viernes, 21 de julio de 2017

Cita CCCXXXIV: ¿Serán los parásitos la cura para el alzhéimer?





"En 2011, Ben Trumble dejó la selva boliviana y se llevó una mochila que contenía cientos de viales con saliva. Había pasado seis semanas siguiendo a los indígenas mientras se movían por la selva, lanzándole flechas a los jabalíes. Estos hombres eran miembros del pueblo tsimané, que vive como lo hacían nuestros ancestros hace miles de años: cazando, buscando comida y cultivando pequeños terrenos.

Trumble les había pedido a los hombres que escupieran dentro de los viales varias veces al día para poder mapear sus niveles de testosterona. Quería descubrir si los cazadores eran recompensados con un pico de testosterona, y así fue. Como investigador del Proyecto de Salud e Historia de la Vida de los Tsimané, se había unido a una prolongada investigación sobre el bienestar y el envejecimiento humano en ausencia de la industrialización.

Ese día, cuando se fue de la selva, se topó con una pregunta nueva y más urgente sobre la salud humana. Al llamar a su madre, recibió una noticia terrible: su tío, de 64 años, se había enterado de que tenía demencia, quizá la enfermedad de Alzheimer. 

En solo unos cuantos años, su tío —antes un vigoroso abogado— dejaría de hablar, ya no comería y moriría. “No podía ayudar a mi tío”, dijo Trumble, pero quería entender la enfermedad que lo mataría. Entonces se preguntó: ¿a los tsimané les da la enfermedad de Alzheimer al igual que a nosotros? Si no es así, ¿qué podemos aprender de ellos sobre el tratamiento o la prevención de la demencia?

“En realidad aún no hay una cura para la enfermedad de Alzheimer”, me dijo Trumble. “No contamos con nada que pueda revertir el daño ya hecho”. Se preguntaba por qué miles de millones de dólares y décadas de investigación han tenido tan pocos resultados. Tal vez se estaban ignorando algunas pistas importantes.

Trumble se formó como antropólogo, y su campo —la medicina evolutiva— le ha enseñado a percibir nuestro entorno como un parpadeo en la línea del tiempo de la historia humana. Considera que es un problema que la investigación médica se enfoque casi exclusivamente en la “gente que vive en ciudades como Nueva York o Los Ángeles”. Los científicos a veces se refieren a estos lugares con una sigla que en inglés también quiere decir “raro”: Weird, el acrónimo de las palabras occidental, educado, industrializado, rico y democrático en esa lengua. 

Además, señalan que nuestros cuerpos siguen estando diseñados para el ambiente no Weird en el que nuestra especie evolucionó. Sin embargo, prácticamente desconocemos cómo afectó la demencia a los humanos durante los 50.000 años anteriores a ciertos avances como los antibióticos y las granjas mecanizadas. Trumble cree que estudiar a los tsimané podría arrojar luz sobre esta plaga moderna.
Los tsimané tienen tasas de mortalidad infantil muy altas, pero quienes llegan a la edad adulta viven tanto como la mayoría de las demás personas por lo que es posible medir su salud hasta los 90 años o más. Los investigadores del proyecto sobre los tsimané han pasado más de 15 años haciéndole seguimiento a sus voluntarios y proveyéndoles con tratamientos médicos. Han descubierto que los tsimané difieren del resto de nosotros en varios aspectos. Por ejemplo, tienen las arterias más limpias que cualquier población jamás estudiada, lo que significa que pueden ser ampliamente inmunes a las cardiopatías.

Trumble no fue el primer miembro del proyecto sobre los tsimané en cuestionarse acerca de la demencia en esta población. En 2001, uno de los fundadores del grupo, Michael Gurven, comenzó a estudiar la condición mental pidiéndole a los ancianos que resolvieran crucigramas. Estos y otros datos sobre el desempeño cognitivo se fueron juntando hasta 2015, año en que murió el tío de Trumble. Fue entonces que junto a Gurven y otros investigadores decidieron profundizar en ello.

