jueves, 5 de febrero de 2026

Podcast La ContraHistoria: La no revolución inglesa

 

 

La revolución de 1688, más conocida como revolución gloriosa, supuso el triunfo definitivo del parlamentarismo en Inglaterra. Trajo también el fin de la casa Estuardo, aunque en este caso con algunos años de retraso. Este acontecimiento no fue algo ni repentino, ni aislado, sino la culminación de un proceso que había dado comienzo casi un siglo antes. Durante ese tiempo proliferaron las tensiones entre la Corona y el parlamento, unas tensiones que dejaron un reguero de guerras civiles y la ejecución de Carlos I en 1649. El detonante final se produjo durante el reinado de Jacobo II, que ascendió al trono en 1685. Su abierto catolicismo y su uso de la "facultad de dispensa" para ignorar al parlamento despertaron el temor a que implantase en Inglaterra una monarquía absoluta similar a la de Luis XIV en Francia.

La desconfianza se transformó en crisis en 1688 por dos hechos: el juicio a siete obispos anglicanos que se opusieron al rey y, especialmente, el nacimiento de un heredero varón que sería criado como católico. Esto eliminaba la esperanza de una sucesión protestante a través de su hija María. Ante la amenaza de que se revirtiese la reforma anglicana, un grupo de parlamentarios que se dieron en llamar a sí mismos los "Siete Inmortales" invitaron a Guillermo de Orange, estatúder de los Países Bajos y esposo de María, a intervenir militarmente para proteger las libertades inglesas.

Guillermo organizó una gran expedición financiada por el banquero sefardí Francisco Lopes Suasso. En noviembre de 1688 desembarcó en Torbay con más de 15.000 hombres. La resistencia de Jacobo II se vino abajo rápidamente debido a las deserciones en su ejército y su propio colapso personal. Tras arrojar el Sello Real al Támesis y huir a Francia, el Parlamento declaró el trono vacante por una abdicación tácita.

En 1689 el parlamento ofreció la corona a Guillermo y María, pero con una condición sine qua non: la aceptación de la Declaración de Derechos o Bill of Rights. Este documento restringía mucho el poder real. Entre otras cosas prohibía al monarca suspender leyes y recaudar impuestos sin permiso parlamentario. Se materializó así el "contrato social" preconizado por John Locke, mediante el cual la legitimidad del soberano emana de un pacto con sus súbditos y no del derecho divino.

La estabilidad del nuevo régimen se reforzó con el Acta de Establecimiento de 1701, que excluía a perpetuidad a los católicos del trono. Esto permitió que, tras la muerte sin herederos de la reina Ana en 1714, la corona pasara de los Estuardo a la Casa de Hannover en la persona de Jorge I. Aunque Jacobo II intentó recuperar el trono con apoyo francés, su derrota en la batalla del Boyne en Irlanda selló su destino.

A diferencia de la Revolución Francesa, la Gloriosa fue un cambio de régimen relativamente incruento y conservador en sus formas, ya que no pretendía alumbrar un mundo nuevo, sino preservar las leyes tradicionales. Pero sus consecuencias fueron radicales. La estabilidad que otorgó a Gran Bretaña permitió su expansión imperial y la revolución industrial. El modelo de supremacía parlamentaria que quedó establecido entonces ha perdurado hasta el momento presente e influyó mucho en todas las revoluciones que vinieron después.  

Fuente: La ContraHistoria  

 

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