El
Zarco, obra cumbre del Padre de la literatura mexicana y héroe patrio
Ignacio Manuel Altamirano. Narra la historia de Manuela, quien se fuga
con el cabecilla de los bandidos "Los Plateados", conocido como "El
Zarco". En esta obra, Altamirano rompe con la
idealización del "bandido romántico" para mostrar su cara más cruda. Al
mismo tiempo, rinde homenaje a un nuevo tipo de héroe: indios y mestizos
trabajadores que representan el verdadero futuro de la nación. Presentado en una impecable edición y el estudio crítico del especialista Antonio Sánchez Jiménez.
IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO
(Ignacio Manuel Altamirano Basilio; Tixtla, Guerreros, 1834 - San Remo,
Italia, 1893) Escritor mexicano al que se considera padre de la
literatura nacional y maestro de la segunda generación romántica.
Nacido en el seno de una familia indígena, Ignacio
Manuel Altamirano cumplió sus catorce años sin hablar todavía
castellano, lengua de la cultura oficial, y por lo tanto, sin saber leer
ni escribir; inició precisamente por aquel entonces un proceso de
alfabetización que sorprende por su rapidez y consiguió, en 1849, una
beca para estudiar en el Instituto Literario de Toluca, donde impartía
sus enseñanzas Ignacio Ramírez el Nigromante, un intelectual mulato y librepensador (futuro ministro con Porfirio Díaz) cuyo interés por la juventud indígena lo convirtió en mentor y amigo de Altamirano.
La influencia de su maestro prendió rápidamente
en el joven, que pronto iba a dar pruebas del doble amor (por sus raíces
indígenas y por una cultura que bebe en las ardientes fuentes del
romanticismo europeo) que había de dirigir y determinar las opciones más
relevantes de su vida.
Estudiante de derecho en el Colegio de San Juan de
Letrán, Altamirano se lanzó a la palestra política: se alineó con los
revolucionarios de Ayutla, combatió a los conservadores en la guerra de
Reforma (1858-1860), y más tarde, tras ponerse decididamente al lado de
los seguidores de Benito Juárez,
fue elegido en 1861 diputado al Congreso de la Unión, donde exigió que
se castigase al enemigo; enarboló el estandarte de la patria libre y, en
1863, luchó contra el imperio de Maximiliano
y la invasión francesa, alcanzando, en 1865, el grado de coronel por su
participación en las batallas de Tierra Blanca, Cuernavaca y Querétaro.
En 1867, restablecida ya la República, consagró
por fin su vida a la enseñanza, la literatura y el servicio público, en
el que desempeñó muy distintas funciones como magistrado, presidente de
la Suprema Corte de Justicia, oficial mayor en el Ministerio de Fomento y
cónsul en Barcelona (1889) y París (1890).
Altamirano fundó, junto a su maestro Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, El Correo de México,
publicación que le sirvió para exponer y defender su ideario romántico y
liberal; dos años más tarde, en 1869, apareció gracias a sus desvelos
la revista El Renacimiento, que se convirtió en el núcleo que
agrupaba y articulaba los más destacados literatos e intelectuales de la
época con el común objetivo de renovar las letras nacionales.
Ese deseo de renacimiento literario y el encendido
nacionalismo, que tan bien se adaptaba a sus ardores románticos,
desembocarían en la publicación de sus Rimas (1871), en cuyas
páginas las descripciones del paisaje patrio le sirven de instrumento en
su búsqueda de una lírica genuinamente mexicana. Antes, en 1868, había
publicado Clemencia, considerada por los estudiosos como la
primera novela mexicana moderna, teniendo una destacada intervención en
las Veladas Literarias que tanta importancia tuvieron en la historia de
la literatura mexicana.
En la última fase de su vida inició una serie de
viajes que le llevaron a ocupar los consulados mexicanos de las ciudades
europeas de Barcelona y París y a realizar un postrer periplo por
Italia, país del que no regresaría nunca: falleció el 13 de febrero de
1893 en San Remo. Atendiendo a su voluntad, y tras ser incinerados, sus
restos fueron trasladados a México y depositados en la Rotonda de los
Hombres Ilustres.
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