lunes, 18 de abril de 2022

Cita DCLIX: La gran mentira de los genocidas nazis repetida más de mil veces

Es historia. El premier Aníbal Torres elogió el plan de construcción de autopistas de Adolfo Hitler, un instrumento de propaganda del nazismo para ocultar la eliminación sistemática de los judíos.

Todo está registrado. El 10 de julio de 1933, bajo el título de “Hitler busca empleo para todos los alemanes”, la corresponsal del periódico The New York Times Anne O’Hare McCormick publicó una entrevista con Adolfo Hitler. Recién había cumplido siete meses en el cargo de canciller de Alemania, y el líder nazi ya convocaba la atención del mundo por emprender el renacimiento económico de su país... y también por perseguir a los judíos.

“Estoy muy contento esta mañana porque acabamos de firmar un contrato para la construcción de una autopista que unirá Frankfurt, Darmstadt, Mannheim y Heidelberg, lo que significa que habrá miles de empleos para los trabajadores”, le dijo Hitler a McCormick: “Usted me pregunta qué vamos a hacer con la economía. El primer gran paso son las obras públicas”.

La periodista McCormick no perdió la oportunidad de preguntarle a Hitler sobre la situación de los judíos en la naciente Alemania nazi. En tono burlón, respondió: “Respecto a los judíos ‘perseguidos’, a quienes usted ve caminando pacíficamente por las calles y cenando en los mejores cafés de Berlín, me agradaría mucho que los países que se interesan tanto por los judíos, les abran sus puertas. Es cierto que tenemos leyes discriminatorias, pero están destinadas no solo contra los judíos sino que alcanzan a todo el pueblo alemán, para ofrecer igualdad de oportunidades económicas a la mayoría. Usted dice que los judíos sufren, pero hay otros millones de personas más”.

Hitler mintió descaradamente a McCormick. El primero de abril de 1933, dos meses antes de la entrevista, ordenó un boicot contra todos los negocios de los judíos en el territorio de Alemania. Y el 7 de abril, dictó una ley que discriminaba a los judíos para acceder a empleos en el aparato estatal y en las universidades. Además, en marzo de 1933, dos meses después de que Hitler saltó al poder, y cuatro meses antes de la entrevista que concedió a la corresponsal McCormick, los nazis instalaron el primer campo de concentración, en Dachau.

Construir miles de kilómetros de autopistas para superar el desempleo de millones de alemanes, con una rapidez que asombraba al mundo, era un plan que se aplicaba simultáneamente a la persecución de los judíos como parte del objetivo final de exterminarlos.

“Todas las leyes, regulaciones y medidas de los años treinta servían para despojar a los judíos de sus medios de vida, hundirlos en un estado de desesperanza. Convertían a los judíos en unos seres socialmente muertos”, escribió Daniel Jonah Goldhagen, en Los verdugos voluntarios de Hitler (2019).

Los principales historiadores del periodo de la Alemania nazi concuerdan con que el faraónico proyecto de edificación de autopistas era parte de la misma visión de empoderamiento de los alemanes que había elaborado Hitler, que comprendía la desaparición programada, sistemática e ineluctable de los judíos.

“Hitler se veía a sí mismo como el sucesor de Pericles, y gustaba de trazar los oportunos paralelismos. Por ejemplo, consideraba las autopistas como su Partenón”, escribió el historiador alemán Joachim C. Fest en su legendaria biografía Hitler (1974).

Como lo demuestran Allan Bullock en Hitler: estudio de una tiranía (1959) y William L. Shirer en Auge y caída del Tercer Reich: Una historia de la Alemania nazi (1962), la edificación de las autopistas solo tuvo una finalidad propagandística y ocultar la exterminación de los judíos.

Los historiadores Ian Kershaw, Michael Burleigh y Richard J. Evans coinciden en que el plan de construcción de las autopistas fue un mecanismo de propaganda para presentar al nazismo como eficaz. Lo cierto es que de los 600 mil trabajadores que Hitler pensaba emplear, solo logró captar a 150 mil. Y solo llegó a edificar 4 mil de los 20 mil kilómetros planeados.

Para el cumplimiento de la construcción de carreteras, Hitler nombró como responsable a Frizt Todt, un viejo militante del partido nazi y oficial de las SA, las “camisas pardas”, la banda paramilitar, el brazo armado del partido nazi.

Hitler no solo le confió la edificación de las autopistas a Todt sino también de los campos de concentración. Y después lo designó ministro de Armamentos y Munición. Lo que quiere decir que al mismo tiempo que se dedicaba a la construcción carreteras, Todt diseñaba centros de eliminación de judíos.

No se puede elogiar las grandes obras públicas del nazismo como maravillas de la humanidad, y presentarlas como el más exitoso logro de Hitler en su propósito de devolver a Alemania el respeto del mundo, ignorando que al mismo tiempo, desde el primer minuto de su régimen, inició la liquidación de los judíos. No hay un Hitler bueno y otro malo. Hay un solo Hitler, el genocida. Así está escrita la historia. 

La farsa nazi de las autopistas

“Las autopistas constituyeron el ejercicio de propaganda más perdurable de todos los organizados por el Tercer Reich”, escribió el historiador Richard J. Evans.

“En junio de 1935, había unos 125 mil hombres trabajando en la construcción de autopistas, pero era un número de puestos de trabajo mucho menor de lo que muchos pensaban. Había 6 millones de personas oficialmente registradas como desempleadas”, escribió el historiador Richar J. Evans.

 

Fuente: https://larepublica.pe

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