La «Marcha de San Ignacio de Loyola» o «Marcha de la Compañía de Jesús» como comunmente se le conoce, es un arreglo musical dirigido por el sacerdote compositor y musicólogo español José María Nemesio S. J. en el año 1914 como forma de celebración del primer centenario del Restablecimiento de la Compañía de Jesús (7 de agosto de 1914).
Fundador sois ignacio y general de la compañia real que jesus con su nombre distinguió la legion del Loyola con fiel corazon Sin temor enarbola la cruz por pendón Lance, lance a la lid fiero luzbel a sus mounstros en tropel Del luzbel las legiones se ven ya marchar y sus negros pendones el sol ha de enlutar Compañia de Jesus corre a la lid, a la lid Del infierno la gente no apague su ardor que ilumina la frente de Ignacio, el valor y a voces escuchance de tropas belicas y lanza sus lábados en la batalla campal fiel presagio, del auro belico y de la paz del auro y de la paz
Con David Gómez Peris | Viajamos hasta Viena, solo con billete de ida.
Una ciudad donde los cafés guardan conversaciones de artistas y la
música parece surgir de cada rincón. A través de la obra de Strauss,
Mozart y Beethoven, nos adentramos en un retrato sonoro donde conviven
el esplendor imperial y la memoria de generaciones enteras.
Desde el Danubio Azul hasta la Oda a la Alegría, descubrimos cómo una ciudad convirtió la música en su forma de vida.
Bienvenidos a Solo Billete de Ida, el programa de Clásica FM para viajar con la música como guía.
Más tarde, cuando la vio consumir el cuadril de la ternera sin violar una sola regla de la mejor urbanidad, comentó seriamente que aquel delicado, fascinante e insaciable proboscidio era en cierto modo la mujer ideal. No estaba equivocado. La fama de quebrantahuesos que precedió a La Elefanta carecía de fundamento. No era trituradora de bueyes, ni mujer barbada en un circo griego, como se decía, sino directora de una academia de canto.
Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
Proboscidio
adj. Zool. Dichodeunmamífero: Quetienetrompaprensilformadaporlasoldaduradelanarizconellabiosuperior, ycincodedosenlasextremidades, terminadocadaunodeellosenunapequeñapezuñayenglobadosenunamasacarnosa; p. ej., elelefante. U. t. c. s. m., en pl. como taxón.
Sé que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que
se produce un hecho no contamos con la penetración psicológica ni la
previsión necesarias para comprender las razones, pero con tiempo y
paciencia saldrán a la luz.
Así ocurrió con Catherine. La conocí en 1980, cuando ella
tenía veintisiete años. Vino a mi consultorio buscando ayuda para su
ansiedad, sus fobias, sus ataques de pánico. Aunque estos síntomas la
acompañaban desde la niñez, en el pasado reciente habían empeorado
mucho. Día a día se encontraba más paralizada emocionalmente, menos
capaz de funcionar. Estaba aterrorizada y, comprensiblemente, deprimida.
En contraste con el caos de su vida en esos momentos, mi
existencia fluía con serenidad. Tenía un matrimonio feliz y estable, dos
hijos pequeños y una carrera floreciente.
Desde el principio mismo, mi vida pareció seguir siempre un
camino recto. Crecí en un hogar con amor. El éxito académico se presentó
con facilidad y, apenas ingresado en la facultad, había tomado ya la
decisión de ser psiquiatra.
Me gradué en la Universidad de Columbia, Nueva York, en
1966, con todos los honores. Proseguí mis estudios en la escuela de
medicina de la Universidad de Yale, donde recibí mi diploma de médico en
1970. Después de un internado en el centro médico de la Universidad de
Nueva York (Bellevue Medical Center), volví a Yale para completar mi
residencia como psiquiatra. Al terminarla, acepté un cargo en la
Universidad de Pittsburgh. Dos años después me incorporé a la
Universidad de Miami, para dirigir el departamento Psicofarmacológico.
Allí logré renombre nacional en los campos de la psiquiatría biológica y
el abuso de drogas. Tras cuatro años fui ascendido al rango de profesor
asociado de psiquiatría y designado jefe de la misma materia en un gran
hospital de Miami, afiliado a la universidad. Por entonces ya había
publicado treinta y siete artículos científicos y estudios de mi
especialidad.
