La Odisea de Nolan ha generado un intenso debate, pero debemos juzgarla por lo que es: una adaptación cinematográfica, no el poema de Homero. Como divulgador, reconozco que la película tiene errores históricos dolorosos, como usar un barco vikingo en pleno Mediterráneo antiguo, ignorar el icónico casco de colmillos de jabalí o alterar la iconografía clásica durante el casting. También omite momentos geniales, como el ingenio de Odiseo ante el cíclope. Sin embargo, la obra brilla en su trasfondo. Nolan captura magistralmente el trauma de la guerra, la culpa del superviviente y el colapso de la Edad del Bronce. El clímax final en Ítaca es pura catarsis, entendiendo a la perfección la restauración del oikos y la sagrada ley de hospitalidad (xenia). En conclusión, aunque resulta imperfecta y está llena de licencias creativas, es una película monumental, visceral y profundamente humana. Una experiencia cinematográfica que merece la pena disfrutar plenamente.
La presente es una contribución a la conmemoración del 75 aniversario de la Revolución del 1950. Conmemorar un acto de tal trascendencia histórica significa asumir un compromiso. Este compromiso se deriva de las enseñanzas que nos ha impartido esta heroica Revolución. La ciudad se levantó como un solo hombre. La multitud de las ideas, credos políticos y hasta la indiferencia se fundió en el crisol de una unidad ciudadana que no escatimó ni el esfuerzo ni la propia vida para defender la libertada y la democracia. La Revolución se apagó por falta de armas y de munición. Pero de la semilla que ha sembrado surgirá la Revolución Ciudadana que empleará armas más poderosas que las de fuego y que dispondrá de inagotable munición intelectual, cultural y política para salvar a la Patria.
CONTENIDO
La Revolución de 1950
Crónica de una revolución provocada
Testimonio escrito por Alberto Reynoso Días
Testimonio escrito por Javier de Belaunde Ruiz de Somocursio
Se abre el abismo
Resumen y conclusiones
La Revolución Ciudadana
Declaración en propia causa
RAÚL LINARES OCAMPO
Arequipeño. Hizo su extensa formación universitaria en tres universidades de Alemania Occidental. Se graduó en Físico-Matemáticas en el legendario Mathematisches Institut de la Universidad de Gottingen que fue el centro mundial de las matemáticas hasta que los nazis lo destruyeron. En la misma universidad inicio su estudio de Ciencias Sociales, combinación de Política, Economía, Sociología, como debe ser. Hizo un posgrado en economía en Luxemburgo. Se especializó y doctoró en Ciencia Política en la Universidad Libre de Berlín. Se graduó en Informática en la Universidad Técnica de Berlín, en la especialidad de Sistemas Complejos. Hizo un proyecto de investigación en Sistemas Complejos para el Consejo Alemán de Investigación Científica. Continúa investigando en la Teoría General de Sistemas Complejos que debe ser la Epistemología (Teoría del Conocimiento) de la ciencia del futuro, es decir, de la ciencia que se está desarrollando hoy.
El mito sobre los samuráis contrasta con su realidad histórica. En la segunda conferencia del ciclo Místicos y guerreros de Oriente, el doctor Jonathan López-Vera explora la evolución de los samuráis, desde sus orígenes como clanes guerreros hasta su dominio en Japón entre los siglos XII y XIX y su desaparición como élite social en 1877. La imagen idealizada de los samuráis, que se mantiene en la cultura popular, fue creada por los últimos samuráis para reforzar su prestigio y legitimar sus privilegios.
(Lima, 1924 - id., 1965) Escritor peruano, uno de los miembros
más destacados de la llamada generación del 50. Al igual que otros
autores de su generación (Julio Ramón Ribeyro, Enrique Congrains, Luis Loayza o Carlos Eduardo Zavaleta), se ocupó de las problemáticas del medio urbano y retrató sus personajes y ambientes.
Sus contribuciones más importantes se encuentran en la
poesía y el teatro, pero no hay que olvidar su intensa labor
periodística, en diarios y revistas, sobre temas literarios, culturales,
artísticos y sociales, que lo convirtieron en una de las figuras más
influyentes y populares en su país.
