lunes, 13 de enero de 2020

Revista: El Búho 72





Editorial: Editora Milenio S.A.
Páginas: 48
Formato: 22 * 28 cm.
Número: 71

P. Adolfo Franco, SJ: Comentario para el domingo 12 de enero

EL BAUTISMO DE CRISTO
Mateo 3, 13-17 

El bautismo de Jesús

13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.
14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. 

El domingo pasado celebrábamos la adoración de los Reyes Magos, ante Jesús recién nacido como una manifestación especial de Dios. Hoy celebramos otra manifestación de Dios: ocurre en el bautismo de Cristo en el Jordán. Ha pasado una semana litúrgica entre este domingo y el anterior, pero cuántas cosas pasaron en la vida real de Jesús entre el primero de los hechos (la adoración de los Magos) y el segundo que hoy consideramos, su Bautismo en el Jordán. Han pasado casi treinta años de la vida de Cristo. Y vale la pena detenerse para hacer de todo este tiempo transcurrido una adecuada reflexión. 

En estos treinta años ha sucedido toda una vida oculta, no precisamente anónima, sino una vida, de la que parece que no hay nada que contar, tan parecida debió ser a las vidas de sus paisanos de Nazareth. Y sin embargo estos treinta años han sido una preparación para lo que ocurre en el Bautismo, y lo que vendrá después. Hablamos con términos demasiado humanos, pues podríamos preguntar: Jesús el Hijo de Dios ¿tenía que prepararse para esta misión, que traía desde su Encarnación? ¿Dios no estaba suficientemente preparado desde el principio? Pero resulta que Jesús es verdadero Dios, pero también verdadero hombre (no una apariencia de hombre), y como hombre real, debía pasar de la niñez a la infancia, a la adolescencia, a la juventud, a la madurez. Hay unas breves frases en el Evangelio de San Lucas en que afirman que Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia. Hay por tanto en El un verdadero crecimiento humano, que lo está preparando para su misión.

Al Bautismo llega Jesús de treinta años aproximadamente. Ha ido pensando despacio en la misión que el Padre le ha encomendado: acercarse a los hombres, entregarles una doctrina pura, vivir para los demás como nadie lo ha hecho, entregar su vida, después de haber entregado todo lo que El es. Su corazón se ha ido desarrollando para tener una capacidad de amar sin limitaciones, un amor que era como un aroma que le seguía por todas partes, y que lo hacía cercano a todos incluso a los más alejados de Dios. ¿Cómo se formaría ese amor tan grande? Claro que ahí inyectaba además su potencia toda la divinidad que latía en su interior.

Fueron años en que aprendió a servir, a ser sencillo, a ser acogedor, a no juzgar, a compadecerse. La Palabra de Dios fue convirtiéndose en El en una segunda naturaleza. Y aprendió a leer el mundo creado; aprendió a contemplar la semilla, y los pájaros: una meditación profunda e íntima, que le hizo descubrir en la naturaleza las huellas invisibles de su Padre. Y por eso se acercaba a la naturaleza, para ir convirtiendo cada hecho del campo y del mar, de la fiesta y de las bodas, en un mensaje del Reino de los Cielos.

Y cuando ya ha llegado al término esta preparación, como un hombre totalmente maduro, se marcha una tarde de su casa, sale definitivamente de la infancia, y va al Jordán. Se trata de una nueva identificación con los demás hombres. Podría decirse, aunque impropiamente, una nueva encarnación: se hizo semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado. Pero se pone en la cola de los pecadores, para recibir un bautismo destinado a pecadores. Y en ese momento hay un luminoso forcejeo entre la humildad de Jesús y la humildad de Juan el Bautista. Naturalmente que vence la voluntad de Dios, que es lo que Jesús le dice a Juan. Y una vez que Jesús entra en el Jordán se abren los cielos, porque ya se está abriendo en Jesús el camino de la salvación. El Padre se asoma a ver a su Hijo querido, se asoma para ver toda su obra, lo que un día planificaron en el cielo, cuando el amor a los hombres les arrebató otra vez, con un amor mayor aún que cuando Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo estaban planificando la creación, y sobre todo la creación del hombre a su imagen y semejanza.

En el Jordán aparece el primer hombre que de verdad es a imagen y semejanza de Dios. Pero de ahí empezará la fila de sus seguidores, que irán por los mismos caminos que El marca, para realizar en sus vidas "la imagen y semejanza de Dios".

Adolfo Franco, SJ

martes, 7 de enero de 2020

P. Adolfo Franco, SJ: Comentario para el domingo 05 de enero

EPIFANIA DEL SEÑOR
Mateo 2, 1-12

La visita de los magos

1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,
diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, de la tierra de Judá,
No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un guiador,
Que apacentará[a] a mi pueblo Israel.
Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.
10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.
11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Esta fiesta importante, que nosotros llamamos de los Reyes Magos, la Iglesia la llama fiesta de la Epifanía del Señor. Pues lo importante, lo que se quiere resaltar, no es la caravana, que imaginamos exótica, y que viene del oriente, con unos personajes a camello. Lo que la Iglesia celebra es la manifestación de Jesús incluso a los pueblos paganos, a todas las razas y a todas las naciones. La manifestación de Jesús, eso es lo que significa la palabra epifanía.