Los años de estudio disciplinado habían adiestrado mi mente
para pensar como médico y científico, moldeándome en los senderos
estrechos del conservadurismo profesional. Desconfiaba de todo aquello
que no se pudiera demostrar según métodos científicos tradicionales.
Tenía noticias de varios estudios de parapsicología que se estaban
realizando en universidades importantes de todo el país, pero no me
llamaban la atención. Todo eso me parecía descabellado en demasía.
Entonces conocí a Catherine. Durante dieciocho meses utilicé
métodos terapéuticos tradicionales para ayudarla a superar sus
síntomas. Como nada parecía causar efecto, intenté la hipnosis. En una
serie de estados de trance, Catherine recuperó recuerdos de «vidas
pasadas» que resultaron ser los factores causantes de sus síntomas.
También actuó como conducto para la información procedente de «entes
espirituales» altamente evolucionados y, a través de ellos, reveló
muchos secretos de la vida y de la muerte. En pocos y breves meses, sus
síntomas desaparecieron y reanudó su vida, más feliz y en paz que nunca.
En mis estudios no había nada que me hubiera preparado para
algo así. Cuando estos hechos sucedieron me sentí absolutamente
asombrado.
No tengo explicaciones científicas de lo que ocurrió. En la
mente humana hay demasiadas cosas que están más allá de nuestra
comprensión. Tal vez Catherine, bajo la hipnosis, pudo centrarse en esa
parte de su mente subconsciente que acumulaba verdaderos recuerdos de
vidas pasadas; tal vez utilizó aquello que el psicoanalista Carl Jung
denominó «inconsciente colectivo»: la fuente de energía que nos rodea y
contiene los recuerdos de toda la raza humana.
Los científicos comienzan a buscar estas respuestas.
Nosotros, como sociedad, podemos beneficiarnos mucho con la
investigación de los misterios que encierran el alma, la mente, la
continuación de la vida después de la muerte y la influencia de nuestras
experiencias en vidas anteriores sobre nuestra conducta actual.
Obviamente, las ramificaciones son ilimitadas, sobre todo en los campos
de la medicina, la psiquiatría, la teología y la filosofía.
Sin embargo, la investigación científicamente rigurosa de
estos temas está todavía en mantillas. Si bien se están dando grandes
pasos para descubrir esta información, el proceso es lento y encuentra
mucha resistencia tanto por parte de los científicos como de los legos.
A lo largo de la historia, la humanidad siempre se ha
resistido al cambio y a la aceptación de ideas nuevas. Los textos
históricos están llenos de ejemplos. Cuando Galileo descubrió las lunas
de Júpiter, los astrónomos de su época se negaron a aceptar su
existencia e incluso a mirar esos satélites, pues estaban en conflicto
con las creencias aceptadas. Así ocurre ahora entre los psiquiatras y
otros terapeutas, que se niegan a examinar y evaluar las considerables
pruebas reunidas acerca de la supervivencia tras la muerte física y
sobre los recuerdos de vidas pasadas. Mantienen los ojos bien cerrados.
Este libro es mi pequeña contribución a la investigación en
el campo de la parapsicología, sobre todo en la rama que se refiere a
nuestras experiencias antes del nacimiento y después de la muerte. Cada
palabra de lo que aquí se va a contar es cierta. No he agregado nada y
sólo he eliminado las partes repetitivas. He alterado ligeramente la
identidad de Catherine para respetar su intimidad.
Me llevó cuatro años decidirme a escribir sobre lo ocurrido,
cuatro años reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar
esta información, nada ortodoxa.
De pronto, una noche, mientras me duchaba, me sentí impelido
a poner esta experiencia por escrito. Tenía la fuerte sensación de que
era el momento correcto, de que no debía retener la información por más
tiempo. Las lecciones que había aprendido estaban destinadas también a
otros; no me habían sido dadas para que las mantuviera en secreto. El
conocimiento había llegado por medio de Catherine, y ahora debía pasar a
través de mí. Comprendí que, de cuantas consecuencias pudiera sufrir,
ninguna sería tan devastadora como no compartir el conocimiento
adquirido sobre la inmortalidad y el verdadero sentido de la vida.
