sábado, 18 de julio de 2020

Cita DXII: ¿Deberíamos beber menos alcohol?





¿Es posible que una o dos copas diarias mejoren nuestra salud? Durante muchos años, las influyentes pautas alimentarias del gobierno federal de Estados Unidos dieron a entender eso al afirmar que existía evidencia de que un consumo moderado de alcohol podría reducir el riesgo de padecer una enfermedad cardiaca y disminuir la mortalidad. 

No obstante, ahora un comité de científicos que ayuda a actualizar la edición más reciente de las Pautas Alimentarias para Estadounidenses adoptó una postura más rigurosa respecto al alcohol. En una conferencia telefónica reciente, el comité afirmó que planeaba recomendar que los hombres y mujeres que beben se limiten a una sola copa de vino, una cerveza o una copa de licor al día. No bebas porque piensas que mejorará tu salud, el comité dice que no es así. Además sostiene que, por lo general, beber menos es mucho más benéfico para la salud que beber más.

Ese mensaje representa una ruptura con las pautas anteriores, que desde 1980 han definido como consumo “moderado” de alcohol hasta dos copas diarias para los hombres y una para las mujeres. Las agencias gubernamentales también han definido desde hace mucho que una copa estándar equivale a 355 mililitros de cerveza normal, 147 mililitros de vino y 45 mililitros de bebidas destiladas (con 40 por ciento de alcohol), cantidades que los estadounidenses superan con frecuencia.

Entre 1990 y 2010, muchas ediciones de las pautas, que se actualizan cada cinco años, no aconsejaron el consumo excesivo de alcohol, y advirtieron a las mujeres embarazadas y a las personas con ciertas condiciones médicas que no bebieran. Pero también señalaron que el consumo moderado estaba relacionado con menos ataques cardíacos y una menor mortalidad. Las pautas de 2010 mencionaron que el consumo moderado puede incluso “ayudar a mantener intacta la función cognitiva con la edad”.

La nueva recomendación sería una victoria para los expertos que han cuestionado por mucho tiempo el halo de salud en torno al consumo moderado. Dicen que los estudios que demuestran que puede proteger la salud son profundamente defectuosos y que cualquier beneficio cardiovascular que se podría tener, sería superado por el hecho de que el alcohol es una de las principales causas de cáncer que son prevenibles. Según el Instituto Nacional de Cáncer, incluso una bebida al día aumenta el riesgo de cáncer de mama, esófago y oral.

“Esto es significativo, porque el comité finalmente se ha alejado de esta idea de que una pequeña cantidad de alcohol es buena”, dijo Thomas Gremillion, director de política alimentaria de la Federación de Consumidores de Estados Unidos, un grupo de interés público que ha impulsado que haya advertencias sobre el cáncer en el alcohol. “Realmente están tomando una posición y dicen que beber menos es siempre mejor. Ese es el mensaje correcto y creo que se merecen el crédito por hacer ese cambio”.

La nueva pauta aún no es definitiva. Se espera que el comité asesor la incluya en un informe que publicará a mediados de julio y remitirá al Departamento de Agricultura y al Departamento de Salud y Servicios Humanos. Está previsto que estas dos agencias publiquen las pautas alimentarias a finales de este año.

De ser aceptada, la nueva recomendación hará de Estados Unidos el país más reciente en emitir una pauta más estricta en cuanto al consumo de alcohol. En los últimos años, Australia, Gran Bretaña, Francia y otros países han emitido nuevas pautas que reducen los límites recomendados de consumo de alcohol diario y semanal. Las autoridades en salud en esos países han afirmado que la evidencia sugiere que consumir menos alcohol es más seguro y que incluso una copa diaria aumenta el riesgo de padecer cáncer.

El debate científico en torno al consumo moderado de alcohol se remonta a la década de 1970, cuando los investigadores de California se dieron cuenta de que los abstemios padecían más infartos que las personas que bebían moderadamente. En las décadas posteriores, muchos estudios observacionales que analizaron poblaciones numerosas documentaron lo que se conoce como la curva en J entre el alcohol y la mortalidad debida a cualquier causa, en especial los padecimientos cardiacos: los índices de mortalidad se redujeron entre quienes bebían moderadamente, en comparación con quienes no bebían y luego aumentaba entre aquellas personas cuyo consumo excedía una o dos copas diarias.

No obstante, los estudios observacionales solo pueden mostrar una correlación, no una causalidad, además de que tienen otras limitaciones. Un factor que provoca mucha confusión es que el estatus socioeconómico es un gran indicador de salud y esperanza de vida, y tiene una relación cercana con los niveles de consumo de alcohol. Los estudios muestran que, en comparación con los bebedores empedernidos y los abstemios, las personas que beben moderadamente suelen ser más acaudaladas y tener un nivel educativo más elevado. También suelen tener mejores servicios de salud, hacer más ejercicio, llevar dietas más saludables y presentar menos obesidad.

