martes, 24 de marzo de 2026

Poeta 826: Las guerras de Jorge Luis Borges

JORGE LUIS BORGES

(Buenos Aires, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986) Escritor argentino considerado una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX. Cultivador de variados géneros, que a menudo fusionó deliberadamente, Jorge Luis Borges ocupa un puesto excepcional en la historia de la literatura por sus relatos breves.

Aunque las ficciones de Borges recorren el conocimiento humano, en ellas está casi ausente la condición humana de carne y hueso; su mundo narrativo proviene de su biblioteca personal, de su lectura de los libros, y a ese mundo libresco e intelectual lo equilibran los argumentos bellamente construidos, simétricos y especulares, así como una prosa de aparente desnudez, pero cargada de sentido y de enorme capacidad de sugerencia.

Recurriendo a inversiones y tergiversaciones, Borges llevó la ficción al rango de fantasía filosófica y degradó la metafísica y la teología a mera ficción. Los temas y motivos de sus textos son recurrentes y obsesivos: el tiempo (circular, ilusorio o inconcebible), los espejos, los libros imaginarios, los laberintos o la búsqueda del nombre de los nombres. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico.

Ficciones (1944), El Aleph (1949) y El Hacedor (1960) constituyen sus tres colecciones de relatos de mayor proyección. A pesar de que su obra va dirigida a un público comprometido con la aventura literaria, su fama es universal y es definido como el maestro de la ficción contemporánea. Sólo su ideario político pudo impedir que le fuera concedido el Nobel de Literatura.

 

LAS GUERRAS 

Oscuro ya el acero, la derrota
tiene la dignidad de la victoria;
la arena que ha medido su remota
sombra las dora de una misma gloria.
Las purifica de clamor y euforia
crasa y convierte en una cosa rota
el arco jactancioso. Gota a gota
el tiempo va cubriendo nuestra historia.
Ilión es porque fue. El antiguo fuego
que con impía mano encendió el griego
es ahora su honor y su muralla.
El hexámetro dura más que el fuerte
fragor de los metales de la muerte
y la elegía más que la batalla. –


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lunes, 23 de marzo de 2026

Cita CMXXX: Una guerra imposible La guerra que Estados Unidos e Israel emprendieron contra está alimentada por convicciones absolutas, agravios históricos, memorias de humillación. No tendrá una salida fácil

Todas las guerras son un problema. Todas las guerras tienen un inicio, algunas veces eufórico, que influye en el espíritu nacional y que durante un tiempo parece justificarlo todo. La emoción, la unidad, la épica, la idea de una causa superior está justificada bajo esa causa u objetivo aparentemente común. Pero normalmente, conforme se empieza a pagar el precio de la guerra en forma de muertos, problemas, dificultades económicas, miedo y pura supervivencia, la guerra se vuelve un lastre que todo gobierno, incluso cuando la termina ganando, acaba pagando.

La guerra de Israel contra Irán, con el respaldo decisivo de Estados Unidos, es una guerra santa. No necesariamente en el sentido teológico más puro para todos sus actores, pero sí en el sentido más profundo y peligroso: el de una guerra alimentada por convicciones absolutas, por agravios históricos, por memorias de humillación y por la imposibilidad moral de aceptar al otro como un adversario con el que simplemente se negocia.

Es una guerra santa para los iraníes, por su condición de república islámica y de gobierno de los ayatolás. Lo es también para Israel porque, después de todos estos años sobreviviendo –cosa que hubiera sido imposible sin el apoyo permanente y perpetuo de Estados Unidos a la consolidación del Estado de Israel–, después de la matanza del 7 de octubre de 2023 a cargo de Hamás, Israel decidió que ya había ocupado demasiado tiempo el lugar de la víctima y que no pondría nunca más los muertos desde la resignación histórica. Ese ataque, perpetrado por Hamás, se convirtió en un punto de quiebre político, militar y psicológico para el Estado israelí.

Más allá del ojo por ojo, más allá de lo que sería una respuesta ponderada, es como si de golpe todos los años de antisemitismo, de persecución, de luchas, de amenazas permanentes y de conflictos acumulados hubieran llegado a un punto final. Como si, de repente, la convicción dominante en Israel fuera que esa historia no podía prolongarse más y que el tiempo de la contención había terminado. Esa es la atmósfera moral del conflicto, y sin entenderla no se entiende nada de lo que está pasando.

