La historia oficial presenta la Revolución Cubana como una épica victoria de "David contra Goliat", pero la realidad revela una de las campañas de propaganda más engañosas del siglo XX. Antes de 1959, bajo la corrupta dictadura de Batista, Cuba sufría una grave crisis política, pero no económica. Lejos de ser un páramo, era una de las naciones más prósperas de Hispanoamérica. Fidel Castro no triunfó por su destreza militar, sino mediante brillantes maniobras de relaciones públicas y la desmoralización del ejército batistiano. Al tomar el poder, instauró un régimen totalitario. Eliminó a aliados moderados e instauró tribunales ilegales con fusilamientos. Creó una red de espionaje vecinal y campos de concentración para disidentes y homosexuales. La nacionalización y el dogma marxista destruyeron la producción. Desde entonces, la supervivencia de la isla dependió del parasitismo internacional, sostenida por la Unión Soviética, luego por el turismo segregado y por Venezuela. Hoy, Cuba atraviesa una profunda miseria, apagones masivos y represión extrema frente a protestas. La Revolución nunca liberó a su país; lo que hizo fue secuestrar una república próspera para convertirla en una oscura prisión de asfixia moral y vigilancia perpetua.
Fuente: Academia Play
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