Trumble estaba particularmente interesado en el gen ApoE4, a menudo llamado el gen de la enfermedad de Alzheimer. Los estadounidenses con dos copias del gen tienen una probabilidad diez veces mayor que los demás de presentar la forma de inicio tardío de la enfermedad. Trumble descubrió algo sorprendente cuando analizó los datos de los tsimané: muchos con una copia del gen parecían tener un mejor desempeño en las pruebas cognitivas.

Le dio vueltas a esta paradoja cuando regresó a su laboratorio de la Universidad Estatal de Arizona. Acababa de volver de otro viaje a los asentamientos de los tsimané y se había traído un pedacito de Bolivia con él: tenía una infección intestinal causada por la bacteria Campylobacter y dos especies nefastas de E. coli

“Haber contraído infecciones parasitarias me dio perspectiva”, dijo. Por lo menos el 70 por ciento de los tsimané tienen parásitos: lombrices en los intestinos e invasores que hacen surcos en su piel. Es muy probable que lo mismo haya pasado con nuestros ancestros. Comenzó a preguntarse si estas infecciones podrían alterar la forma en que los genes afectan nuestro cuerpo.

Tal vez el gen ApoE4 proporcionaba una ventaja para la supervivencia en los ambientes ancestrales. Hoy en día, solo un cuarto de nosotros tenemos una única copia del gen ApoE4, y solo cerca de dos por cada cien individuos tienen dos copias. No obstante, los análisis del ADN de huesos antiguos han mostrado que, hace miles de años, el genotipo ApoE4 era omnipresente en los humanos. 

Este gen, que ayuda a producir colesterol, pudo haber sido un paso crucial para el desarrollo de nuestros cerebros actuales, grandes y hambrientos de energía, y pudo haber desempeñado un papel clave para defenderlos de invasores patógenos. 

Después, Trumble estudió los datos referentes a la salud cognitiva de todos los voluntarios tsimané que habían obtenido resultados positivos en las pruebas para detectar la presencia de parásitos. Como era de esperarse, encontró que era más probable que los tsimané con infecciones mantuvieran una buena condición mental si poseían una o dos copias del gen ApoE4; para ellos, el “gen de la enfermedad de Alzheimer” constituía una ventaja. 

En contraste, en la minoría que conseguía eludir las infecciones parasitarias, sucedía lo contrario, y el gen ApoE4 estaba vinculado con el declive cognitivo, como sucede con las personas de países industrializados.

“Los humanos evolucionaron conjuntamente con una buena cantidad de parásitos distintos, pero hoy en día, con nuestra vida citadina y sedentaria, hemos eliminado a los parásitos de la ecuación”, dijo Trumble. Esto podría ser lo que provocó que el gen pasara de ser una ventaja a convertirse en una carga.

Como suele suceder, estos hallazgos coinciden con algunas nuevas investigaciones de laboratorios universitarios. En artículos publicados en 2016 y 2017, los científicos consideraron la demencia de manera novedosa: no solo como una enfermedad derivada de la decadencia gradual de nuestras células, sino como un trastorno en que el cerebro se vuelve contra sí mismo.

Changiz Beula, profesor de Neurociencia en la Northwestern University, ha estudiado el tejido cerebral de personas que murieron a los 90 años o a una edad más avanzada. Descubrió que algunas personas que mueren con agudeza mental tienen el cerebro lleno de la porquería asociada con la patología del Alzheimer: placas amiloides y oscuras marañas. Esto significa que es posible tener un “cerebro apto para la enfermedad de Alzheimer”, pero no presentar demencia. Geula cree que, en casos así, algún agente en el cerebro —llamémosle el opuesto al del alzhéimer— protege las neuronas contra el daño. Todavía se desconoce cuál o qué es.

Unos candidatos podrían ser los astrocitos, que son células que apoyan a las neuronas y las sinapsis, manteniéndolas sanas incluso en presencia de placas y marañas. En un artículo publicado este año en Nature, investigadores de Stanford describieron la forma en que estas células, normalmente tranquilas, pueden cambiar a un “modo asesino” al modificarse y expulsar toxinas y destruir a las mismas células que alguna vez nutrieron.
 