Salí a toda carrera del baño y me senté ante mi escritorio,
con el montón de cintas grabadas durante mis sesiones con Catherine. En
las horas de la madrugada, pensé en mi viejo abuelo húngaro, que había
muerto durante mi adolescencia. Cada vez que yo confesaba tener miedo de
correr un riesgo, él me alentaba amorosamente, repitiendo su expresión
favorita en nuestro idioma: «¿Qué diablos? —decía, con su acento
extranjero—, ¿qué diablos?»
Extracto del Prefacio
El doctor Brian Weiss, jefe de psiquiatría del hospital Mount Sinai de
Miami, relata en éste, si primer libro, una asombrosa experiencia que
cambió por completo su propia vida y su visión de la psicoterapia. Una
de sus pacientes, Catherine, recordó bajo hipnosis varias de sus vidas
pasadas y pudo encontrar en ellas el origen de muchos de los traumas que
sufría. Catherine se curó, pero ocurrió algo todavía más importante:
logró ponerse en contacto con los Maestros, espíritus superiores que
habitan los estados entre dos vidas. Ellos le comunicaron importantes
mensajes de sabiduría y de conocimiento. Este relato, profundamente
conmovedor, punto de encuentro entre ciencia y metafísica, constituyó un
extraordinario best seller y sigue siendo de obligada lectura en un
mundo convulsionado, en especial para los que buscan un sentido
espiritual.
BRIAN WEISS
Graduado con honores en las universidades de Columbia (Nueva York) y Yale, trabajó como profesor en la Universidad de Miami. Fue jefe del área de psiquiatría del Mount Sinai Medical Center (Miami Beach). En 2002 era psiquiatra de la Universidad de Bellevue (Nueva York) y se
desempeñaba como director del departamento de Psiquiatría en el hospital Monte Sinaí.
Durante su práctica psiquiátrica, investigó y elaboró metodologías para trabajar la regresión a vidas pasadas. Ha realizado esta experiencia de regresión en más de cuatro mil pacientes en su consultorio en Miami, Florida. Recordar situaciones traumáticas del pasado ayuda a curar los traumas,
en este sentido esta técnica sería similar al psicoanálisis.
Las existencia de vidas pasadas se puede validar, por los casos que
muestran características como: que las personas hablan lenguas
extranjeras que nunca aprendieron ni escucharon (xenoglosia);
que encontraron en esta vida los hijos que tuvieron en una vida
anterior y esos hijos confirman las experiencias.
Otros casos, comprobables en la práctica, es cuando durante la regresión
mencionan datos específicos o detalles (lugares, fechas, nombres) de
los cuales nada sabían, que luego pueden ser encontrados en realidad.
Es autor de varios trabajos relacionados con el amor y la creencia en la reencarnación, esta última abordada a través de experiencias narradas por sus pacientes en estado de hipnosis psiquiátrica, asistiendo al nacimiento de la terapia regresiva a vidas pasadas. Sus tesis han generado polémica en la comunidad científica.
Sus detractores -principalmente otros doctores como Steven Novella y David Gorski, o escépticos de la categoría de James Randy han criticado sus creencias por alejarse de la academia.
Fuimos cerrando, uno a uno, cuatro bares Montevideo, ya hacía rato, amanecía Vos me augurabas oropeles y ultramares Y al regresar del baño, ¿quién no te creería?