Lo de menos fue la respuesta sobre Gaza y Hamás, no porque carezca de importancia –la tiene y es inmensa–, sino porque eso no fue la gota que derramó el vaso. Han sido muchos años, al menos desde 1982, de convivencia con un enemigo que no solo tiene odio, sino preparación, estructura, paciencia, capacidad militar y estándares de eficiencia operativa muy superiores a los de otros actores armados de la región. Hezbolá, la milicia chiita creada en el Líbano en 1982 bajo la influencia de la revolución iraní y con apoyo decisivo de Irán, tomó el relevo del protagonismo sangriento que en otros momentos habían tenido la OLP y otros grupos palestinos y acabó convirtiéndose en la principal amenaza armada no estatal en la frontera norte de Israel.

A partir de ese momento –comenzando por el atentado contra el barracón de los marines en Beirut en 1983–, Hezbolá no hizo más que crecer y crecer hasta el punto de convertirse, de hecho, en uno de los grandes poderes reales del Líbano. Llegó un momento en el que la única seguridad efectiva que tenía el Estado libanés como Estado no provenía plenamente de sus instituciones, sino de la capacidad de control territorial, intimidación, despliegue y fuerza de Hezbolá. Y Hezbolá nunca hubiera podido existir, mantenerse ni alcanzar ese nivel de eficiencia sin el soporte decidido de Irán en todos los órdenes: ideológico, financiero, militar, logístico y estratégico.

Irán, desde el primer día de la revolución, dejó claro que su guerra no era solo regional, sino también ideológica y civilizatoria. Cuando se asaltó la embajada estadounidense en Teherán el 4 de noviembre de 1979 y tomaron como rehenes a más de 50 estadounidenses durante 444 días, el nuevo régimen le dijo al mundo cuál era su lenguaje político y cuál iba a ser su relación con Estados Unidos. La liberación de los rehenes coincidió con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, pero la crisis se incubó y se desarrolló bajo la presidencia de Jimmy Carter.

Es más, la guerra de los iraníes –antes de la consolidación total del propio Khomeini en el poder– fue, sobre todo, una guerra contra Estados Unidos y contra todo lo que representaba su influencia en Irán. El nuevo régimen construyó buena parte de su legitimidad sobre la idea de que el sha Mohammad Reza Pahleví no habría podido sostenerse sin el respaldo de Washington y sobre la convicción de que la modernización autoritaria del antiguo régimen había sido, en realidad, una forma de sometimiento nacional. Khomeini no llegó al poder simplemente para cambiar un gobierno; llegó para fundar un régimen definido por la ruptura con Occidente y por una vocación revolucionaria que nunca fue solo interna.

Gran parte de la tragedia que hoy seguimos viviendo es atribuible, para muchos, a la política errática que siguió Jimmy Carter y su secretario de Estado, Cyrus Vance, en el manejo del final del régimen del sha. No se trata de reivindicar al sha ni de sostener que debía haberse mantenido en el poder a cualquier precio. Se trata de entender que desmontar un régimen sin saber con claridad qué lo sustituiría, y sin medir la naturaleza del enemigo que venía detrás, abrió la puerta a una república islámica que hizo de la hostilidad hacia Estados Unidos una razón de Estado.

Donald Trump fue el único presidente de Estados Unidos que se atrevió a cambiar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Con ello se cerraba, al menos desde la óptica israelí y trumpista, el viejo debate diplomático de negarle a Jerusalén la centralidad política que Israel le atribuye como capital del Estado. A partir de ahí, la suerte estaba echada. Cada vez resultaba más difícil imaginar una retirada completa del compromiso político de Washington con Israel.

De manera paralela, se fue afianzando otra apuesta: la de los Acuerdos de Abraham –impulsados por Donald Trump y por Jared Kushner– para incorporar a varios países árabes a una nueva lógica de relación con Israel. Lo que durante décadas parecía imposible empezó a adquirir forma diplomática en 2020 con la normalización entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, a la que después se sumaron otros pasos regionales. Detrás de ese movimiento estaba una idea estratégica muy clara: aislar a Irán, normalizar a Israel en el mundo árabe y dejar siempre en el horizonte a Arabia Saudita como la gran pieza que, de concretarse plenamente, podría cambiar la arquitectura regional.

Israel no volverá nunca más al equilibrio del terror que significa convivir con un enemigo cuyo elemento principal es su destrucción. Y menos todavía cuando ese enemigo, a diferencia de otros gobiernos o movimientos que lo rodean, ha demostrado un nivel de eficiencia, eficacia, profesionalidad y capacidad de daño que lo convierte en un enemigo muy peligroso.