De acuerdo con Shane Liddelow, uno de los autores del artículo, esta personalidad tipo Dr. Jekyll y Mr. Hyde de los astrocitos muy probablemente se desarrolló hace miles de años para ahuyentar a las infecciones que invadían el cerebro de nuestros ancestros. A la primera señal de problemas, los astrocitos atacan, destruyendo todo lo que se cruza en su camino, incluyendo en ocasiones tejido cerebral sano. Las neuronas pueden convertirse en “transeúntes inocentes en este esfuerzo asesino protector”, explicó Liddelow.

Puesto que hoy en día la mayoría de nosotros vivimos en ambientes más estériles, este ejército en nuestro cerebro ya no está ocupado combatiendo patógenos, así que en su lugar responde —a menudo con demasiada fuerza— contra las placas amiloides y las marañas que son parte del envejecimiento normal.

“Hace diez años, muy pocos científicos investigaban si el sistema inmunitario estaba relacionado con la enfermedad de Alzheimer, pero esta pregunta acaba de surgir con gran fuerza”, dijo Liddelow. “Creo que la respuesta vendrá de analizar células inmunitarias de humanos de todo el mundo, que vivan en distintos ambientes”.

Liddelow dijo que la hipótesis derivada de las investigaciones realizadas con los tsimané, que supone que el gen ApoE4 evolucionó para proteger nuestros cerebros de los efectos de las infecciones parasitarias, tiene mucho sentido. Ahora está preparando su propio laboratorio para comprobar esta teoría. Cree que este nuevo enfoque conducirá a “una rápida producción de tratamientos efectivos”.

Trumble tiene la esperanza de que en algún momento su trabajo también genere tratamientos. Actualmente, los científicos que estudian el cáncer están diseñando virus que ayuden al cuerpo a atacar los tumores. ¿Por qué no se habrían de diseñar parásitos?

“Por ningún motivo quiero que la gente que lea esto salga a tratar de infectarse”, dijo el Dr. Trumble. “Los parásitos pueden ser muy desagradables o peligrosos por sí solos”.

Sin embargo, dijo: “Ciertamente espero que, antes de que yo cumpla 80 años, ya hayamos podido descubrir el mecanismo” detrás de una terapia patogénica.

Quizá esto signifique un medicamento para las personas que porten el gen ApoE4, que imite los efectos de un parásito sin provocar los daños de una infección: una especie de bozal para el sistema inmunitario del cerebro, que impida que células como los astrocitos ataquen a las neuronas sanas.

Trumble y el resto del equipo de investigadores deben recabar más datos antes de poder contestar las preguntas más básicas: ¿cuál es la tasa de demencia en la población tsimané? ¿Algunos parásitos son más benéficos para el cerebro y otros más dañinos? ¿Qué humanos tienen más probabilidades de obtener beneficios cognitivos de una infección?

Si los tsimané en realidad poseen la clave para una cura, Trumble y sus colaboradores no tienen tiempo que perder. Los celulares, los alimentos enlatados y otros utensilios de la vida moderna se están colando a las comunidades tsimané. 

“Esta puede ser nuestra última oportunidad de entender si las enfermedades crónicas del envejecimiento, como la enfermedad cardiovascular y el alzhéimer, siempre han atacado a los seres humanos o si están relacionadas con la industrialización”, dijo Trumble. Trumble teme que los tsimané ya se están volviendo Weird, como nosotros."


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jueves, 20 de julio de 2017

Cita CCCXXXIII: "De otras muchas cosas que el nombre Huaca significa"


"Esta misma dicción huaca, pronunciada la última sílaba en lo más interior de la garganta, se hace verbo: quiere decir llorar. Por lo cual dos historiadores españoles, que no supieron esta diferencia, dijeron: los indios entran llorando y guayando en sus templos a sus sacrificios, que huaca eso quiere decir. Habiendo tanta diferencia de este significado llorar a los otros, y siendo el uno verbo y el otro nombre, verdad es que la diferente significación consiste solamente en la diferente pronunciación, sin mudar letra ni acento, que la última sílaba de la una dicción se pronuncia en lo alto del paladar y la de la otra en lo interior de la garganta.