Desorientado y confundiendo vocaciones Yo estaba preso en mi alegría diletante Me fui a Madrid, con mi guitarra y mis canciones Haciendo caso a tu consejo delirante
Y hoy que pasaron veintidós diciembres ya De aquella noche loca que selló mi suerte Esta canción, más vale tarde que jamás La escribo para agradecerte
Y aunque sé bien que con tu empaque de Alatriste Te da pudor la confesión de borrachera Creo que sabes que el regalo que me hiciste Me cambió la vida entera
Te quiero mucho más de lo que te lo cuento Te veo mucho menos de lo que quisiera Y como yo, una jauría de sedientos Que fuiste recogiendo por la carretera
Te debo la Milonga del Moro Judío Y otra turné por el Madrid de los excesos Donde aprendí a domar más de cien desvaríos Y a robar más de mil besos
Tengo el detalle de camuflar tu apellido Y quien lo quiera adivinar que lo adivine Para nombrar a quien estoy agradecido Pongamos que hablo de Martínez
Y aunque sé bien que con tu empaque de Alatriste Te da pudor la confesión de borrachera Creo que sabes que el regalo que me hiciste Me cambió la vida entera
Creo que sabes que el regalo que me hiciste Me cambió la vida entera
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Café peruano libre de deforestación: desafíos y oportunidades en el mercado europeo. Pedro Augusto Flores Tenorio
Desempeño financiero y responsabilidad social empresarial: evidencia de las empresas del mercado bursátil mexicano (2014–2024). Javier Nieves Almanza, Roberto Yoan Castillo Dieguez
Indicadores clave en los rankings universitarios internacionales: algunas consideraciones para la toma de decisiones estratégicas. José Miguel Paolillo Tapia
Análisis de riesgo en microfinanzas usando aprendizaje automático y potencial integración con agentes de inteligencia artificial. Diego Arriola León, Mohsen Ghodrat
La gestión medioambiental en las empresas familiares: evidencia empírica sobre su propensión hacia la sostenibilidad. Ignacio Abardía Tosat, Concepción Garcés-Ayerbe, Pilar Rivera-Torres
Capacidades dinámicas bajo incertidumbre política: Análisis de la aplicación del Enfoque de Planificación de Escenarios de Oxford (OSPA) en el sector minero de una economía emergente. Neil Pyper, William Castillo , Maria Estrella Peinado Bravo, Juan Carlos Ladines
Los costos y beneficios de innovar: evidencia causal de los programas y servicios públicos de innovación en el desempeño de las empresas manufactureras peruanas. Jose Luis Cortez Flores
La Odisea de Nolan ha generado un intenso debate, pero debemos juzgarla por lo que es: una adaptación cinematográfica, no el poema de Homero. Como divulgador, reconozco que la película tiene errores históricos dolorosos, como usar un barco vikingo en pleno Mediterráneo antiguo, ignorar el icónico casco de colmillos de jabalí o alterar la iconografía clásica durante el casting. También omite momentos geniales, como el ingenio de Odiseo ante el cíclope. Sin embargo, la obra brilla en su trasfondo. Nolan captura magistralmente el trauma de la guerra, la culpa del superviviente y el colapso de la Edad del Bronce. El clímax final en Ítaca es pura catarsis, entendiendo a la perfección la restauración del oikos y la sagrada ley de hospitalidad (xenia). En conclusión, aunque resulta imperfecta y está llena de licencias creativas, es una película monumental, visceral y profundamente humana. Una experiencia cinematográfica que merece la pena disfrutar plenamente.
El mito sobre los samuráis contrasta con su realidad histórica. En la segunda conferencia del ciclo Místicos y guerreros de Oriente, el doctor Jonathan López-Vera explora la evolución de los samuráis, desde sus orígenes como clanes guerreros hasta su dominio en Japón entre los siglos XII y XIX y su desaparición como élite social en 1877. La imagen idealizada de los samuráis, que se mantiene en la cultura popular, fue creada por los últimos samuráis para reforzar su prestigio y legitimar sus privilegios.
(Lima, 1924 - id., 1965) Escritor peruano, uno de los miembros
más destacados de la llamada generación del 50. Al igual que otros
autores de su generación (Julio Ramón Ribeyro, Enrique Congrains, Luis Loayza o Carlos Eduardo Zavaleta), se ocupó de las problemáticas del medio urbano y retrató sus personajes y ambientes.
Sus contribuciones más importantes se encuentran en la
poesía y el teatro, pero no hay que olvidar su intensa labor
periodística, en diarios y revistas, sobre temas literarios, culturales,
artísticos y sociales, que lo convirtieron en una de las figuras más
influyentes y populares en su país.
Sus versos, de inspirada ascendencia
neorrealista, proyectan una mirada melancólica y crítica sobre el
entorno urbano. La ciudad constituye el escenario elegido para ofrecer,
casi en paralelo, imágenes de nostalgia familiar y de acerada crítica
social. La contención y la serenidad, pese al profundo desasosiego y al
abatimiento que parecen asfixiar al autor, son dos constantes en su
poesía. Sin llegar nunca a la exaltación, despliega en el escenario
citadino sus amores, sus desdichas y sus desencuentros con la realidad,
apelando a un lenguaje austero pero poderosamente conmovedor, como se
advierte en su poemario Cuaderno de la persona oscura (1946).
