domingo, 5 de noviembre de 2017

Cita CCCLI: Lo que lee el nobel de literatura Kazuo Ishiguro


¿Qué libros se encuentran en este momento en tu mesa de noche?

Como le he explicado muchas veces a mi esposa, todos los libros que están de mi lado de la cama son parte de algún proyecto fundamental, y no tiene caso limpiar y quitarlos. Por ejemplo, está mi proyecto sobre Homero: las nuevas traducciones al inglés de Stephen Mitchell de La Ilíada y La odisea. Estas versiones son ordenadas y menos líricas que las grandiosas traducciones de Falges, pero las emociones profundas se asoman poderosamente desde esas sutilezas.

Debajo de ellos está The Mighty Dead: Why Homer Matters, de Adam Nicolson, que quizá leeré, o no, después. Luego está mi proyecto del gótico sureño: El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers, y Sangre sabia, de Flannery O’Connor, ninguno de los cuales he leído. Encima de todos, sin embargo, está Joni Mitchell in Her Own Words: Conversations With Malka Marom

Curiosamente, he descubierto que admiro cada vez más a Mitchell conforme envejezco (lo opuesto de mi experiencia con la mayoría de sus colegas cantautores de la década de los setenta). Discos como Hejira y Blue ahora suenan innegablemente como arte del bueno y no estoy siendo para nada nostálgico cuando lo digo. Pero siempre ha sido un enigma para mí, y espero que este libro rebose de revelaciones silenciosas.

¿Quién es tu novelista favorito de todos los tiempos?

Recientemente, Charlotte Brontë desbancó a Dostoyevski. Conforme releo en mi madurez, soy menos paciente con el sentimentalismo de Dostoyevski y esas largas divagaciones improvisadas, que debieron haberse eliminado al editar. Sin embargo, su acercamiento a la locura es tan abarcador y profundo, que uno comienza a sospechar que se trata de una enfermedad universal. En cuanto a Brontë, bueno, le debo mi carrera, y muchas cosas más, a Jane Eyre y a Villete.

¿Qué libros quizá nos sorprendería encontrar en tus estantes?

Tengo una sección dedicada a narraciones sobre el Viejo Oeste. Dado lo central del mito fronterizo en la memoria colectiva estadounidense, me ha intrigado desde hace tiempo la reticencia de la comunidad literaria de EE. UU. para abrazar más incondicionalmente este género. Percibo cierto nerviosismo, evasión e inseguridad siempre que surge ese tema en círculos educados. ¿Será solo que las narraciones de vaqueros parecen pertenecer tanto al cine? ¿O habrá una inquietud más profunda por el territorio que inevitablemente ocupa? En mi librero están True Grit; Incidente en Ox-Bow; Meridiano de sangre (una obra maestra); Paloma solitaria (quizá también lo sea); Deadwood; Butcher’s Crossing; St. Agnes’ Stand; Los jinetes del sabio púrpura, y otras. Todas son muy buenas novelas. Pero no me mencionen The Virginian: los primeros dos capítulos son sólidos, pero luego es bastante pobre.

Además de tu obra narrativa, también has escrito canciones de jazz. ¿Cómo comparas escribir narrativa con componer jazz? ¿Tienes alguna novela favorita sobre el jazz?

Ahora solo escribo la letra. El saxofonista Jim Tomlinson compone y arregla, y juntos hacemos las canciones para la sublime cantante de jazz Stacey Kent. Pero he escrito canciones desde los 15 años y para mí la narrativa y las canciones siempre han estado muy superpuestas. Mi estilo como novelista proviene básicamente de lo que he aprendido escribiendo canciones. Por ejemplo, la calidad intimista y en primera persona de un cantante que se presenta ante una audiencia se quedó conmigo en las novelas. Lo mismo sucedió con la necesidad de acercarme a los significados con sutileza, en ocasiones empujándolos a los espacios entre líneas. Tienes que hacer eso todo el tiempo cuando escribes letras para que alguien las cante.

Nunca he leído una buena novela sobre jazz. Los experimentos de Kerouac en esa dirección fueron lamentables. Pero algo como Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Murakami, parece encarnar el espíritu del jazz; leerlo se acerca a escuchar una triste balada de jazz tarde en la noche. Hay tres películas sobresalientes sobre el jazz: Round Midnight, de Tavernier; Bird, de Eastwood, y la sumamente subvalorada Too Late Blues, que trata sobre músicos patéticamente fracasados en California a finales de los años cincuenta.

¿Cuál es el último libro que leíste que te hizo reír?

Amor en clima frío, de Nancy Mitford. Es realmente gracioso pero también sorprendentemente oscuro.

¿Cuál es el último libro que leíste que te hizo llorar?

Los dramas de Terence Rattingan, en particular La versión de Browning, After the Dance, Flare Path y El chico de los Winslow. Hay por lo menos un gran momento conmovedor en cada uno de ellos, y la emoción nunca es gratuita. Jamás fallan en hacer que los ojos se me llenen de lágrimas, ya sea que las esté leyendo o viendo representadas en un escenario.

