lunes, 4 de marzo de 2024

Cita DCCLXVIII: La investigadora del Conicet Guadalupe Romero Villanueva dató las pinturas rupestres más antiguas de Sudamérica “El arte rupestre fue clave ante el cambio climático”

 

 
Equipo en Huenul tras tomar las muestras.
Foto Gentileza Guadalupe Romero Villanueva. 

 

La investigadora del Conicet Guadalupe Romero Villanueva dató las pinturas rupestres más antiguas de Sudamérica. Fue en una cueva de Neuquén junto a un equipo de científicos argentinos y chilenos. 

Lo primero que se ve es la oscuridad. Un agujero negro en medio de una zona árida en la que no hay (parece) nada. Lo segundo que se ve, al ingresar a la cueva Huenul 1 (a pocos kilómetros de la Ruta 40, en cercanías a la localidad neuquina de Barrancas), es un damero de luces y sombras. Lo último son las pinturas rupestres, que un equipo de científicos argentinos y chilenos acaban de datar como las más antiguas de Sudamérica. Hombres y mujeres dejaron sobre esas paredes de piedra su mensaje hace unos 8.200 años y esa noticia llegó a la máxima revista científica del mundo: Science Advances. De haber sido un partido de fútbol, la investigadora del Conicet Guadalupe Romero Villanueva, autora del artículo, estaría levantando la copa mundial.

“El legado de la resiliencia”, su artículo, reconstruye la base de su tesis de doctorado: un trabajo que demandó prácticamente una década de estudio junto a Ramiro Berberena, investigador independiente del Conicet y líder del proyecto. A esa investigación se sumaron las campañas en la Patagonia para estudiar las pinturas rupestres in situ y para hacerlas hablar sobre su tiempo.

Una mañana calurosa de febrero, Guadalupe Romero Villanueva –que es investigadora además del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (Inapl)– comparte con Ñ detalles de su tarea. Ha desarrollado en los últimos días una habilidad especial para tratar con los medios: “Imaginábamos que el tema podía ser interesante y que podía haber alguna nota”, dice risueña. Los pedidos de entrevista desde todo el mundo le inundaron el correo.

–La cueva Huenul 1 había sido trabajada en los años 60 y 70. ¿Por qué esas investigaciones se interrumpieron hasta que ustedes decidieron estudiarla?

–Por múltiples cuestiones y es algo muy común, de hecho. En el caso de Huenul 1, hubo una primera época de investigaciones desarrolladas por Jorge Fernández en 1978, que se interrumpieron. En ocasiones es por falta de fondos, en otras porque los científicos eligen otros temas o incluso porque se desmembran los equipos. También influye el hecho de que los lugares estén en propiedades privadas cuyos dueños no autoricen el ingreso o que haya comunidades indígenas asentadas a las que no les interesa que eso se investigue. Si miramos las fechas en las que se deja de investigar, puede coincidir con la dictadura (en esos años la carrera directamente se cerró) o con los años 90, por ejemplo, en los que hubo una gran fuga de cerebros.

–¿Cómo son estas las pinturas concretamente?

–La mayoría son motivos geométricos, formas abstractas: cruciformes, trazos fusiforme, rectilíneos, figuras subcirculares. Algunos son simples, como un círculo, un cuadrado o un triángulo; y otros son más complejos como círculos adosados a líneas, formas de peine, aglomeraciones de figuras geométricas. Eso es lo que predomina y representa el 85 por ciento de la cueva. Si miramos el registro patagónico de arte rupestre, el componente geométrico es muy fuerte a diferencia de lo que pasa, por ejemplo, en el noroeste argentino. Luego, con menor frecuencia, aparecen motivos figurativos (aquellos para los que nosotros, como observadores, podemos reconocerles el referente): animales y también figuras humanas haciendo actividades grupales. Unas de estas figuras humanas aparecen tomadas de las manos, en otra serie se las ve con bonetes, algo que da la idea de un atavío personal. Estos elementos nos dieron la pauta de que la cueva fue un lugar de agregación en el pasado. No necesariamente todas las personas coincidían en el mismo momento, pero el arte rupestre es algo que queda fijo en el paisaje y esas gentes que pasaban por ahí sabían decodificar esa información, que les servía para su vida. En el contexto de cambio climático durante el Holoceno medio, el arte rupestre desempeñó un rol clave en el mantenimiento de saberes y memorias colectivas sobre la vida en el desierto y su transmisión a las generaciones futuras.

