CARMELA NÚÑEZ URETA
Carmela Nuñez nació en Miraflores el 28 de enero de 1921, en una familia de notables artistas. Fue hermana de los reconocidos acuarelistas Teodoro y Alejandro Núñez Ureta. Además, madre de otro notable pintor, Pablo Núñez Ureta, fallecido en el 2001, a quien le dedico uno de sus más conmovedores poemas: «Las Palmeras de La Apacheta».
Además de poeta, fue maestra, periodista, actriz y presidenta fundadora de la Asociación de Escritoras de Arequipa, grupo con más de 30 años de presencia en la ciudad. Escribió cinco poemarios y fue reconocida a nivel local e internacional.
La escritora Luz Vilca, la recuerda como una mujer madura, guapa y muy segura de sí misma. Cuando la conoció en los años 80, era la presidenta del Centro de Escritoras de Arequipa. Recuerda que siempre participaba en las actividades culturales que se realizaban en Arequipa. Y que tenía un fantástico don de la palabra, por lo cual siempre terminaba recitando u ofreciendo el brindis correspondiente.
También recuerda como en aquellos años los poetas mayores, como padres, acogían a la nueva generación de poetas que nacía y les daban los mejores consejos. Entre ellos, Luzgardo Medina Egoavil y Oswaldo Chanove, quien realizaba el taller de poesía más importante de Arequipa en aquel entonces. Ahí se forjaron las canteras de los escritores más intensos de Arequipa, entre ellos Julia Barreda, Cesar Gutiérrez, Jaime Coaguila, entre otros.
Asi fue como Carmela tambien acogió a Luz Vilca, luego de que ganará su primer premio de poesía. Ella recuerda que Carmela le dijo “Guagua, ahora debes pertenecer al Centro de Escritoras”.
Cuando su hijo Pablo se encontraba muy delicado de salud, Carmela decía con mucho dolor en sus palabras que lo que él necesitaba era cambiar de clima. La tristeza fue mayor cuando él falleció, ya que había perdido a su único hijo. Desde aquel día, Carmela no dejaba de recordar a su hijo, quien fue su más grande alegría. Luego de su muerte, su más grande dolor.
Fuente: https://elbuho.pe/
LAS PALMERAS DE LA APACHETA
A veces titulado Las palmeras del cementerio.
Dedicado a la muerte de su hijo. Publicado en Tierra -2003.
Unípedas brujas, con los cabellos verdes
son las altas palmeras del viejo cementerio,
de la tarde a la noche se inclinan cuchicheando
sobre los muertos vivos que lloran a sus pies.
Qué oscuras palabras se dirán al oído,
¿conversarán acaso de amores perdidos?
hablarán de los muertos o tal vez de los vivos
que se quedan inertes tras los mármoles fríos.
No me gusta su altura porque no puedo oírlas,
solo el viento conoce sus palabras mudas;
si pudiera elevarme, llegar a su nivel
tal vez me contarían la historia que susurran.
Si por las noches salen los huesos a besarse,
si los cráneos se buscan, si se abrazan los húmeros,
si los fémures salen danzando entre los árboles
y las órbitas huecas persiguen a la luna.
Tal vez me cuenten como en las noches negras
las mandíbulas cantan salmodiando aleluyas,
se despiertan sonoras las antiguas caricias
y el amor resucita en los óseos coloquios.
Cómo me gustaría saber lo que ellas saben,
sacarles su secreto, robarles su misterio,
para entrar en su mundo sin temor y enredarme
por siempre en lo absurdo de su extraño murmullo.
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