jueves, 9 de julio de 2020

Cita DVIII: ¿Por qué Pizarro eligió el valle de Lima para fundar la capital del naciente virreinato?

Es una pregunta que -en particular a los limeños- nos hemos hecho muchas veces.  Y la respuesta que más ha circulado entre nosotros ha sido: por su cercanía al mar y por contar con una zona marítima como la del Callao, protegida de los vientos y del flujo de las corrientes, espacio ideal para construir el puerto seguro que los españoles necesitaban.

Pero esa respuesta responde solo a una de las razones que motivó a Pizarro en su elección. Como veremos más adelante, las otras causas se encontrarían en la variedad y calidad de los recursos naturales que los españoles hallaron en la zona. Además, se trataba de una región de gran desarrollo cultural y, para mayor ventaja, estaba ampliamente poblada. Todos estos aspectos la convertían en un espacio geográfico muy propicio para construir la ciudad principal del nuevo reino.

Pensamos que Lima era una zona desértica. Sin embargo, las investigaciones nos demuestran una realidad muy diferente. Pizarro y sus huestes se complacieron al encontrar un valle muy fértil y disfrutaron de su clima templado y benigno. Para los españoles, acostumbrados a climas intensos y contrastantes, resulto ser un lugar muy seguro, acogedor y habitable. Una muestra de ello es el perceptible entusiasmo con el cronista Pedro Cieza de León describe el valle limeño en 1533: "… es una de las buenas tierras del mundo pues vemos en ella no hay hambre ni pestilencia, ni llueve, ni caen rayos, ni relámpagos, ni se oyen truenos; antes siempre está el cielo sereno y muy hermosos".

Por otro lado, la zona elegida contaba con excelente provisión de agua, pues se encontraba cerca de un torrentoso río. Sus aguas se distribuían por una planicie extensa, regada por una compleja red de canales, que la hacían fecunda y altamente productiva. Una considerable cantidad de árboles frutales protegían los caminos con su sombra y proporcionaban a los nuevos pobladores sus deliciosos frutos y la leña que necesitaban. Testigos de la época decían que los españoles podían caminar bajo los árboles "dos leguas sin que diese sol…".

El valle se asomaba a una extensa bahía, con lo cual era muy fácil el acceso al mar, indispensable y única ruta para ir y venir de la Metrópoli. La proximidad al mar también abreviaba los trabajos para transportar las mercaderías de los navíos españoles. Además, el estar cerca de la costa permitía ejercer vigilancia sobre posibles desembarcos que pusieran en peligrosa seguridad del nuevo virreinato.

Otra virtud del territorio escogido para fundar la capital, fue su afortunada ubicación geográfica. Desde mucho antes de la llegada de los españoles, el valle de Lima era muy valorado por el habitante prehispánico porque, a diferencia de otros valles costeños, tenía varia abras cordilleranas. Es decir, anchas aberturas entre montañas que permitían el acceso a diferentes regiones andinas, sobre todo, a las zonas ubicadas en la sierra y ceja de la selva central. Infinidad de caminos interconectados entre sí permitían que los pobladores subieran a la sierra, bajaran a la costa o circularan paralelos al mar. Tal ventaja fue muy apreciada por los españoles y permitió que, desde épocas remotas, el valle limeño fuera un espacio de intercambio y fuerte flujo poblacional. Un lugar de paso, pero también de acogida para el que quisiera quedarse.

 

Página 19 y 20. La Lima que encontró Pizarro. Gilda Cogorno y Pilar Ortiz de Zevallos. Con la colaboración de Catalina Lohmann. Editorial Taurus. Lima, Perú - 2018.

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