–¿Cuál es la manera tradicional de datar una pintura rupestre y qué técnica es la que ustedes implementaron acá?

–Una manera de datar, que es la general y la más extendida en el mundo, es la cronología relativa. Esto quiere decir que trabajamos por asociación con otras cronologías. En esta cueva sabemos que hubo ocupaciones humanas desde hace 12.000 años y el periodo de mayor intensidad de ocupación está en los últimos 2.000 años. Tomando estos datos contextuales y viendo, por ejemplo, que los motivos pintados se parecen a los de otros sitios que tiene ocupaciones en los últimos 2.000 años, entonces se hace una estimación que además considera otras evidencias que encontramos en el sitio. En esta cueva hallamos pinturas superpuestas, unas parecían más antiguas que otras. Existe otra técnica de datación que consiste en analizar contenido orgánico. Sin embargo, este análisis tiene que cumplir muchos requisitos. Primero, una pintura hecha con carbón vegetal. Que sea negra no alcanza porque puede estar hecha con manganeso, como muchas en la Patagonia. Lo que hicimos fue extraer una muestra del tamaño de una uña. De esa muestra se analizó la composición molecular: era carbono. Luego, se analiza la posible contaminación de ese carbón. En este caso no la había. Y finalmente, el laboratorio logra datar esa muestra, para lo cual se presentan otras complejidades. Aquí se analizaron cuatro muestras: la más antigua es de hace 8200 años, la más cercana al presente fue pintada hace 5 mil años.

–¿Se puede hacer todo esto sin la participación del Estado?

–Diría que es casi imposible. Sin esa sinergia de los distintos espacios, el Conicet que paga nuestros salarios, sin las oficinas en las que podemos trabajar, sin los municipios que nos facilitan el acceso a las cuevas, sin las universidades que costean estudios específicos, sin las reparticiones de patrimonio provincial que nos dan los permisos para que todo esto también tenga un marco legal... Cuando nuestros colegas de otros países conocen el monto de nuestros presupuestos no pueden creer que podamos hacer un trabajo de este nivel.

Science es una revista que audita cada artículo con científicos de la disciplina que analizan su solvencia. ¿Cómo fue esa evaluación de pares en el caso de este artículo?

–La revista congrega el trabajo de científicos de todos los temas y se propone ver qué es lo más relevante o novedoso que se estudia en cada disciplina. ¡Einstein publicó acá! Pero para publicar, hay que presentar un trabajo impecable a nivel técnico, interpretativo, de contextualización. El 80 por ciento de los artículos que reciben no son aceptados por los editores de la revista. El 20 por ciento restante es sometido a la evaluación de otros científicos. Nosotros tuvimos tres evaluaciones, que fueron muy positivas y que nos revelaron el nivel de rigurosidad con el que fue analizado nuestro artículos. En ocasiones, nos pidieron más imágenes, en otras, precisiones que teníamos. Todas esas evaluaciones nos ayudaron.

–¿Qué repercusión tuvo el artículo?

–Cuando vimos la revista, en los primeros dos días de publicado nuestro artículo, el texto más descargado era un trabajo de un consorcio de científicos mundiales sobre las corrientes marinas en los próximos 200 años. Tenía 20 mil descargas. Luego de ese, venía el nuestro. Más allá del respaldo personal, yo creo que nuestro trabajo forma parte del conocimiento acumulado por la humanidad tal como las personas que pintaron la cueva Huenul materializaron su conocimiento sobre la roca para socializar lo que sabían. Es así como se empieza a acumular conocimiento. Por eso, yo pienso en esas pinturas como patrimonio cultural. ¿Para qué me sirve a mí saber qué hacían en esa cueva los humanos hace cinco mil años? Nosotros nos nutrimos de esta información, de este conocimiento acumulado, en este caso sobre la vida en el desierto, sobre la capacidad de sobrevivir a un evento climático extremo (porque no es la primera vez que un gran cambio climático nos desafía), a comprender las estrategias de supervivencia de que gente parecida a nosotros hace miles de años. La arqueología está llena de eventos similares a los presentes, que nos atravesaron como humanos en el pasado. Desmenuzar esa historia es lo que podemos hacer los arqueólogos con nuestra profesión, que implica además hacer circular ese conocimiento para que sea un capital simbólico de todos.

Fuente: https://www.clarin.com

Por: Débora Campos

 

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