En la segunda década del siglo actual y en una deliciosa mañana del mes de junio, un espacioso coche familiar que, tirado por un tronco de gordos caballos enjaezados con arneses bruñidos y resplandecientes, avanzaba a una velocidad de cuatro millas por hora, se detuvo junto a la verja de hierro del colegio de señoritas situado en la alameda Chiswick y dirigido por la señorita Pinkerton. Guiaba el carruaje un cochero obeso, de aspecto imponente, ataviado con peluca y sombrero de tres picos. Un lacayo negro que junto al cochero ocupaba un asiento en el pescante, desrizó sus combadas piernas no bien hizo alto el carruaje frente a la dorada plancha de bronce donde campeaba el nombre de la señorita Pinkerton, descendió e hizo sonar la campana. Más de una veintena de encantadoras cabecitas hicieron su aparición en las diferentes ventanas del severo inmueble de ladrillo, más de una veintena de cabecitas curiosas, entre las cuales un observador perspicaz habría podido reconocer la naricita colorada de la bonachona Lucy Pinkerton en persona, que asomaba entre las macetas de geranios que adornaban las ventanas de su cuarto.
Primer párrafo de La feria de las vanidades
La feria de las vanidades (1848), de William M. Thackeray, es una sátira de la sociedad británica del siglo XIX. La obra narra las vidas paralelas de dos amigas muy distintas: Becky Sharp, h y Amelia Sedley. El contraste entre ambas refleja la hipocresía, el materialismo y las tensiones sociales de la época, en el contexto de las guerras napoleónicas. Ideal para quienes aman las novelas clásicas con protagonistas valientes y sensibles. Este primer volumen consta de XXXIV capítulos.
WILLIAM M. THACKERAY
(Calcuta, India, 1811 - Londres, 1863) Escritor británico. Nacido en el seno de una familia de funcionarios angloindios, a los dieciséis años se trasladó al Reino Unido para estudiar derecho en Cambridge.
Viajó al continente como corresponsal de varios periódicos, y residió a partir de 1834 en París, donde contrajo matrimonio con Isabelle Shawe. Allí se aficionó también al dibujo y a la pintura y dilapidó su fortuna, por lo que se vio obligado a ganarse la vida como caricaturista y periodista a su regreso a Londres.
En su primera novela, Barry Lyndon (1844), de influencia dickensiana, recrea paródicamente alguna de las características de la existencia romántica. Tras colaborar en diversas revistas, apareció El libro de los esnobs (1846-1847), integrado por una serie de ensayos en los que caricaturiza, tanto en los textos como en las ilustraciones, la hipocresía de la sociedad británica.
En 1848 publicó la novela sin héroe La feria de las vanidades, en la cual abandona la atmósfera de Charles Dickens para adoptar un patrón de corte más realista. En esta misma línea escribió La historia de Pendennis (1848-1850) y Memorias de Enrique Edmond (1852), obra en la que presenta un análisis irónico de la realidad de la pequeña nobleza. En Los newcomes (1853-1855) y Los virginianos (1857-1859) extiende a la época victoriana el género picaresco.
Sus últimas obras literarias, El viudo Lovel (1860) y Las aventuras de Philip
(1861-1862), confirman esta aguda visión de la realidad capaz de
descubrir toda su ironía y comicidad. La vanidad e hipocresía de la era victoriana son el objeto de la sátira constante de Thackeray, lo que le convirtió en un escritor polémico en su tiempo.
MÁS INFORMACIÓN
- Libro: Lejos del mundanal ruido. Thomas Hardy. Novelas eternas
- Libro: Agnes Grey. Anne Brontë. Novelas eternas
- Libro: Mansfield Park. Jane Austen. Novelas eternas

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