Lo mejor de su poesía está en Confidencia en alta voz (1960) y El tacto de la araña (1965). Entre sus otros poemarios se cuentan Voz desde la vigilia (1944), Máscara del que duerme (1949), Tres confesiones (1950), Los ojos del pródigo (1951), Vida de Ximena (1960), Conducta sentimental (1963) y Cuadernillo de Oriente (1963).
Sus mayores éxitos los alcanzó como dramaturgo. Entre sus piezas escénicas hay que destacar Rodil (1951), No hay isla feliz (1954), Flora Tristán (1956), Como vienen, se van (1959) y El fabricante de deudas (1962), publicadas con el resto de su obra teatral en Piezas dramáticas y Comedias y juguetes (1967). Como ensayista se le recuerda por Lima la horrible
(1960), una apasionada crítica de los hábitos y gustos de la capital.
Cultivó también la narrativa; merecen destacarse, entre otros títulos, Náufragos y sobrevivientes (1954) Pobre gente de París (1958) y Dios en el cafetín (1963).
Al margen de los méritos de su obra escrita, hay
que mencionar la importante función de impulsor cultural que el autor
cumplió con un notable espíritu de comprensión humana, generosidad y
sentido del humor. Fue también coautor, con Alejandro Romualdo, de la importante Antología general de la poesía peruana (1957).
TODO ES MI PAÍS
Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce; mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial de razas y mitos que fermentan; mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras, de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas; mi país es un corazón clavado a martillazos, un bosque impenetrable donde la luz se precipita desde las copas de los árboles y las montañas inertes; mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido, un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan; mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil, un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos, un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles, un plato vacío tendido hacia la nada, un parque con niños, con guitarras, con fuegos, un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito, un vado apacible en el cual se celebra la vida; mi país es un sepulcro en medio de la primavera, una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad, un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos, un estrépito que apaga todas las músicas terrenales, un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa. un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva, un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde, un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad; mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines; mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel, la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos, las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria, la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte y de ahí retorna como una resaca sin fin; mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo, el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere; mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde, la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho, y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias, el aire que respiro al salir de mi casa cada día, y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido, el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento, la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones; mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares donde contemplo la marea incansable de mi dicha, el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva y el perro cuya piel es cálida como su amistad; mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed, la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios; mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal; mi país es hacienda, sembrío, cosecha; mi país es escasez, sequía, inundación; mi país es terremoto, lluvia, huracán; mi país es vegetal, mineral, animal; mi país es flexible, rígido, fluido: mi país es líquido, sólido, inestable; mi país es republicano, aristocrático, perpetuo; mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial; mi país es indio, blanco, mestizo: mi país es dorado, opaco, luminoso; mi país es amable, hosco, indiferente; mi país es azúcar, tungsteno, algodón; mi país es plata, nieve, arena; mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco; mi país es torpe y perfecto; mi país es enorme y pequeño; mi país es claro y oscuro; mi país es cierto e ilusorio; mi país es agresivo y pacífico; mi país es campana, mi país es torre, mi país es isla, mi país es arca, mi país es luto, mi país es escándalo, mi país es desesperación, es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen, y lumbre, choque, cataclismo, y llaga, renunciación, aurora, y gloria, fracaso, olvido; mi país es tuyo, mi país es mío, mi país es de todos, mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan, tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal, que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente, como a tu hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer, porque mi país es, simple, pura e infinitamente es, y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.
¿Un láser ultrapotente y un médico? Pues sí. Los láseres también pueden servir para curar. Y no hablo de operarnos los ojos o de quitarnos manchasl. Resulta que podrían jugar un papel fundamental en el tratamiento del cáncer. Y para hablar de todo esto, nos hemos venido al Centro de Láseres Pulsados de Salamanca.
DEVUÉLVEMELA (Bring Her Back – 2025) es una de esas impactantes
películas de terror psicológico que, en cuanto la vimos por primera vez
tuvimos claro que la traeríamos al programa cuando le llegara la hora. Y
esa hora es ya.