De la cual pronunciación y de todas las demás que aquel lenguaje tiene, no hacen caso alguno los españoles, por curiosos que sean (con importarles tanto el saberlas), porque no las tiene el lenguaje español. Veráse el descuido de ellos por lo que me pasó con un religioso dominico que en el Perú había sido cuatro años catedrático de la lengua general de aquel Imperio, el cual, por saber que yo era natural de aquella tierra, me comunicó y yo le visité muchas veces en San Pablo de Córdoba.

Acaeció que un día, hablando de aquel lenguaje y de las muchas y diferentes significaciones que unos mismos vocablos tienen, di por ejemplo este nombre Pacha, que, pronunciado llanamente, como suenan las letras españolas, quiere decir mundo universo, y también significa el cielo y la tierra y el infierno y cualquiera suelo. Dijo entonces el fraile: "Pues también significa ropa de vestir y de ajuar y muebles de casa". Yo dije: "Es verdad, pero dígame Vuestra Paternidad ¿qué diferencia hay en la pronunciación para que signifique eso?". Díjome: "No la sé". Respondile: "¿Habiendo sido maestro en la lengua ignora esto? Pues sepa que para que signifique ajuar o ropa de vestir han de pronunciar la primera sílaba apretando los labios y rompiéndolos con el aire de la voz, de manera que suene el romperlos". Y le mostré la pronunciación de este nombre y de otros viva voce, que de otra manera no se puede enseñar. De lo cual el catedrático y los demás religiosos que se hallaron a la plática se admiraron mucho. En lo que se ha dicho se ve largamente cuánto ignoran los españoles los secretos de aquella lengua, pues este religioso, con haber sido maestro de ella, no los sabía, por do vienen a escribir muchos yerros, interpretándola mal, como decir que los Incas y sus vasallos adoraban por dioses todas aquellas cosas que llaman huaca, no sabiendo las diversas significaciones que tiene. Y esto baste de la idolatría y dioses de los Incas. En la cual idolatría y en la que antes de ellos hubo, son mucho de estimar aquellos indios, así los de la segunda edad como los de la primera, que en tanta diversidad y tanta burlería de dioses como tuvieron no adoraron los deleites ni los vicios, como los de la antigua gentilidad del mundo viejo, que adoraban a los que ellos confesaban por adúlteros, homicidas, borrachos, y sobre todo al Príapo, con ser gente que presumía tanto de sus letras y saber, y esta otra tan ajena de toda buena enseñanza.

El ídolo Tangatanga, que un autor dice que adoraban en Chuquisaca y que los indios decían que en uno eran tres y en tres uno, yo no tuve noticia de tal ídolo, ni en el general lenguaje del Perú hay tal dicción. Quizá es del particular lenguaje de aquella provincia, la cual está ciento y ochenta leguas del Cozco. Sospecho que el nombre está corrupto porque los españoles corrompen todos los más que toman en la boca, y que ha de decir Acatanca: quiere decir escarabajo, nombre con mucha propiedad compuesto de este nombre aca, que es estiércol, y de este verbo tanta (pronunciada la última sílaba en lo interior de la garganta), que es empujar. Acatanca quiere decir el que empuja el estiércol.

Que en Chuquisaca, en aquella primera edad y antigua gentilidad, antes del Imperio de los Reyes Incas, lo adorasen por dios, no me espantaría, porque, como queda dicho, entonces adoraban otras cosas tan viles; mas no después de los Incas, que las prohibieron todas. Que digan los indios que en uno eran tres y en tres uno, es invención nueva de ellos, que la han hecho después que han oído la Trinidad y unidad del verdadero Dios Nuestro Señor, para adular a los españoles con decirles que también ellos tenían algunas cosas semejantes a las de nuestra santa religión, como ésta y la Trinidad que el mismo autor dice que daban al Sol y al rayo, y que tenían confesores y que confesaban sus pecados como los cristianos. Todo lo cual es inventado por los indios con pretensión de que siquiera por semejanza se les haga alguna cortesía.


