ningún padre quiere estar.
Este libro no hará las preguntas que queréis que haga ni brindará la
sensación de cierre que tal vez esperéis de él”. Habla de cómo la
ficción ayuda, de cómo se ve superadísima por la realidad, habla de las
tragedias griegas, de Shakespeare, de jardinería, de lo que escriben en
los periódicos, de su madre maltratadora. Es un libro delicadísimo por
el material del que trata y a la vez es un libro de una fortaleza
increíble, sin sentimentalismos. Pero sobre todo, no es un libro de
duelo: “[…] estoy en contra de la palabra ‘duelo’, que en la cultura
contemporánea parece indicar un proceso que tiene un punto final: cuanto
más rápido lleguemos allí más rápido nos demostraremos a nosotros
mismos que podemos aceptar las pérdidas que nos presenta la vida, y los
demás se sentirán menos incómodos en nuestra compañía. […] No quiero un
punto final para mi tristeza. La muerte de un hijo no es una ola de
calor o una tormenta de nieve, no es una carrera de obstáculos que hay
que correr y ganar, tampoco una enfermedad aguda o crónica de la que hay
que recuperarse. ¿Qué es el duelo más que una palabra, un atajo, una
simplificación de algo mucho más grande que esa palabra?”
En la naturaleza las cosas crecen tiene una estructura
compleja a pesar de su aparente sencillez; contiene sabiduría, que Yiyun
Li habría preferido no tener, y es un libro profundamente respetuoso y
cuidadoso con sus hijos y su marido. Hay también agradecimiento a los
amigos que la acompañan. Logra un delicado equilibrio entre lo que
cuenta y lo que no, cómo preservando la intimidad de los hijos nos
hacemos una idea de los dos, increíblemente inteligentes los dos; James
superdotado y precoz en todo; Vincent profundamente sensible; los dos
unidos, hermanos y mejores amigos, como dice la dedicatoria del libro.
No cuenta cómo lo hacen, la pregunta de por qué asoma, pero más bien lo
que hay es un respeto hacia la decisión que tomaron los muchachos, cada
uno a su tiempo, con seis años de diferencia. Así como en el caso de
Vincent, ella siempre temió el suicidio, en el de James, no lo vio
venir.
En la naturaleza las cosas crecen es un libro terriblemente
triste, no puede ser de otro modo por el asunto que trata, pero es sabio
y luminoso y hay comprensión y respeto y muchos libros; de nuevo, como Querida amiga… , es un libro de libros.
Fuente: https://letraslibres.com
Por: Aloma Rodríguez
YIYUN LI
(Pekín, 4 de noviembre de 1972) es una escritora chino-estadounidense. Sus novelas retratan la sociedad china en la que vivió. Yiyun Li nació en Pekín (China) se graduó en ciencias de la Universidad de Pekín, una ex prodigio de las matemáticas que había emigrado de China a los Estados Unidos en 1996, para estudiar inmunología y acabó dedicándose a la escritura creativa en un esfuerzo por mejorar su inglés. Obtuvo un título universitario del Iowa Writers' Workshop y otro en ensayo creativo por la Universidad de Iowa. Sus relatos y artículos han aparecido en publicaciones como The New Yorker, The Paris Review o Zoetrope: All-Story. En dos años, fue catalogada como una de las 21 mejores
jóvenes novelistas estadounidenses de Granta , sin haber publicado una
novela, y dos de las historias de Mil años de buenas oraciones habían sido llevadas al cine por el director chino estadounidense Wayne Wang. Reside en Oakland (California) con su marido e imparte clases en la Universidad de California (Davis).
Desafortunadamente sus dos hijos, Vincent y James murieron por suicidio en 2017 y 2024 respectivamente.
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