Un misterio esconde la madre de acogida de dos hermanastros. Ella se
porta bien con ambos, pero prefiere a la hermana pequeña al más mayor… y
va a empezar a dinamitar la confianza en sí mismo de éste, su cordura,
mientras hace estallar su temperamento contra sí mismo. El objetivo de
esta madre de acogida no está claro, pero parece que tiene que ver con…
la resurrección de su hija muerta.
¿Ritos extraños? Sí. ¿Un anterior chico de acogida con cara de
maníaco infantil y personalidad demencial? Sí. ¿Escenas impactantes? Las
que más. Todo eso y mucho más en el especial de Devuélvemela, una
película que puede no gustar, pero nunca dejar indiferente.
Hoy, junto a Albert Galdor, Jaime Angulo, Lord Pelayo y Antonio
Runa… morderemos cuchillos, mesas de madera y, si nos dejáis, vuestras
orejas mientras nos escucháis.
A
Hollywood le encantan los apocalipsis: el fin del mundo se abalanza
sobre nosotros y nuestro héroe debe evitarlo. Pero el apocalipsis como
destructor de la humanidad, aunque útil como drama para los guionistas,
no es una definición estrictamente exacta.
La palabra deriva de apokalypsis,
un vocablo griego que significa “revelación”, un momento en el que el
telón se corre hacia atrás y vislumbramos la realidad. Las ilusiones se
desvanecen y surge algo oculto. Otra forma de decirlo podría ser esta:
un apocalipsis no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo y el comienzo de algo nuevo.
Algunas de las películas de Christopher Nolan, como Interestelar y Tenet,
encajan en la idea de apocalipsis de Hollywood: la humanidad está al
borde de la destrucción, debido a una plaga o a un misterioso
dispositivo del fin del mundo. Pero la verdadera pasión de Nolan, en
casi todas sus películas, es la concepción más reveladora del
apocalipsis. Es por eso que La odisea fue
una opción tan obvia para que él la adaptara, y por lo que la película
se siente como una obra complementaria a su largometraje anterior, Oppenheimer.
En
ambas películas, las ambiciones de Nolan se extienden mucho más allá de
las historias individuales que cuenta, o incluso de las épocas en las
que se desarrollan. Parece querer que consideremos a la humanidad como
un todo, cómo estamos conectados a través de las eras y las
civilizaciones. En estas dos películas, el apocalipsis en realidad
llega. Sin embargo, los mundos de los personajes siguen girando después
de que ruedan los créditos, y quedan irrevocablemente alterados. Ha
comenzado una nueva era.
El
Odiseo de la película de Nolan es en muchos sentidos un héroe
protomoderno, un hombre complicado pero virtuoso. Vive según la ley de
la hospitalidad de Zeus —aceptar a todos los forasteros, pues podrían
ser dioses— y espera que los demás hagan lo mismo. Mientras que en la
antigüedad a un héroe se le definía por sus hazañas de fuerza más que
por su carácter moral, este Odiseo cree en el honor, hasta el punto de
asegurarse de que el animal que está a punto de cazar tenga una
advertencia justa. Desprecia abiertamente la fijación de sus hombres por
los “presagios y sacrificios” como formas de manipular el mundo; la
deidad a la que adora es Atenea, la diosa de la sabiduría práctica y del
aspecto intelectual del arte de la guerra.
Gran parte de La odisea
involucra el paso del tiempo, una de las fijaciones de Nolan. Todos son
muy conscientes de los muchos años que Odiseo ha estado ausente de
Ítaca, y la necesidad de Odiseo de olvidar su trauma lo lleva a perder
la noción de los años en la isla de la ninfa Calipso. Pero lo que es más
importante, los personajes de La odisea
son conscientes de que viven en una época particular —la Edad del
Bronce— en la que la civilización se sustenta en rituales como honrar a
los muertos y en logros humanos como la alfabetización. Los personajes
se dan cuenta de que su era se está desmoronando.
Esto hace eco de la experiencia de los personajes en Oppenheimer.
Al igual que Odiseo, el físico teórico J. Robert Oppenheimer es uno de
los hombres más inteligentes del planeta, y sabe que las reglas que
guían a su civilización parecen estar a punto de desmoronarse. Las
nuevas tecnologías y descubrimientos están haciendo pensable lo
impensable, y él se ve atrapado en ello, creando la bomba atómica sin
comprender del todo, o tal vez sin ser capaz de aceptar, que no puede
controlar lo que sucederá después.