¿Qué tipo de lector eras de niño? ¿Cuál era tu libro favorito? ¿Tu personaje más entrañable?

Al igual que muchos niños, casi no leía nada… hasta que descubrí las historias de Sherlock Holmes en la biblioteca local. Tenía 9 o 10 años, y no solo leí obsesivamente sobre Holmes y Watson, sino que comencé a comportarme como ellos. Iba a la escuela y decía cosas como: “Por favor, tomen asiento” o “Eso es muy peculiar”. En ese entonces la gente simplemente lo atribuía a que soy japonés.

El sabueso de los Baskerville fue, y sigue siendo, mi narración favorita sobre Holmes. Daba miedo y no me dejaba dormir, pero sospecho que me atrajo el mundo de Conan Doyle porque, paradójicamente, era muy acogedor.

¿Qué se siente ver tus libros convertidos en películas? Si pudieras escoger algún otro de tus libros para que fuera adaptado, ¿cuál sería?

Es muy satisfactorio observar a un equipo talentoso y dedicado que adapta algo que alguna vez salió dando tumbos desordenadamente de tu imaginación a una película finamente acabada. Los filmes de Lo que queda del día y Nunca me abandones fueron experiencias totalmente positivas, y aprendí todo tipo de cosas que desconocía sobre los personajes, en especial, a partir de cómo los interpretaron los actores. A veces, tenía objeciones irracionales cuando una imagen en particular no coincidía con la que yo tenía en la cabeza: “Por favor, ¡esa habitación está completamente al revés! ¿Cómo pudieron imaginar que la puerta estaba de ese lado?”. Pero nunca consideré estas películas traducciones de mi trabajo de la misma manera en que lo hice, por ejemplo, con las ediciones en francés. Podía ver que eran trabajos independientes del mío: estaban relacionados, eran incluso primos, pero eran distintos.

De mis libros que no han sido adaptados a películas, me gustaría ver el último, El gigante enterrado, en la pantalla grande. Podría ser una película inglesa de samuráis mezclada con una historia de amor. El extraordinario productor Scott Rudin tiene ahora los derechos, así que tengo motivos para sentirme optimista.

Decepcionante, sobrevalorado, simplemente malo: ¿qué libro sientes que te debería gustar, pero no lo logró? ¿Te acuerdas del último libro que dejaste sin terminar?

No quiero dar títulos, pero hay demasiados libros por ahí con el respaldo halagador de los amigos, colegas o viejos maestros del autor. Debemos poner un alto a la cita recomendatoria solicitada personalmente. Se trata de corrupción y nepotismo puros. Engaña al lector y evita que los libros correctos salgan a la superficie.

Si le pudieras pedir al gobernante del Reino Unido que leyera un libro, ¿cuál sería?
Le ofrecería Red or Dead, la demente novela de David Peace sobre el entrenador de fútbol de la vida real Bill Shankly (red, o rojo, no se refiere al comunismo, sino a los colores del Club de Fútbol Liverpool). La novela es loquísima, pero bastante brillante, y es un homenaje a un tipo de decencia gloriosa que alguna vez estuvo al centro de la vida británica, pero ahora se desdibuja rápidamente.

¿Qué libro no se ha escrito pero te gustaría leer?

La séptima novela de Jane Austen, escrita en su madurez, analizando lo que le sucede al amor más allá del cortejo y el día de la boda.

¿Qué libros te descubres releyendo una y otra vez?

Tiendo a no releer libros enteros varias veces, incluso mis grandes favoritos. Pero sí regreso a ciertos cuentos, como lo haría con mis piezas musicales favoritas. “Rock Springs”, de Richard Ford (el cuento en el libro del mismo título); Iónich de Chéjov; “Tell Me Who to Kill”, de V. S. Naipaul; la colección de cuentos Incendios, de Raymond Carver; “El éxito de Cuthbert”, de P. G. Wodehouse; “Estrella de plata”, de Conan Doyle. También el drama “La sombra del valle”, de John Millington Synge.

¿Qué libros te avergüenzas de no haber leído?

La lista es demasiado larga para ser significativa. Un candidato nuevo para El Libro No Leído Más Vergonzoso surge cada pocos días, dependiendo de sobre cuál estén hablando frente a mí. El de esta semana es Trampa-22 (Catch-22).

¿Qué planeas leer a continuación?

Mi esposa no ha dejado de decirme que lea un thriller británico de una autora debutante, Kate Hamer, llamado The Girl in the Red Coat (que no debe confundirse con los varios títulos recientes que comienzan con “The girl…/La chica…”). Mientras ella lo leía yo notaba que no era totalmente ella misma. Se la pasó diciendo que era tan perturbador que quería dejarlo, pero era imposible parar. Ahora tengo que descubrir si estaba exagerando.





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