La historia narrada por San Mateo es encantadora, y podríamos caer en la trampa de considerar la aventura de estos personajes venidos del oriente, como una especie de cuento propio de la fantasía oriental (algo así como un cuento más de las Mil y Una Noches).

Por de pronto hay que hacer alguna breve aclaración sobre esta escena: el Evangelio no dice ni que fueran tres, ni que fueran reyes, ni que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar: menos aún dice que uno fuera de barba blanca, otro un negrito, y el otro un joven de raza blanca. Todos estos son elementos de la tradición: una tradición venerable en parte, y en parte producto de la fantasía piadosa. Pero esto valga como una simple aclaración.

Lo que estamos celebrando es la manifestación de Dios a todos los pueblos de la tierra: Jesús quiere ser el salvador de todos los pueblos de la tierra, y ya desde el principio se manifiesta (eso significa la palabra epifanía) a estos personajes, que no pertenecen al pueblo judío, que simbolizan a rodas las naciones.

Fundamental es la actitud de estos personajes, que por los regalos que hacen, parecen ser personajes importantes. Ellos regalan oro, incienso y mirra; y eso no lo regalaba cualquiera. La actitud de estos personajes es la de búsqueda de la verdad, la búsqueda de Dios.  Esto es quizá lo más aleccionador de toda esta narración: unos personajes que buscan a Dios en forma incansable, que han encontrado un indicio de Dios, por una vez (la estrella), y que ya no pararán hasta encontrarlo, aunque tengan que caminar por el largo y penoso desierto; incluso cuando se les pierde la estrella, o sea cuando la búsqueda se hace obscura y negra, siguen buscando. Desde dentro de ellos hay un deseo irresistible de Dios, y seguirán insistiendo. Seguramente tendrían cansancio, ganas de regresar, a veces la aventura les parecería una locura; pero rechazarán todas las tentaciones y seguirán buscando.

Y cuando tienen que preguntar en Jerusalén dónde ha nacido el Rey de los judíos se pone de manifiesto que tenían pocos informes: solo un gran deseo interior, que les orientó más que la estrella misma. Su deseo interior fue el que les impulsó a seguir adelante. Esta sed de Dios fue la que les hizo vencer toda tentación de cansancio y de desierto. No habrá obstáculo que los detenga.

Y al final de esa búsqueda se encuentran con un Niño en brazos de su madre, que es la imagen más adorable que se puede hacer de Dios: un Niño en brazos de María. Un Niño que necesita protección y amor. Mucha fe debieron tener estos personajes del Oriente, para descubrir al Dios Viviente, en este niñito dormido en brazos de su madre. Pero han encontrado lo que buscaban y  adoran a este Niño, como se adora a Dios. Y esto es algo también importante que nos enseñan estos personajes: a adorar a Dios. Y adorar, como ellos, no simplemente con una rodilla que se hinca en tierra (aunque esto también sea importante), sino entregando todos nuestros tesoros, como lo hicieron ellos. Saber entregar a Dios nuestro oro, incienso y mirra.

Este es el resumen de la historia: el indicio de Dios, es la estrella. Todos en la vida nos encontramos con los indicios de Dios, en tantas cosas y circunstancias. Debemos entonces dar el segundo paso que es la búsqueda de Dios, a través del desierto, o sea, a través de las dificultades; y finalmente, una vez que lo hayamos encontrado adorar a Dios, o sea entregarle enteramente nuestra vida. Estar alerta a los "indicios" de Dios, seguirlos con empeño y darle finalmente todo lo que somos.


Adolfo Franco, SJ

domingo, 5 de enero de 2020

Exposición gráfica: Historia que narra los viajes que realizo Alexander von Humboldt por Sudamérica





Programación de Enero en Audiovisuales UNSA: Grandes films olvidados


https://www.facebook.com/cultura.unsa




Podcast HistoCast 198: Guerra de los Seis Días






Esto es HistoCast. No es Esparta pero casi. Nos lanzamos a tratar esta veloz guerra entre Israel y las naciones árabes y a sus protagonistas durante más de nueve horas. Cual tres magos de oriente os lo traen el Coronel Kurtz (@Nathan_Kurtz), David (@DeividNagan) y Goyix (@goyix_salduero www.elguaridadegoyix.com). Os recordamos que nos podéis seguir a través de nuestra cuenta de twitter @histocast y en facebook. Lo podéis escuchar aquí o si tenéis apple aquí. Si queréis descargarlo pinchad aquí.


MÁS INFORMACIÓN

Dilbert (05-Enero-2020)



https://dilbert.com/strip/2020-01-05



Dilbert es el nombre de una tira satírica creada por Scott Adams que ha aparecido en los periódicos desde 1989, dando lugar a varios libros, una serie animada de TV y numerosos productos relacionados que van desde muñecos rellenos hasta helados. La trama de este cómic se desarrolla en el contexto de lo cotidiano para millones de empleados y oficinistas: políticas de oficina, jefes incompetentes, compañeros de trabajo molestos, asuntos sin sentido, juntas eternas, etc. El mismo tipo de cosas que la gente odia en su trabajo diario son las que provocan las carcajadas en Dilbert.