Por parte de Estados Unidos, la capacidad de destruir a Irán existe en términos militares, pero una cosa es la superioridad de fuego y otra muy distinta la posibilidad de cerrar una guerra, administrar el día después y evitar que el caos provocado sea todavía peor. Al final del día, la decrepitud, la fatiga estratégica y la crisis del imperio estadounidense alimentan las locuras de los más locos. Si no se interrumpe a tiempo, Irán podría seguir acercándose a capacidades nucleares militares que, sumadas a un mundo ya trastornado por Rusia, China y Corea del Norte, volverían todavía más inestable el equilibrio global.

Esta es una guerra imposible porque no tiene una salida fácil. Terminado el bombardeo, supuesta la destrucción parcial de instalaciones, debilitado incluso el gobierno de los ayatolás, habría que convivir todavía con un mundo lleno de fanáticos, milicias, redes ideológicas, aparatos clandestinos y estructuras políticas que han hecho de la guerra santa y de la destrucción de sus enemigos una manera de vivir y una razón de existir.

Es muy difícil construir la paz a partir de aquí, y eso lo saben incluso los enemigos de la guerra. En cualquier caso, en Washington y en Estados Unidos, la gente ha empezado a tener miedo. Miedo de que lo de Irán termine convirtiéndose en otro Irak, en otra guerra interminable en Medio Oriente. Miedo de empezar a perder vidas jóvenes en una guerra imposible de cerrar. Miedo porque, aunque haya mucho costo, mucha destrucción y mucho daño, es muy difícil ganarle del todo a un enemigo que lo primero que pone en la balanza, cuando entra a luchar, es que no le importa perder la vida.

Por último, el mensaje de Trump sobre el ataque israelí –y la forma en la que se deslinda de todo conocimiento previo o colaboración– al campo de gas South Pars introdujo un elemento clave. South Pars-North Dome no es un objetivo cualquiera; es energía, poder, presión global. Es el campo de gas más grande del mundo ubicado entre Irán y Qatar.

La respuesta no tardó en hacerse presente: horas después del ataque israelí, Irán atacó Ras Laffan en Qatar, la que es la planta de gas licuado más grande del mundo. Estos hechos confirman que el conflicto ha escalado a un nuevo nivel, se ha adentrado al terreno energético y a las infraestructuras críticas del Golfo y, con ello, está poniendo en grave peligro el abastecimiento energético no solo de la región, sino del mundo entero. ~

Fuente: https://letraslibres.com

Por: Antonio Navalón

 

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Revista: GQ | Marzo 2026 | Latinoamérica

GENTLEMEN'S QUARTERLY

 

 

  • BTS está de regreso. El esperado comeback de BTS, el grupo que redefinió el pop global desde Seúl y vuelve a marcar el ritmo de la industria.
  • El gran regreso de Sergio Pérez a la Fórmula 1
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Podcast La Órbita De Endor: ONE PIECE temporada 2

 

 

Llega la temporada dos del live action de ONE PIECE y de nuevo nos embarcamos en lo que va a ser la continuación de nuestro viaje. Comparando la adaptación con el manga original intentaremos hacer el mejor y más objetivo análisis de una serie que pretende llevar a imagen real y actores de carne y hueso la historia más disparatada jamás inventada en cómic alguno. Y sí, cuando se hace sin complejos y con desparpajo, con esa filosofía de que la diversión es lo primero, nadie hace el ridículo. Hoy se reúne la tripulación compuesta por Paco Garrido, Lord Pelayo, Vicenç Sanz y Antonio Runa, con frutas demoníacas que les otorgarán poderes de podcasters extravagantes. ¡Cállate y ven con nosotros!

Fuente: La Órbita De Endor

 

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Revista: El Búho Especial

 


  • La arquitectura de Arequipa como expresión única de mestizaje. Luis Maldonado
  • 25 años de la inscripción del Centro Historico de Arequipa en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Alonso Ruiz Rosas
  • EL PDM 2025, los problemas urbanos actuales y la gestión para la conservación. Fernando Maldonado
  • El reto de la restauración. William Palomino
  • Inteligencia artificial para preservar el barroco mestizo: un nuevo capitulo en la historia de Arequipa. Liz Bernedo, Fernando Cuzziramos
  • La “otra” arquitectura de Arequipa. Daniel Málaga Montoya
  • La academia irreemplazable. Juan Carlos Valdivia
  • Mapa mental del Centro Histórico: añoranzas en los ojos de escritores. Zoila Vega, Oswaldo Chanove, Alejandra Bedoya, Rolando Luque, William Díaz, Teresa Ruiz Rosas
  • Patrimonio cultural: expresiones artísticas en la ciudad. Germán Rondón
  • Álbumes fotográficos. Hermann Bouroncle
  • Elogio a Arequipa. Juan Guillermo Carpio Muñoz

 

Editorial: Editora Milenio S.A.  

