martes, 13 de enero de 2026

Cita CMXV: La desaparición de Agatha Christie. Cuando la reina del misterio se convirtió en su propio enigma y puso en jaque a todo el Reino Unido

En 1926, la entonces joven escritora Agatha Christie desapareció tras una traición amorosa, movilizando a todo un país en una búsqueda que borró los límites entre realidad y ficción. A propósito del medio siglo de su muerte, recordamos la polémica que la persiguió de por vida. 

¿Hasta qué punto un autor puede convertirse en uno de sus personajes? ¿Cuándo los límites entre sus ficciones y la propia vida se hacen tan porosos que se confunden? es un ejemplo de cómo radicalizar esta circunstancia y cuáles son las impensadas consecuencias por ello.

Exactamente un siglo atrás, en 1926, Christie estaba experimentando un año repleto de triunfos y dolor. En cuanto al lado amable, su novela “El asesinato de Roger Ackroyd” fue un absoluto éxito de ventas –los cinco mil ejemplares de su primera edición se agotaron en muy poco tiempo– y maravilló a la crítica por su final novedoso y en extremo sorpresivo. Pero en el frente familiar todo se desmoronaba. Durante la primavera, su amada madre Clara falleció de bronquitis. Agatha quedó destrozada. Para empeorar las cosas, Archie, su marido, que según él mismo “no sabía lidiar con la enfermedad, la muerte y los problemas”, se fue a Londres en lugar de ayudarla a vaciar la casa familiar de Ashfield. Digamos que la empatía no era una de sus virtudes.

Este desolador panorama produjo que Agatha se desbarrancara hacia una depresión profunda. Encerrada en su dormitorio, lloraba todo el tiempo, sufría días enteros de insomnio, sufría amnesias que le impedían hacer su vida cotidiana. Pero pronto llegaría lo peor: Archie regresó para confesarle que la dejaba por otra mujer, Nancy Neele, una simpática secretaria de 25 años.

Volatilizada

La noche del 3 de diciembre de 1926, después de una violenta discusión con Archie (quien esa misma noche, fiel a su estilo, partió para pasar el fin de semana con sus amigos, incluyendo a Nancy), Agatha decidió que era suficiente. Que era hora de que la reina del misterio se transformara en misterio.

Ingresó a la alcoba de su hija de 7 años, Rosalind, quien estaba bien dormida, y la besó. Luego, escribió una carta a su secretaria, empacó una pequeña maleta, tomó su licencia de conducir, una fotografía de su hija, varios miles de dólares, y se subió a su Morris Cowley. Faltaban 15 minutos para las diez de la noche cuando partió.

A la mañana siguiente, la policía de Surrey encontró su auto abandonado en Newlands Corner, parcialmente hundido entre unos arbustos, como si el conductor hubiera perdido el control. Los faros permanecían encendidos. En el asiento trasero encontraron un abrigo de piel y una maleta con ropa. Pero de Agatha Christie, ni rastro.

Comienza la cacería

Muchos años después, Agatha aseguró que no tenía intenciones de que su huida pasara a mayores. Si esto es cierto, se equivocó de cabo a rabo. Fue un escándalo internacional. Apareció en la primera plana de “The New York Times”. Se ofreció una recompensa de cien libras por cualquier información que condujera a su hallazgo. Más de mil policías, cientos de perros rastreadores y 15 mil voluntarios se unieron a la búsqueda. Aviones la rastrearon por toda la zona. En el Consejo de Ministros del Reino se exigieron más esfuerzos para dar con ella.

Por supuesto, que una popular novelista policial se esfume desató el morbo alimentado por sus mismos libros. Hubo quienes especularon con el asesinato y con el suicidio. Se habló de elaborados esquemas criminales. Incluso los detectives de Scotland Yard dragaron un estanque local conocido como Silent Pool buscando su cadáver.

Otros apelaron a métodos menos ortodoxos. Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, ofreció su ayuda para encontrar a Agatha: llevó uno de sus guantes a una clarividente para que realizara una sesión espiritista. Mientras tanto, Archie Christie fue inmediatamente puesto bajo vigilancia. Después de todo, tenía una amante y su esposa había desaparecido misteriosamente. Era el sospechoso perfecto.

Teorías y especulaciones

Durante largos 11 días, el mundo contuvo el aliento, pendiente de nuevas noticias sobre la elusiva escritora. Se hizo esperar. Recién el 14 de diciembre un músico del Swan Hydropathic Hotel en Harrogate, Yorkshire, contactó a la policía e informó que una huésped vivaz y extrovertida, que decía ser sudafricana, se parecía mucho a Agatha. Su nombre registrado: Teresa Neele, de Ciudad del Cabo. Neele. Como la amante de su marido.

La policía acompañó al atribulado Archie hasta Yorkshire. El reencuentro fue confuso. Tomó asiento en una esquina del comedor del hotel y observó a su esposa entrar, sentarse en otra mesa y comenzar a leer un periódico que anunciaba su desaparición en primera plana. Dicen que cuando decidió acercarse, Agatha en un principio no lo reconoció.

Pues bien, la desaparición de Agatha tuvo un final aparentemente feliz. Pero si se escarba un poco, hay muchos aspectos que quedaron en la niebla de lo inexplicable. Christie se negó siempre a hablar del asunto, salvo unas pocas e inocuas líneas de su autobiografía póstuma de 1977 y una entrevista que concedió al “Daily Mail” en 1928, donde confesó intenciones suicidas. Muchos deslizaron que todo había sido un elaborado truco publicitario para vender más libros (si fue así, acertó: las ventas de sus libros se dispararon después del incidente). Sin embargo, los biógrafos coinciden en que Christie valoraba su privacidad sobre todas las cosas, y ese escándalo la persiguió el resto de su vida. Un precio demasiado alto por un poco de promoción gratuita.

En el 2023, “The Times” publicó un descubrimiento que complicaba aún más el embrollo: después de la discusión con su marido, Agatha fue de compras a unos grandes almacenes de lujo en Londres y tomó tranquilamente el té. No es precisamente el comportamiento de alguien en un exasperado estado de fuga.

Como sea, los Christie se divorciaron en 1928. Archie se casó con Nancy Neele. Agatha obtuvo la custodia de Rosalind y se quedó con el apellido Christie, que a esas alturas le pertenecía más a ella que a él. La desaparición cambió el resto de su existencia. Desarrolló lo que Lucy Worsley describe como una “estrategia deliberada de menospreciarse a sí misma y minimizar sus logros”. Más allá de todas las teorías conspirativas, todo indica que Agatha sobrevivió, con toda su imaginación y determinación, a un episodio devastador de enfermedad mental.

Cuando Agatha Christie falleció, el 12 de enero de 1976, hace 50 años, era la escritora más popular del mundo. Publicaba un libro por año y cada uno de ellos fue un ‘best seller’. Sin embargo, ella siempre se refirió a su trabajo con términos despectivos. Describía sus libros como literatura de entretenimiento y nunca se consideró una escritora para tomar en serio. Felizmente, sus lectores siempre pensaron lo contrario.

Fuente: https://elcomercio.pe

Por: José Carlos Yrigoyen

 

MÁS INFORMACIÓN

 

CADENA DE CITAS