lunes, 18 de mayo de 2026

Poeta 834: Odas de Alcmán

ALCMÁN

(Sardes, siglo VII a.C.) Poeta griego. Representante de la antigua poesía coral, Alcmán permaneció probablemente toda su vida en Esparta y adoptó el dialecto dórico de la Laconia. Fue maestro de música y danza, y aunque es el primer lírico coral cuya obra ha llegado hasta el presente, todos los testimonios demuestran que su producción se hallaba ya inserta dentro de una tradición muy sólida.

Los antiguos, que lo consideraban uno de los nueve poetas líricos canónicos, conocían cinco libros con sus versos. La producción de Alcmán, estudiada por Aristóteles y los eruditos alejandrinos, incluía himnos, hiporquemas, peanes (cantos guerreros en honor de Apolo) y poemas eróticos, pero sus composiciones más célebres eran los partenios, cantos destinados a ser cantados por coros de vírgenes; constituían una variedad de los prosodios (cantos de las procesiones).

Perdidas las obras de sus predecesores Arión y Taleto, los 117 fragmentos que se conocen de Alcmán son el único y más antiguo testimonio directo de la lírica coral. Poeta de rica fantasía, lleno de gracia y de vigor, en su obra se encuentra por primera vez la división en estrofas, que se convertirá en regla constante de la lírica coral griega; más tarde, Estesícoro dividirá los coros en estrofas, antistrofas y epodos. Todos los elementos del canto coral se encuentran ya en Alcmán: los poetas posteriores adoptarán formas más severas o una estilización más elevada, pero carecerán del encanto y abandono de Alcmán.

 

ODAS

I. A Calíope

Calíope, dulce musa,
de Júpiter nacida.
Principio de las plácidas canciones
que todo el orbe usa:
con un himno sonoro,
en hermosas razones
celebra embebecida
al puro amor y al delicado coro
donde este tierno dios mora y anida.

II. De sí mismo

A mí, el amor süave,
por voluntad de la potente diosa
que en Cipro manda grave,
destilando preciosa
dulcísima ambrosía
me alegra, y regocija el alma mía.

III. A Venus

Murió tu Adón amado,
gran reina de Citera.
En nuestra pena fiera,
¿qué podrá hacer el pecho acongojado?
Llorad, ninfas hermosas:
despedazad las túnicas preciosas.

 

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