Páginas: 44

Formato: 22 * 28 cm.  

Número: Especial. Diciembre 2025

 

domingo, 22 de marzo de 2026

Cita CMXXIX: ¿Llegaron realmente tan temprano los humanos a Sudamérica?

Investigadores proponen que Monte Verde podría ser miles de años más reciente de lo estimado debido a procesos geomorfológicos del valle. La hipótesis ha sido cuestionada por otros especialistas.

El yacimiento arqueológico de Monte Verde, en el sur de Chile, podría tener entre 4.200 y 8.200 años de antigüedad y no los 14.500 que se le habían atribuido inicialmente, lo que pone en tela de juicio la cronología de la colonización humana de Sudamérica.

Una investigación que publica Science realiza la primera datación independiente del yacimiento en los casi 50 años transcurridos desde las excavaciones iniciales, y sugiere que "Monte Verde no puede ser anterior al Holoceno Medio".

Nueva datación cuestiona antigüedad de Monte Verde

"Dado que la colonización ya no se basa en Monte Verde, nuestra cronología revisada respalda una fecha más reciente para la llegada del ser humano a Sudamérica", escriben los investigadores, encabezados por Claudio Latorre, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Todd Surovell, de la Universidad de Wyoming (EE. UU.).

Las dataciones anteriores sugerían que el yacimiento estuvo ocupado hace aproximadamente 14.500 años, lo que lo hacía casi 1.500 años más antiguo que la cultura Clovis, el punto de referencia que en su día fue dominante para los primeros asentamientos humanos en América. 

Una teoría relativamente reciente, pero ampliamente aceptada, indicaba que los pueblos que fabricaron y utilizaron las puntas Clovis en América del Norte no fueron los primeros habitantes de las Américas al sur de los casquetes de hielo continentales.

Monte Verde y la cultura Clovis: cronología en debate

"Gracias a la validación del yacimiento de Monte Verde por parte de expertos externos hace 29 años, nuestra comprensión de la fecha de la llegada del ser humano a América cambió radicalmente", indicó Todd Surovell, uno de los firmantes del artículo. El nuevo estudio propone que el yacimiento "es mucho más reciente de lo que se creía inicialmente", añade citado por su universidad. 

El equipo reexaminó la edad y el contexto geológico de Monte Verde II mediante la descripción, el muestreo y la datación de nueve afloramientos sedimentarios a lo largo de las orillas del cercano arroyo Chinchihuapi.

Metodología: análisis del arroyo Chinchihuapi

El yacimiento de Monte Verde se encuentra a orillas del arroyo Chinchihuapi, un afluente del río Maullín situado a 58 kilómetros del océano Pacífico.

Los investigadores descubrieron que la datación de los materiales encontrados en Monte Verde, que se remontan a hace 14.500 años, puede explicarse por la erosión o la redepositación a lo largo del arroyo.

Los depósitos del arroyo contienen restos de madera de la Edad de Hielo que pudieron incorporarse a sedimentos arqueológicos más recientes, lo que explica cómo un yacimiento de menos de 9.000 años puede arrojar dataciones por radiocarbono de hace más de 14.000 años. 

Del mismo modo que datar directamente la piedra con la que se ha fabricado un artefacto no revela la fecha de fabricación de una herramienta, datar la madera de Monte Verde no permite determinar la fecha de ocupación del yacimiento, explicó la Universidad de Wyoming.

Cenizas volcánicas: evidencia clave de ocupación más reciente

Los investigadores también identificaron rastros de la llamada Tefra de Lepué, una erupción volcánica ocurrida hace unos 11.000 años que sirve como referencia geológica en la región. Según el equipo, la posición de esta capa no encaja con una ocupación humana de 14.500 años, ya que en ese caso debería aparecer por encima del nivel arqueológico, algo que no ocurre en los sedimentos analizados.

