JUAN CARLOS ABRIL
(Los Villares, Jaén, 7 de enero de 1974) es un poeta y crítico literario español. Se doctoró en Literatura Española con una tesis dirigida por Luis García Montero sobre la poesía de José Manuel Caballero Bonald, y ejerce la docencia como catedrático en el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Granada. Ha residido durante varios años en Exeter, al sudoeste de Inglaterra, en la Provenza francesa, en Milán, Roma y en Nicaragua. Ha impartido cursos de escritura creativa, conferencias, seminarios y talleres sobre poesía española e hispanoamericana contemporánea en países como España, Italia, Rumanía, Túnez, Argelia, México, EE. UU., Colombia, Puerto Rico, Honduras, Guatemala, Nicaragua o Ecuador, entre otros, colaborando con los Centros Culturales de España en esos países, y con otras instituciones y universidades. Sus poemas han sido traducidos al italiano, francés, portugués, inglés, griego, rumano, árabe o armenio, entre otros. Desde 2010 codirige junto a Luis García Montero el curso de verano de poesía de la Universidad Internacional de Andalucía, con sede en Baeza. El 20 de junio de 2022 ingresó a la Academia Hondureña de la Lengua como miembro correspondiente por España. Ha publicado crítica literaria y poemas en diversas revistas como Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Signa, Epos, Historia y Política, Rilce, Letras de Deusto, La Estafeta del Viento, Litoral, El Maquinista de la Generación, Analecta Malacitana, RevistAtlántica, Clarín, Campo de Agramante, Estudios Humanísticos. Filología, Lectura y Signo, El Genio Maligno, Periódico de Poesía, Turia, Nayagua, Revista de Literatura, o Castilla. Estudios de Literatura. Dirige Paraíso. Revista de poesía.
DON DE LA INGENUIDAD
Cuando regreses
a la ciudad verás las ilusiones
que madrugan con sus acentos
incapaces de desprenderse
del pasado, que ignoran
lo mismo que nosotros.
Tú ni siquiera sabes por qué vives,
cómo es posible limitar
la realidad de varias formas,
si es tuyo este deseo
en la utopía de los débiles,
rebeldes, nunca hermosos.
No dormirán las culpas hasta tarde
y en su espiral el ruido
con su dragón ajuglarado
bisbiseará un nuevo día:
Horarios imposibles,
beata actividad.
Contra ti mismo cuántas veces;
cuántos modos conoces
de hacerte daño.
Ya no quedan violines
y la melancolía de las fuentes
posee menos memoria
que sentido común.
He de explicarlo casi todo.
El tiempo, como un herpes, su sintaxis
sin posibilidad. Irás
pero no volverás.
Este país tiene la pata herida.
Yo quise destruirme
fregando platos,
dije lo que me apetecía.
En los desfiladeros
de mis eses,
con el afán
de principios de curso
superé mi propia rutina
y eliminé
lo que no soportaban.
Unos dicen que ha muerto,
otros que nunca morirá.
Aún así
te convences con poco.
Colono de una lengua
que hoy sigues recordando,
quiero reírme
de esas largas genealogías
mientras diseño aquí mi casa:
encinas y palmeras,
tamarindos,
palabras con descuento
e insistencia:
es tu virtud.
Y otro episodio
dentro de ese vacío
infantiloide
que debes aceptar
intermitente,
la descripción de un personaje
con flexibilidad: ser puente o río.
Fuente: http://amediavoz.com/abril.htm
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