Sus versos, de inspirada ascendencia
neorrealista, proyectan una mirada melancólica y crítica sobre el
entorno urbano. La ciudad constituye el escenario elegido para ofrecer,
casi en paralelo, imágenes de nostalgia familiar y de acerada crítica
social. La contención y la serenidad, pese al profundo desasosiego y al
abatimiento que parecen asfixiar al autor, son dos constantes en su
poesía. Sin llegar nunca a la exaltación, despliega en el escenario
citadino sus amores, sus desdichas y sus desencuentros con la realidad,
apelando a un lenguaje austero pero poderosamente conmovedor, como se
advierte en su poemario Cuaderno de la persona oscura (1946).
Lo mejor de su poesía está en Confidencia en alta voz (1960) y El tacto de la araña (1965). Entre sus otros poemarios se cuentan Voz desde la vigilia (1944), Máscara del que duerme (1949), Tres confesiones (1950), Los ojos del pródigo (1951), Vida de Ximena (1960), Conducta sentimental (1963) y Cuadernillo de Oriente (1963).
Sus mayores éxitos los alcanzó como dramaturgo. Entre sus piezas escénicas hay que destacar Rodil (1951), No hay isla feliz (1954), Flora Tristán (1956), Como vienen, se van (1959) y El fabricante de deudas (1962), publicadas con el resto de su obra teatral en Piezas dramáticas y Comedias y juguetes (1967). Como ensayista se le recuerda por Lima la horrible
(1960), una apasionada crítica de los hábitos y gustos de la capital.
Cultivó también la narrativa; merecen destacarse, entre otros títulos, Náufragos y sobrevivientes (1954) Pobre gente de París (1958) y Dios en el cafetín (1963).
Al margen de los méritos de su obra escrita, hay
que mencionar la importante función de impulsor cultural que el autor
cumplió con un notable espíritu de comprensión humana, generosidad y
sentido del humor. Fue también coautor, con Alejandro Romualdo, de la importante Antología general de la poesía peruana (1957).
TODO ES MI PAÍS
Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce; mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial de razas y mitos que fermentan; mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras, de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas; mi país es un corazón clavado a martillazos, un bosque impenetrable donde la luz se precipita desde las copas de los árboles y las montañas inertes; mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido, un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan; mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil, un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos, un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles, un plato vacío tendido hacia la nada, un parque con niños, con guitarras, con fuegos, un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito, un vado apacible en el cual se celebra la vida; mi país es un sepulcro en medio de la primavera, una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad, un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos, un estrépito que apaga todas las músicas terrenales, un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa. un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva, un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde, un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad; mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines; mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel, la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos, las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria, la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte y de ahí retorna como una resaca sin fin; mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo, el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere; mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde, la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho, y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias, el aire que respiro al salir de mi casa cada día, y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido, el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento, la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones; mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares donde contemplo la marea incansable de mi dicha, el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva y el perro cuya piel es cálida como su amistad; mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed, la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios; mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal; mi país es hacienda, sembrío, cosecha; mi país es escasez, sequía, inundación; mi país es terremoto, lluvia, huracán; mi país es vegetal, mineral, animal; mi país es flexible, rígido, fluido: mi país es líquido, sólido, inestable; mi país es republicano, aristocrático, perpetuo; mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial; mi país es indio, blanco, mestizo: mi país es dorado, opaco, luminoso; mi país es amable, hosco, indiferente; mi país es azúcar, tungsteno, algodón; mi país es plata, nieve, arena; mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco; mi país es torpe y perfecto; mi país es enorme y pequeño; mi país es claro y oscuro; mi país es cierto e ilusorio; mi país es agresivo y pacífico; mi país es campana, mi país es torre, mi país es isla, mi país es arca, mi país es luto, mi país es escándalo, mi país es desesperación, es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen, y lumbre, choque, cataclismo, y llaga, renunciación, aurora, y gloria, fracaso, olvido; mi país es tuyo, mi país es mío, mi país es de todos, mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan, tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal, que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente, como a tu hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer, porque mi país es, simple, pura e infinitamente es, y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.
¿Un láser ultrapotente y un médico? Pues sí. Los láseres también pueden servir para curar. Y no hablo de operarnos los ojos o de quitarnos manchasl. Resulta que podrían jugar un papel fundamental en el tratamiento del cáncer. Y para hablar de todo esto, nos hemos venido al Centro de Láseres Pulsados de Salamanca.