Un estudio que comparó a los no bebedores con los bebedores moderados (que se definen como esas personas que beben dos copas al día en los hombres y una en las mujeres) reveló que 27 de los 30 factores de riesgo sólidamente establecidos para las enfermedades cardiacas tenían una “prevalencia significativamente mayor” entre los no bebedores. En otras palabras, en lugar de mejorar la salud, el consumo moderado de alcohol puede ser indicador de un mayor nivel socioeconómico y otros factores del estilo de vida que favorecen una vida más larga.

Otro problema de los estudios de observación es el sesgo en la selección. En algunos estudios grandes, las personas clasificadas como “no bebedoras” podrían ser en realidad antiguas bebedoras empedernidas o padecer problemas de salud que les impidan beber. En los estudios se ha comprobado que los no bebedores tienen mayores índices de discapacidades físicas, problemas psiquiátricos y enfermedades preexistentes. Cuando los estudios rigurosos tienen en cuenta estos factores, revelan que el efecto protector del consumo moderado de alcohol desaparece.

“La aparente protección se desvanece como la niebla en un día de otoño al salir el sol”, afirmó Timothy Stockwell, investigador del tema del alcohol y director del Instituto Canadiense de Investigación de Adicciones de la Universidad de Victoria. “Cuando haces un análisis forense de todos estos miles de estudios, la mayoría de ellos tienen defectos terribles y están abiertos a estos sesgos sistemáticos”.

Una manera de superar estas limitaciones es a través de estudios genéticos. Algunas personas son portadoras de una variante genética que altera su capacidad para metabolizar el alcohol, lo que les provoca enrojecimiento de la piel, irritación y otros síntomas desagradables cuando beben. En consecuencia, suelen abstenerse o beben muy poco. En teoría, si el alcohol fuera benéfico para la salud cardiaca estas personas deberían padecer más enfermedades cardiacas en comparación con otras. En cambio, como reveló un amplio análisis publicado en la revista BMJ en 2014, tienen “un perfil cardiovascular más favorable y un riesgo reducido de padecer enfermedades coronarias que aquellos que no tienen la variante genética”.

El estudio concluyó lo siguiente: “Esto sugiere que la reducción en el consumo de alcohol, incluso entre los bebedores ocasionales y moderados, beneficia la salud cardiovascular”.

No todo el mundo coincide en que los beneficios para la salud de un consumo moderado de alcohol son ilusorios. El alcohol tiene propiedades anticoagulantes y el vino tinto en particular contiene polifenoles que tienen efectos benéficos sobre el microbioma, aseguró Erik Skovenborg, médico familiar y miembro del Foro Internacional sobre el Alcohol, un grupo internacional de científicos que estudian la relación entre el alcohol y la salud. El alcohol también eleva las lipoproteínas de alta densidad (HDL, por su sigla en inglés), a menudo denominado colesterol “bueno”, aunque estudios recientes han puesto en duda que sea cardioprotector.

Skovenborg señaló que la información observacional dejaba claro que el consumo moderado de alcohol era más que un indicador de un estilo de vida saludable.

“En estos estudios hay muchos participantes que presentan todos los factores de un estilo de vida saludable”, dijo, “y si a eso le añadimos un consumo moderado de alcohol, aumenta los beneficios relacionados con una vida más larga y menos problemas de salud”.

Skovenborg dijo que su consejo general para los pacientes que beben es seguir la tradición mediterránea: toma un poco de vino con tus comidas, bebe lentamente, disfrútalo y no bebas para emborracharte. Haz ejercicio regularmente, evita fumar, come alimentos nutritivos y mantén un peso normal. “Es un patrón de cosas que deberías estar haciendo, no solo una cosa”, agregó.

Mostrar definitivamente que el consumo moderado protege la salud del corazón requiere realizar un ensayo clínico prolongado, uno que asigne aleatoriamente a algunas personas a tomar una bebida diariamente y a otras a abstenerse. En 2014, los Institutos Nacionales de Salud lanzaron un ensayo clínico diseñado para hacer precisamente eso. Pero fue cerrado en 2018 después de que una investigación de The New York Times reveló que los funcionarios de los institutos habían presionado a las compañías de cerveza y licores para obtener fondos y sugirieron que los resultados del estudio apoyarían el consumo moderado. Como resultado, los expertos han expresado su preocupación sobre la influencia de la industria en los estudios sobre el alcohol.

Los miembros del comité asesor declinaron comentar sobre sus recomendaciones hasta que el informe sea publicado. Stockwell dijo que estaba de acuerdo con la recomendación de un trago al día pero que lo expresaría de una manera ligeramente distinta. “Yo probablemente diría siete tragos a la semana para hombres y mujeres y no más de dos tragos en un día”, dijo. “Tendría un poco de flexibilidad”.


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