De
manera similar, el Odiseo de Nolan considera que el momento en el que
el caballo de Troya entró rodando a la ciudad de Troya —lo cual fue su
idea, y llevó al fin del asedio y a la caída de la ciudad— fue, de
manera bastante literal, un momento de apocalipsis que puso fin a una
era. Odiseo le dice a su esposa, Penélope, que sabía exactamente lo que
había hecho con este “regalo” a los troyanos: “La idea de un hombre, el
ardid de un hombre para romper la ley de Zeus para siempre”. En ese
acto, dice, “violamos todo lo que alguna vez fue sagrado entre las
personas y convertimos una pelea en una cacería” que carece del honor en
el que cree. Además, piensa que este acto inspiró a otros a ignorar la
ley de Zeus, una ruptura que conducirá directamente al colapso de la
Edad del Bronce, sumiendo al mundo en la oscuridad.
Al
igual que la bomba atómica, la distorsión de la ley de Zeus por parte
de Odiseo conduce a la muerte masiva. Altera la línea del tiempo,
aplasta la civilización, pone fin a una época. Y para Nolan, esto no es
algo que haya sucedido una sola vez en la historia.
Sus películas están llenas de exploraciones en las que el tiempo se repite, se pliega, se desliza y se invierte. En La odisea,
los personajes citan repetidamente líneas que aparecerán más tarde en
la Biblia: la ley de Zeus resuena en Hebreos 13:2: “No os olvidéis de la
hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron
ángeles”. Al hacerlo, Nolan nos recuerda —al público contemporáneo— que
las reglas que siguen estos personajes no solo fueron inventadas por
ellos; son recurrentes en toda la civilización.
En la película, Odiseo y Penélope hablan del futuro, de cómo se contarán
sus historias y de lo que la humanidad perderá y recuperará. En otras
palabras, para Nolan, estos personajes saben que forman parte de una
larga cadena de civilizaciones en la que muchos de sus propios patrones
se repetirán, tal vez, por ejemplo, en la creación de una bomba atómica
que podría tanto poner fin a una guerra como aniquilar a la humanidad.
Nunca más volverían los humanos a vivir en un mundo sin esa posibilidad.
Las otras películas de Nolan también exploran una especie de contrato social cósmico. En El caballero de la noche,
el Guasón obliga a los pasajeros de un barco a decidir si preservan su
ética y mueren, o si renuncian a su moral para salvar su propio pellejo,
una versión de dos acertijos filosóficos, el problema del tranvía y el
dilema del prisionero. En Tenet, Nolan
considera lo que le debemos al futuro al contar una historia sobre
personas que intentan revertir un apocalipsis que aún no ha sucedido. En
Interestelar, utiliza el concepto de
tiempo en bucle para imaginar la conexión de un padre y una hija a
través de las dimensiones que podría salvar a la humanidad de una plaga
devastadora.
Esta
es otra forma de decirlo: Nolan hace películas apocalípticas en las que
la revelación es que todos los humanos estamos conectados. Estamos
vinculados entre nosotros en lo que nos debemos mutuamente, esos lazos
sagrados que, una vez rotos, son difíciles de reparar. Y también estamos
vinculados a aquellos en el pasado y en el futuro: lo que hacemos ahora
es un eco de nuestros antepasados y tiene consecuencias para nuestros
descendientes.
En estas aspiraciones, La odisea tal vez sea la película más grandiosa de Nolan. Al igual que Oppenheimer,
cuenta la historia del hombre más inteligente de la tierra, el cual se
da cuenta de que ha ganado su batalla pero ha perdido la guerra, y que
ha cambiado de forma inalterable el curso de la humanidad: una carga
monumental casi demasiado grande para soportarla. Pero cuanto más
majestuosas y épicas se vuelven las películas de Nolan, más humanista
parece ser él también.
Odiseo
y Penélope discuten sobre el fin de su mundo. Pero el sol, deciden,
volverá a salir. Tal vez cada nueva era nos dé la oportunidad de
intentarlo de nuevo y salvarnos.