Surovell explicó a Live Science que, en su interpretación, la erosión del arroyo habría excavado el terreno y redepositado sedimentos más antiguos sobre el sitio, lo que habría hecho que el yacimiento pareciera mucho más antiguo de lo que realmente es.

Aunque estos hallazgos no descartan la posibilidad de que la entrada inicial a América se produjera antes de la cultura Clovis, los autores señalan que sus resultados serían compatibles con la hipótesis de una migración temprana a través del interior de América del Norte continental como una posible vía de colonización.

El nuevo trabajo se inscribe además en una línea de investigación previa encabezada por Surovell, que ha planteado que algunos yacimientos de América del Norte y del Sur podrían parecer más antiguos de lo que realmente son debido a la reinterpretación o al desplazamiento de materiales arqueológicos en los estratos.

Expertos cuestionan el nuevo estudio

Las conclusiones, sin embargo, han sido recibidas con escepticismo por parte de algunos especialistas. Según recoge Live Science, el arqueólogo Tom Dillehay, de la Universidad de Vanderbilt y uno de los investigadores históricos del sitio, cuestiona que exista realmente una capa de ceniza de 11.000 años situada bajo Monte Verde II y sostiene que el estudio se basa en observaciones realizadas en áreas cercanas, no directamente en el propio yacimiento.

Otros expertos también han criticado el enfoque geológico del trabajo. El geoarqueólogo Michael Waters, de la Universidad de Texas A&M, calificó el análisis como "seriamente deficiente" y señaló que faltan estudios clave del suelo y de los materiales arqueológicos –como análisis detallados de sedimentos o restos orgánicos– necesarios para sostener una reinterpretación tan profunda del sitio, según Live Science.

Debate científico y críticas desde Chile

El estudio también generó reacciones en Chile. Según informó BioBioChile, Dillehay defendió que las dataciones originales del sitio siguen siendo válidas y afirmó que los autores del nuevo estudio "no están estudiando el sitio, sino los alrededores".

La Fundación Monte Verde también cuestionó el trabajo y señaló que Dillehay detectó "errores metodológicos y empíricos", además de incidir en que la investigación no excavó directamente el yacimiento, según el mismo medio.

Los autores del estudio rechazaron esas críticas. El arqueólogo César Méndez, coautor del trabajo, afirmó a BioBioChile que el equipo sí trabajó dentro del polígono del sitio y que hasta ahora no han identificado objeciones científicas de fondo a sus conclusiones.

Por su parte, Claudio Latorre sostuvo que la geomorfología del valle respalda la reinterpretación propuesta y que, por la relación entre las superficies más antiguas del terreno y los sedimentos donde se encuentra el sitio, resulta difícil que el nivel arqueológico tenga los 14.500 años que se le atribuían.

Fuente: https://www.dw.com

Por: FEW (EFE, Science, Live Science, BioBioChile)

 

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Libro: Sentido y sensibilidad. Jane Austen. Novelas eternas

 

 

La familia Dashwood llevaba largo tiempo afincada en Sussex. Su propiedad era de buen tamaño, y en el centro de ella se encontraba la residencia, Norland Park, donde la manera tan digna en que habían vivido por muchas generaciones llegó a granjearles el respeto de todos los conocidos del lugar. El último dueño de esta propiedad había sido un hombre soltero, que alcanzó una muy avanzada edad, y que durante gran parte de su existencia tuvo en su hermana una fiel compañera y ama de casa. Pero la muerte de ella, ocurrida diez años antes que la suya, produjo grandes alteraciones en su hogar. Para compensar tal pérdida, invitó y recibió en su casa a la familia de su sobrino, el señor Henry Dashwood, el legítimo heredero de la finca Norland y la persona a quien se proponía dejarla en su testamento. En compañía de su sobrino y sobrina, y de los hijos de ambos, la vida transcurrió confortablemente para el anciano caballero. Su apego a todos ellos fue creciendo con el “tiempo. La constante atención que el señor Henry Dashwood y su esposa prestaban a sus deseos, nacida no del mero interés sino de la bondad de sus corazones, hizo su vida confortable en todo aquello que, por su edad, podía convenirle; y la alegría de los niños añadía nuevos deleites a su existencia. 

Primer párrafo de Sentido y sensibilidad.

 

Un clásico eterno que nos recuerda que la vida y el amor se viven entre razón y sentimientos. Las hermanas Dashwood enfrentan desengaños, pasiones y decisiones que marcarán su destino, en una historia que sigue emocionando a generaciones.

 

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