Esto afirmo como indio, que conozco la natural condición de los indios. Y digo que no tuvieron ídolos con nombre de Trinidad, y aunque el general lenguaje del Perú, por ser tan corto de vocablos, comprende en junto con sólo un vocablo tres y cuatro cosas diferentes, como el nombre illapa, que comprende el relámpago, trueno y rayo, y este nombre maqui, que es mano, comprende la mano y la tabla del brazo y el molledo: lo mismo es del nombre chaqui, que, pronunciado llanamente, como letras castellanas, quiere decir pie, comprende el pie y la pierna y el muslo, y por el semejante otros muchos nombres que pudiéramos traer a cuenta; mas no por eso adoraron ídolos con nombre de Trinidad, ni tuvieron tal nombre en su lenguaje, como adelante veremos. Si el demonio pretendía hacerse adorar debajo de tal nombre, no me espantaré, que todo lo podía con aquellos infieles idólatras, tan alejados de la cristiana verdad. Yo cuento llanamente lo que entonces tuvieron aquellos gentiles en su vana religión. Decimos también que el mismo nombre chaqui, pronunciada la primera sílaba en lo alto del paladar, se hace verbo y significa haber sed o estar seco o enjugarse cualquiera cosa mojada, que también son tres significaciones en una palabra."

Comentarios Reales de los Incas. Libro II - Capítulo V: De otras muchas cosas que el nombre huaca significa. Inca Garcilaso de la Vega. Lisboa - Portugal, 1609.

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martes, 18 de julio de 2017

Letra 231: Obertura “Las Bodas de Fígaro” K. 492 de W. A. Mozart


WOLFGANG AMADEUS MOZART

Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791), más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, fue un compositor y pianista austriaco, maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para piano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión internacional.

OBERTURA “LAS BODAS DE FÍGARO” K. 492




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Letra 230: Concierto para Clarinete y Orquesta K.622 de W. A. Mozart


WOLFGANG AMADEUS MOZART

Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791), más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, fue un compositor y pianista austriaco, maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para piano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión internacional.

CONCIERTO PARA CLARINETE Y ORQUESTA K.622

El Concierto para Clarinete in La mayor, K. 622 de Mozart se compuso en 1791, poco antes de la muerte de Mozart, para el clarinetista Anton Stadler. Se compone de los habituales tres movimientos, en la forma rápido-lento-rápido. También fue una de las últimas obras terminadas de Mozart, y su última obra estrictamente instrumental (murió el Diciembre siguiente a su finalización). El concierto destaca por su delicada interacción entre solista y orquesta, y por la falta de exhibición excesivamente extrovertida por parte del solista. Como no existe ninguna partitura firmada y se publicó póstumamente, son dificiles de entender todas las intenciones de Mozart: la única reliquia de este concierto escrito de la mano de Mozart es un extracto de una interpretación escrita con anterioridad para el corno di bassetto en Sol. Lo más probable es que Mozart hubiese previsto inicialmente escribir la pieza para corno di bassetto, pero finalmente se convenció de que la pieza sería más eficaz para clarinete. De cualquier forma, desde que algunas notas a lo largo de la pieza van más allá de la gama convencional del clarinete en La, podemos presumir que estaba destinado a ser tocado en clarinete basset, un clarinete especial defendido por Stadler que tenía un alcance por debajo de Do. Incluso en los días de Mozart, el clarinete basset era un raro instrumento, hecho por encargo, así que cuando se publicó el artículo, se arregló una nueva versión con las notas bajas transpuestas a la gama normal. Esto ha demostrado ser una decisión problemática, ya que la partitura firmada ya no existe, habiéndo sido empeñada por Stadler, y hasta mediados del siglo XX los musicólogos no sabían que la única versión del concierto escrito por la mano de Mozart no se había escuchado desde que Stadler vivía. El concierto se estrenó en Praga en 1791. La recepción fue en general positiva. La instrumentación moderna de la obra exigía un clarinete en La, flauta I/II, fagot I/II, trompa I/II (en La y Re, a menudo transcrita para trompa en Fa), violín I/II, viola, violonchelo, y contrabajo.




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